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Agencia UNO

Seis historias de viajes largos, agresiones y falta de tiempo: cómo ser convencional cambió mi vida

Sábado 21 agosto de 2021 | 05:30
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Los primeros dos meses de funcionamiento de la Convención Constitucional hicieron a las y los convencionales enfrentar desafíos nuevos: estar a cientos de kilómetros de su hogar, la explosiva atención de los medios, la presión de las redes sociales e incluso lidiar con agresiones verbales en las cercanías del exCongreso. Todos comentan que su rutina ha sufrido varios cambios: han tenido que aprender a lidiar con la presión de las jornadas de sesiones hasta más de las 22:00 horas, con horarios irregulares que dificultan ordenar sus pausas para almorzar, e incluso, para estudiar.

¿Cuánto puede cambiar una vida en menos de dos meses? Luego de la instalación de la Convención, y al conversar con cualquiera de estos seis constituyentes, la respuesta sería: mucho. La lejanía, los horarios cambiantes y la presión de cada jornada entre comisiones, subcomisiones, votaciones, indicaciones, entrevistas y audiencias han llevado a varios y varias convencionales a un ritmo frenético.

Cuenta Yarela Gómez, constituyente electa por el distrito 27, que su familia fue de las primeras que llegaron a colonizar el lugar que hoy es Coyhaique. Acaba de salir junto a sus compañeros de la sesión final de la subcomisión de Reglamento de Vínculo con Otras Comisiones. Hubo risas, aplausos y una selfie: fue una jornada de amplios acuerdos en el Palacio Pereira, en el centro de la capital.

Pero todo esto sucede a 1.600 kilómetros al norte de Coyhaique, ciudad en la que Yarela nació, estudió toda su enseñanza básica y media y tuvo sus inicios en la política. Creció junto a su familia en una población que colindaba con los cerros aledaños a la localidad aysenina.

“Para poder vivir bien, con relativa dignidad, tenías que construir comunidad. Yo crecí en un sentido comunitario muy amplio. Si te sobraba comida, tú vas y se la pasabas al vecino. Si tenías qué almorzar el fin de semana, tenías que llenar la casa de niños y niñas de por ahí. Lo mismo con los paseos de fin de año: había que hacer bingos, rifas. Pelear para que pavimentaran, para que una calle llegara a ese lugar”, recuerda.

Migró a estudiar a Valdivia y se tituló de profesora de Lenguaje y Comunicación en la Universidad Austral. En medio se convirtió en madre. Y al poco tiempo comenzó a trabajar como profesora.

Cuando el año 2018 se fundó Convergencia Social tras la fusión de cuatro partidos políticos, Gómez pasó a ser militante de la agrupación. Dos años después, la misma agrupación la respaldó para ser candidata a convencional constituyente por su distrito natal.

La noche de los resultados, rememora que estaba en la casa de su madre, que es dirigente social, y llegó la prensa a comunicarle que había ganado, pero ella no lo creía: “Y me dicen, ‘vas a ganar, porque no tiene vuelta. Te vinimos a entrevistar’. Y ahí ya dije bueno, a asumir. Después salen los vecinos de la población a saludar, a aplaudir, y dije ‘ya, esto va en serio’”.

El pasado jueves 12 de agosto el pleno de la Convención Constitucional aprobó una redistribución de las asignaciones para cada uno de sus miembros, las cuales serán de un piso de 77 UTM, con 5 adicionales para los representantes de escaños reservados para los pueblos indígenas. Otra jornada polémica para el nuevo órgano del Estado.

“Lo que subió de tope son las asignaciones, no la dieta”, explica con énfasis Gómez. “Y esas asignaciones son para que le puedas pagar a tu equipo y estar en tu territorio trabajando”.

Además, destaca la necesidad que existe de tener mayores recursos para casos como el de ella: “Por ejemplo, yo quiero ir ahora a fin de mes a Aysén. El pasaje me cuesta 300 mil pesos, y el monto anterior eran 500 mil pesos para el despliegue de una semana en tu territorio. Yo sé que es difícil de entender en términos generales, porque así son otros montos los que se manejan”.

Y remarca: “Son 300 mil pesos solo la ida, y llegas solo a Coyhaique. No alcanzas a llegar a ninguna de las 10 comunas, entendiendo que el territorio de Aysén equivale a las tres primeras regiones en extensión. Que para llegar a Melinka tengo que viajar 27 horas en una barcaza, o para ir al otro extremo tengo que ir 12 horas en un bus en un camino de tierra”.

