Fotografía: Edición: Jaime Silva (BBCL)

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  • Más de 49 mil menores de edad han sido condenados por delitos de variada índole en los últimos cinco años. Los casos van desde robos hasta violación y homicidios.

    La información -obtenida por la Unidad de Investigación de BioBioChile vía Transparencia- son parte de la Ley de Responsabilidad Penal Adolescente (LRPA).

    Legalmente, la normativa responsabiliza a los jóvenes de entre 14 y 18 años, pero en la práctica, también hay niños de 12 y 13 acusados de robo, tráfico de droga o posesión y tenencia de armas, entre otros.

    La iniciativa se creó para reinsertar y evitar penas privativas de libertad a menores, pero existe una falencia importante: carece de un sistema de protección integral de la infancia, según expertos en la materia.

    De robos a tráfico

    El delito más común según las cifras del Poder Judicial son los robos: con violencia, de vehículos, de bienes nacionales, en lugares habitados… En total, en los últimos cinco años, acumulan 20.979.

    La siguiente fechoría más cometida por los menores es el hurto, que suma 7.333. El tercer lugar son las lesiones (1.904), algunas graves, gravísimas, y otras menores

    Más atrás está el tráfico de drogas, los homicidios y las violaciones a menores y mayores de 14 años (ver gráfico). Los homicidios que terminaron en condena congregan 752 en total. Sus clasificaciones son así: homicidio simple, homicidio calificado, robo con homicidio, homicidio en riña o pelea.

    En estos ocho delitos, el que menor causas tiene son las violaciones (no incluye abuso sexual), pero sigue siendo un número elevado dentro de la infinita lista de infracciones entregada por el Poder Judicial. Algunas de esas parecen sacadas de películas: parricidios, infanticidios, abuso sexual calificado con introducción de objeto, sabotaje informático, secuestro. Por mencionar sólo algunas.

    La campana de Gauss

    Según estas mismas cifras del Poder Judicial, en los últimos cinco años -hasta marzo de 2021- la cima de los delitos fue cometido por los adolescentes de 16 y 17 años. Sumadas ambas edades acumulan 32.172 menores sancionados. Lo mismo pasa con los números que se manejan en la Defensoría Penal Juvenil, donde en diez años, ingresaron 272.918 causas en ese rango etario.

    En simple, el 75% de los delitos son cometidos por jóvenes de 16 y 17 años. Esto se debe a un fenómeno particular denominado la campana de Gauss. A más temprana edad, comienza un grupo pequeño a delinquir: el 10% de infracciones está concentrado en los 12 años. Luego aumenta levemente para los quinceañeros, quienes suman el 25%.

    El Jefe del Departamento de Estudios de la Defensoría Nacional, Pablo Aranda, analiza los datos con BioBioChile.

    —A medida que se va aumentando la edad, llegas a la cúspide. Desde los 16 y 25 años. Después vuelve a bajar de manera de natural. Así como inicia solo, baja solo.

    Los números lo confirman. Los condenados de 18 años descienden a 4.345. En otros términos, representan un 8,74%. (Ver gráfico)

    Formalizados por edades

    Los problemas del sistema

    Existe una diferencia entre las penas máximas que pueden recibir bajo la LRPA. En el rango de 14-15 años, el castigo más alto son cinco años en régimen cerrado. Cuando ya sobrepasan los 16 años, podrían aspirar a 10.

    —A lo mejor, tú piensas que tres años no son tanto —expone Aranda— hablamos de un chico de 14 años que estará preso hasta los 17. Pero en esos tres años, te desarrollaste, se formó tu personalidad, te pegaste el estirón y hasta te salió bigote estando privado de libertad.

    Por lo mismo, dejarlos “preso” es siempre el último recurso. Se parte de la base que ya vienen con una infancia dañada y que seguirán destruyendo si el sistema no les ayuda. Para la Defensoría, es perjudicial dejarlos encerrados porque en lugar de rehabilitarlos terminan en algo peor.

    —Se produce el efecto de estigmatización y de criminalización, donde los Centros (de Internación Provisoria) o las cárceles, son como las escuelas del delito.