En Palena, comuna situada al sur de la región de los Ríos, a más de 1.300 kilómetros al sur de Santiago, el convencional que representa al distrito 26, Gaspar Domínguez, responde al teléfono. Debido a los tiempos que le toma cada traslado desde la austral localidad, donde vive desde el año 2015 luego de egresar de Medicina en la Universidad de Chile, está sesionando de forma alternada: una semana telemática, la otra presencial.

“Yo soy médico general de zona. Vine a trabajar a las zonas más aisladas de la región de Los Lagos, en Chaitén y después en Palena. Y aquí empecé a sentir o entender que la salud de las personas no depende solamente de tener buenos hospitales o doctores, sino que depende de las condiciones de vida de las personas que nacen, crecen y se desarrollan”, constata.

Domínguez está seguro de que, si bien no es el convencional que está más lejos en distancia, con toda seguridad ostenta el récord del viaje más largo desde su ciudad de residencia hasta la Convención.

“Desde Palena a Santiago la gente se desplaza así: hay que ir en micro o en auto tres horas hasta Chaitén. Luego, tomar una avioneta o un barco. Lo más rápido es la avioneta, que llega hasta Puerto Montt. Una vez ahí, el viaje es más o menos una hora más hasta el aeropuerto. Y ahí recién tomó el avión a Santiago. A veces esto no está coordinado, por lo que los viajes duran de uno a dos días”, grafica.

En suma, Domínguez desglosa el viaje que hace cualquier habitante de Palena que quiera viajar a Santiago, en un mínimo de $67.000 si se usa un barco que demora ocho horas. O directamente usar una avioneta, con lo cual cada ida asciende a casi $120.000.

Redes sociales y prensa

Cuenta Guillermo Namor, vallenarino, egresado de derecho de 24 años, que uno de los casos que más lo marcó cuando participó en la Defensoría Jurídica de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile durante la revuelta social de 2019 fue tomarle el relato a un muchacho que llegó al Hospital de Maipú con 14 perdigones en la espalda.

“Empecé a ayudar en la atención a víctimas de represión. Estuve tres, cuatro semanas yendo a hospitales, haciendo turnos después de mi otro trabajo, registrando a gente que venía con heridas, lesiones, remitiendo los antecedentes para presentar denuncias y querellas”, asegura.

Otro de los testimonios que evoca Namor, hoy convencional constituyente electo por Independientes No Neutrales en el distrito 4, es el de dos jóvenes que aseguraban que durante el toque de queda fueron golpeados por militares: “Les rompieron los celulares, los arrodillaron, les tiraron gas pimienta en los ojos, les pegaron unos palos en la espalda y los pusieron a correr. Llegaron ahí con su mamá. Decían que ellos venían de vuelta y que de repente los agarraron y les pegaron. Deben haber tenido 24 o 25 años”.

Y añade: “En otros casos yo vi perdigones en el cuerpo. Les sacábamos fotos para tener registro y remitirlos a la Defensoría Jurídica”.

Namor, que es comisionista en Reglamento, se hizo un espacio entre sesiones en Pereira para la entrevista. Se define políticamente como un “independiente-independiente”: su campaña costó $2.500.000. “Una parte la puso mi tía, otra mi mamá y yo puse quinientas lucas que tenía ahorradas. Y pudo haber sido menos plata”, confirma.

Y repara que han sido semanas de adaptación, sobre todo a la repercusión que tienen los dichos de cada uno y una de los 155 en el exterior: “La primera vez que le tomé el peso a esto fue cuando caché que un Twitter me lo publicaron en un medio digital de gran alcance. Y dije, ‘guau, ahora tengo que tener ojo con lo que publico’”.

En esa línea, Yarela Gómez confirma que tuvo esa misma reflexión: “A nosotros también nos pasó. Nos hackearon un cabildo y subimos un tuit diciendo lo que pasó. A los cinco minutos nos estaban llamando, ‘oye, que pasó?’. Ahí yo dije ‘qué loco”. Inmediatez, algo que no ocurre directamente en Aysén. El ritmo es distinto. Eso me sorprendió igual. El ritmo de la prensa dependiendo del contexto”.

La misma convencional, luego de que estimó que una nota en un medio cambió el sentido de lo que quiso decir en una entrevista, comenzó a distinguir a quién le respondía: “Desde ahí que tomé como decisión que los medios nacionales fuesen la última prioridad. Porque yo le hablo a Aysén. Mi contexto es hablar y priorizar por tiempos y sanidad mental esa prensa y esa gente”.

El cariño y el odio

“Soy fácil de identificar porque he estado más a la vista: he grabado columnas por 10 años, con redes sociales muy potentes. Por eso, no por el color de pelo (ríe). Por la exposición”, dice Teresa Marinovic, convencional electa en el distrito 10. Está sentada en una banca en el exCongreso Nacional, dotada de un teléfono en una mano y un cigarro electrónico en la otra.

“Yo dije que no hasta el último minuto a ser constituyente. Tengo un Whatsapp de diciembre donde le digo a Rodrigo Álvarez (convencional UDI por el distrito 28), que por ningún motivo…”

En eso, Marinovic es interrumpida por un transeúnte que pasa por la calle Catedral, quien le pide con gestos que ella se acerque a la reja que delimita las dependencias del edificio histórico.

— “¡No puedo, estoy en una entrevista!”, grita la convencional.

— “Que Dios la respalde”, responde el peatón, y hace un gesto positivo antes de seguir su camino.

Así, la cercana al partido Republicano continúa: “Por el Whatsapp le dije a Álvarez que no iba a ser candidata. Se lo dije de una forma muy radical, no me acuerdo cómo. Le dije, no sé, “por ningún motivo”. O: “Ni muerta”. O: “Sobre mi cadáver”. Y esto fue no sé si en enero o diciembre. Porque yo sentía que en el fondo esto era un proceso que iba a terminar mal”.

Finalmente, la licenciada en Filosofía de la Universidad de los Andes se decidió. Postuló y fue electa con 39.700 votos, superando —e incluso, doblando— en votación a otros convencionales que fueron electos en el mismo territorio, como Jorge Baradit (PS-ind), Christian Monckeberg (RN) y Manuel Woldarsky (LDP).

“Postulé porque en el fondo podía hacer esto, porque no dependo económicamente de la actividad política, ni tampoco quiero hacer carrera política. Por eso tengo mucha libertad. Si te cae mal lo que yo digo, no me importa. No estoy esperando que me dís tu voto para la próxima. Eso es muy importante tenerlo en política. Esa libertad”, asevera.

En esas redes sociales “muy potentes” que esgrime Marinovic, ella ha mostrado capturas de pantalla de los mensajes de odio que llegan a su celular, con insultos y amenazas. Asume que la exposición que ha tenido en la Convención ha traído efectos “positivos y negativos”.

La comunicadora asegura que en la calle recibe “mucho más apoyo que críticas”: “Me dicen ‘bien Tere’, ‘gracias Tere’, ‘te valoramos Tere, ¡sigue nomás!, dale!’. Ese tipo de cosas”.

No obstante, también lista algunas agresiones verbales cuando ha salido de las dependencias de la Convención: “De repente en la calle me gritan groserías. Si te atacan, es a groserías o con amenaza de funa. Se te acerca con el teléfono en gesto de que te está grabando, de que va a subir esta escena a redes sociales. Pero generalmente no las suben. Fundamentalmente me ha pasado cuando he salido, y solo dos veces así. Porque también hay gente que te grita una pesadez, pero sigue y ya. Pero funa, así con el teléfono encima, han habido dos”.

Es hora de almuerzo en la convención, y Carolina Videla, constituyente ariqueña del distrito 1, militante comunista hace 23 años, degusta un sándwich con un café sentada en una de las recientemente instaladas mesas entre las columnas que dan al patio del exCongreso.

Comparte que nació “por accidente” en Santiago, pero que gran parte de su historia ha transcurrido “en las calles de Arica” por ligazón familiar: sus abuelos son vecinos históricos de aquel puerto.

Empero, su historia con Arica se interrumpió por un largo tiempo. Videla estuvo privada de libertad durante un año y medio en la ex cárcel de esa ciudad luego de ser acusada en enero de 1989, en las postrimerías de la dictadura militar, por porte ilegal de armas y asociación ilícita. Todo esto, explica, se enmarca en el contexto del asesinato del brigadista Salvador Cautivo Ahumada. Al salir en libertad, se fue a Buenos Aires, donde formó familia.

Su nombre figura como víctima número 26.308 en la nómina del informe Valech sobre prisión política y tortura.

Después de separarse del padre de sus hijos, volvió a Arica. Estudió trabajo social en la Universidad Santo Tomás, misma institución en la que actualmente es docente en esa carrera. Afirma que le dieron permiso de un año, “sin goce de sueldo. Me dijeron que me daban permiso pero tenía que volver (ríe). No se había dado nunca eso en la universidad. Es histórico, la universidad está contenta”.

Videla también sufrió una situación tensa en los alrededores de la Convención. Fue insultada por una manifestante que apoyaba a los presos políticos mientras la constituyente hacía un live de Instagram. “Me insultó con garabatos muy fuertes. ‘Comunista con…’, ‘Vendida’, porque decía que no he hecho nada por los presos políticos”. Y que además la manifestante gritaba su nombre, tratándola de ladrona.