    Pablo Aranda explica que su labor es que inmerecidamente queden en regímenes cerrados, pero a veces, cuando el delito es grave, es bien poco lo que se puede hacer.

    —Si un reincidente comete varios hurtos y el día de mañana comete un robo con intimidación o un homicidio, ese joven quedará privado de libertad. La ley no los deja a salvo por ser menor de edad. En Chile, no pasa que un adolescente comete 25 robos con intimidación, pero sí pasa que cometen pequeños delitos muchas veces.

    Todavía hay esperanzas

    Si bien no existe una regla única para establecer por qué un menor de edad está vulnerando las leyes, lo cierto es que hay patrones en común: desescolarización, ausencia familiar, influencia de pares, consumo de drogas, manejo de armas. No es la totalidad de los casos, pero sí la mayoría. Niños y niñas con una infancia destruida.

    De acuerdo a cifras entregadas a este medio por la Defensoría Penal Juvenil, el grueso de los delitos son cometidos por hombres, pero un 17,8%, es decir, 58.554, son niñas que también vulneraron el sistema en los últimos 10 años.

    Tras una investigación de esa entidad, se concluyó que la criminalidad femenina adolescente está estrechamente relacionada con desventajas sociales y económicas. La situación se acrecienta cuando han sido sometidas a una crianza ausente, negativa o sufrieron abuso y abandono.

    La realidad para los hombres no está alejada. Los bajos niveles de educación, el entorno rodeado de droga, son las consecuencias de una vulneración y desprotección a la infancia. La mayor parte del tiempo, las respuestas penales no se ajustan a las realidades de género ni a cada experiencia de vida. Desde la Defensoría detallan:

    —Hay familias que están metidos en el tema criminal. El papá delinquiendo y la mamá traficando. Esos son los chicos de peor pronóstico.

    El siguiente gráfico explica el total de los condenados desde el 2016 a la fecha.

    Condenados por año

    La capital del delito

    La región Metropolitana es donde más se concentra el porcentaje de delincuencia juvenil, con un 39,8% de los casos. Le sigue el Bío Bío (10,3%) y el podio lo completa Valparaíso, con un 9,9%.

    Esta última región, junto a Coquimbo (4,8%), son las que han aumentado con el paso de los años. Por el contrario, Magallanes (0,8%) es la que muestra menos delincuencia en menores de edad.

    Según el informe del Ministerio de Desarrollo Social de 2019, el perfil de hogares en situación de pobreza justamente se acumula con mayor fuerza en la Metropolitana, con un 24.7%. La que menor tiene, coincidentemente, es Magallanes, con un 1%. El segundo lugar es la región del Bío Bío, que suma un 14% de hogares vulnerables.

    Las conclusiones de la UNICEF explican que hay ciertos factores que se presentan con mayor frecuencia en la delincuencia juvenil: la pobreza, desigualdad de género, migración, normas patriarcales. Eso, unido a que los sistemas de protección son débiles, al igual que las estructuras legales, son el resultado de la desprotección de niños, niñas y adolescentes de la violencia.

    El sistema penal adolescente tiene una escasa aplicación de salidas alternativas. Según lo establecido por el derecho internacional, se debería tener una alta diversificación, pero sólo se llega a un promedio de 30,8% entre 2008 y 2018. Contrastando, el sistema de adultos tiene más variedad.

    Si bien el porcentaje de menores de edad que comete delitos es alto, el 66,4% registra una sola causa. Dos tercios de los imputados, podrían minimizar su contacto con el sistema penal.

    A principios de este 2021 se aprobó un nuevo proyecto de ley que se venía tramitando desde 2017. La legislación busca crear el Servicio Nacional de Reinserción Social Juvenil. Uno de sus pilares es generar programas para mejorar la conducta delictiva y la integración social de los jóvenes.

    Por ahora, está estancado en el tercer trámite constitucional.

    Pese a reiterados requerimientos, desde la Defensoría de la Niñez no estuvieron disponibles para este reportaje.

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