Lo anterior no quita que Videla extienda: “No le tengo miedo a las funas”. Y añade que “son una opción cuando efectivamente no hay injusticia, pero ha tenido como una mutación durante todo este tiempo. Hay cosas que comparto y otras que no”.

Consecuencias físicas

Asimismo, la trabajadora social ratifica que sus tiempos se han reducido, razón por la cual ha dejado muchas cosas de lado. Se levanta a las 6:30 de la mañana. En el hotel se toma un tiempo eligiendo ropa, “por un tema personal. Entonces me levanto temprano para alcanzar a dejarme tranquila antes de salir”.

Toma desayuno en la habitación antes de subir al bus. Volverá mínimo a las 9 de la noche, quizás 10: “Trato de llegar al hotel antes para conectarme o a un conversatorio, o a reuniones. Es decir, termino acá en la Convención para seguir en el hotel. Dar entrevistas también. Y estudiar, ¡si en algún rato uno tiene que leer documentos!”.

Alfredo Moreno, constituyente por el distrito 17, responde por videollamada esta entrevista. Es conocido popularmente como “el convencional del sombrero de huaso”. Y él mismo hace alusión a eso. Declara que pasa mucho tiempo en el mundo rural y haciendo labores agrícolas. Por esto, y como una forma de rescatar y expresar tradiciones de ese mundo, y para representar a su territorio, Río Claro y Molina, se presentó en varias instancias del órgano constituyente así: con sombrero y poncho.

“Lo hago con mucho orgullo, tanto como lo he hecho en muchos otros lugares. Hice toda la campaña así, con lo cual de repente te decían ‘Oye, pero cuando vayai a la ciudad cámbiate de ropa, porque no sé, poh’. Y yo decía: ‘Si es lo que de verdad siento y lo hago todos los días así, ¿por qué voy a cambiar para serlo?. Y con justa razón, también cuando vino la instalación, tal cual la gente de los pueblos originarios vino con su atuendo correspondiente, yo tenía que ser fiel a lo que represento y me presenté vestido así”, asevera Moreno, que se considera un “ajeno a la política, ya que no he tenido relación previa con ella”.

Moreno declara que no ha podido organizar bien su tiempo. No ha podido ir a su territorio tanto como quisiera, y al tema agrícola solo le está dedicando los fines de semana: “Estamos dedicados al proceso constituyente. Paso a dejar a los niños al colegio temprano, que están acá, y me voy a la Convención y estoy todo el día allá”. No obstante, celebró el trabajo dedicado al espacio: “Es un año y hay que ponerle todo el empeño posible”.

¿Existen otras consecuencias físicas o en la salud de los constituyentes? Teresa Marinovic confidencia: “Yo engordé tres kilos, por el desorden. Cuando uno está más desordenado y está menos en la casa, come cualquier cosa y a cualquier hora, en general engorda. No es porque uno haya comido más”.

Y sobre la declaración de la presidenta de la Convención, Elisa Loncón, en la cual aseguró que constituyentes “han bajado de peso” ya que no se aseguraron “condiciones mínimas de funcionamiento”, Marinovic arguye: “Me parece que ese tipo de declaraciones son patéticas. ¿De dónde nace ese comentario? Nace de una persona que probablemente ha encontrado en el victimismo un espacio donde a partir del cual acceder a cuotas de poder. Yo creo que eso es lo que tiende a pasar”.

Por su lado, Gómez añade que le preocupa la alimentación que está llevando: “Sí, como pésimo. Esa situación me preocupa, porque cuerpo sano, mente sana y viceversa. Es una situación que antes no estaba, y que hoy tengo que poner atención a eso. Poder alimentarse en las horas”.

A esto, suma que las largas jornadas con la mascarilla puesta y sumado a un estricto protocolo que no permite comer ni beber dentro de las instalaciones de la Convención, terminan siendo agotadores: “Te duele la cabeza. Es un tema súper agobiante, porque estamos muchísimas horas con la mascarilla. No puedes tomar agua, entonces estás deshidratado de manera constante, con dolor de cabeza persistente. Y tampoco te puedes alimentar. Tampoco tienes los tiempos establecidos para poder hacerlo”.

Domínguez, en tanto, respalda que existe un desorden en ese aspecto: “No he comido ensalada, por ejemplo. Y en mi casa yo como ensalada todos los días. En mi casa voy al taller de deportes que pone la municipalidad, un gimnasio. Voy tres veces a la semana. En Santiago estoy encerrado en el hotel, comiendo pan todo el día, sin comer ensalada y sin hacer deporte. Yo en lo particular no he bajado de peso”.

Al respecto, la coyhaiquina sugiere: “Eso es algo que tenemos que resolver como Convención, por los espacios de autocuidado y del cuidado general de las y los trabajadores por la dignidad”.

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