Fotografía: Fotografía: Jaime Silva (BBCL)

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  • Por un mejicanismo de las autoridades de la época, el megaproyecto terminó bautizado como el "pinche" muelle. El Estado desembolsó casi 7 mil millones de pesos, pero la obra -ahora demolida parcialmente- amenaza un humedal y sólo trajo problemas a la comunidad. "Pagaron por construirlo y por hacerlo tira", se quejan hoy los vecinos. Pese a varios informes técnicos en contra, autoridades políticas insistieron hasta concretar la construcción de este nuevo elefante blanco. El caso terminó en una auditoría ministerial, un sumario y una denuncia ante el Ministerio Público de la que poco y nada se sabe. La historia la revela en exclusiva la Unidad de Reportajes de BioBioChile.

    “¡Por fin está (listo) el pinche muelle!”. Así anunciaba con bombos y platillos el entonces intendente de O’Higgins, Pablo Silva, la apertura de una mega obra en la Caleta Bucalemu, comuna de Paredones. En su alocución a los medios locales, la autoridad regional -designada bajo el segundo mandato de Michelle Bachelet- aseguraba que la nueva construcción mejoraría drásticamente la vida de los pescadores y atraería turistas a la pequeña localidad.

    Pero nada de eso pasó.

    En lugar de ello, la edificación embancó la playa y cortó la conexión con un humedal hoy en riesgo de secarse. Tampoco fomentó el turismo. Y peor aún, en las últimas semanas, dos pescadores han sufrido accidentes y sus botes, ahora dañados por el sedimento, deben ser remolcados de manera particular, fuera de una playa que no hace más que crecer.

    El caso -según explican desde la Dirección de Obras Portuarias, a cargo del proyecto- terminó en tres investigaciones: una auditoría ministerial, un sumario y una denuncia ante el Ministerio Público.

    “Toda la gente tiene una concepción del muelle como un fracaso. No funcionó para lo que fue construido”, se lamentan los vecinos que vieron cómo se lapidaron 7 mil millones de pesos, monto que podría seguir aumentando.

    “Los profesionales somos nosotros”

    En buenas cuentas, la multimillonaria iniciativa -a cargo de la Dirección de Obras Portuarias (DOP), perteneciente al Ministerio de Obras Públicas (MOP)- contemplaba una “explanada de operación” para los pescadores. Contaba con una grúa y un muelle, además de un rompeolas que protegería a los botes frente a eventos meteorológicos adversos.

    Para ello, se abrió una primera licitación, convocada el 30 de diciembre de 2015, en la que participaron cuatro empresas, resultando ganadora la Constructora Gonzalo Orellana Limitada.

    Al principio, una de las condiciones para comenzar esta obra era que no podía superar los 5 mil millones y debía ser ejecutada en un plazo de 5 meses, pero la entrega se atrasó más de un año y aumentó un 32.86% su monto. Es decir, se pagó un total de poco más de $6.642 millones.

    Según cuenta el alcalde de Paredones, Sammy Ormazábal, el Ministerio de Obras Públicas contrató a través de la Dirección de Obras Portuarias un estudio de ingeniería para construir este rompe olas.

    Cuando estuvo terminado el diseño, dos años después aproximadamente, los ingenieros de la DOP se lo expusieron a la comunidad: pescadores, buzos y lugareños. Estos últimos le plantearon que así como estaba definido el diseño no iba a resultar y justamente advirtieron que se iba a producir un embancamiento, es decir, aumentaría el nivel de la arena, desplazando las aguas mar adentro.

    —Señores, los ingenieros somos nosotros, nosotros estudiamos para esto—dice el jefe comunal que le respondieron los profesionales de la DOP ante las inquietudes.

    Con ello, se dio el vamos y se inició la megaobra.

    De mano en mano

    Tal como fue advertido por los lugareños, a los cinco meses comenzaron los problemas: se tuvo que cambiar las coordenadas del enrocado por petición de los pescadores y debieron contratar obras extras. En efecto, en su fase de construcción modificaron un giro en el eje del molo principal, es decir, el muro contra las defensas del agua, y se acortó la longitud de ambos molos que conforman la estructura. En otras palabras, el proyecto se debió ir modificando mientras era construido.

    Los cambios, aunque importantes, no fueron suficientes y las autoridades debieron llamar a una nueva licitación, esta vez, para remover la arena que se acumuló producto de los errores de cálculos. El sedimento impedía a los botes avanzar o derechamente los dañaba.

    La Empresa Raymar, se hizo cargo por casi $472 millones de evacuar la arena.

    Según explica a BioBioChile el ingeniero civil Rigoberto Guajardo, quien realizó una investigación en la zona junto a la Universidad Católica de Valparaíso, el problema real es que se construyó en la desembocadura de un estuario y cada cierto tiempo la laguna se llena de agua y todo el sedimento que tiene llega al mar, entonces se produce el proceso llamado embancamiento, donde se llena de arena. El profesional explica:

    —Hicieron el trabajo de sacar la arena con máquinas gigantes, la tomaban y la dejaban 300 metros hacia el norte, y en la noche llegaba el mar y la dejaba ahí mismo.

    Una vez más, los trabajos volvieron a ser insuficientes. Se contrató una tercera empresa, la constructora Tecno Terra. ¿El propósito? Demoler por $157 millones el molo norte. Fueron 120 metros de largo nunca utilizados los que se desarmaron y las casi dos toneladas de piedras se enterraron -temporalmente según la DOP- bajo las dunas que adornan el sector, a unos metros del mar.

    —Nosotros como Municipio se lo hicimos ver en reiteradas ocasiones a diferentes autoridades para exponer nuestra preocupación, porque esto no estaba generando ningún beneficio para los pescadores, sin embargo, la DOP ha hecho oídos sordos— se queja el alcalde.

    La DOP dice que las piedras se enterraron bajo las dunas con la autorización del jefe comunal.

    El fracaso

    Si bien la idea del muelle era para que sirviera de abrigo a los pescadores, la construcción de este generó una disminución de la energía del oleaje, y todo el material que transporta la corriente, se termina depositando justo detrás del muelle.

    Todo ello, ha provocado un ensanchamiento de la playa y la línea de costa empezó a crecer más de 12 mil metros cuadrados por año. Lo que antes era agua, hoy es arena. Hasta el término del 2020 había 50 mil metros cuadrados nuevos de playa.

    —Toda la gente tiene una concepción del muelle como un fracaso. No funcionó para lo que fue construido— expresa Guajardo, el ingeniero civil.

    Dentro de la licitación del Ministerio de Obras Públicas, el objetivo de esta infraestructura era mejorar las condiciones de operaciones para los pescadores, pero con cada cimiento levantado, la situación empeoró.

    —El embanque siguió igual y fue una pérdida de dinero enorme. A todas luces uno se daba cuenta que no iba a funcionar—remarca el alcalde Ormazábal. —Durante todo un año estuvieron sacando arena con camiones que fue todo un desastre y obviamente no dio resultados—.

    Instagram | Salvemos Bucalemu

    Desde 2018 la Municipalidad de Paredones ha enviado diferentes oficios informando la gravedad de la situación, incluso directamente al Presidente. Por escrito han notificado el riesgo que sufren los pescadores para realizar su trabajo producto de este embancamiento, pero no han obtenido ninguna respuesta, aseguran.

    Insistencia política

    Curiosamente, los primeros estudios realizados por la Dirección de Obras Portuarias (DOP) concluyeron que la construcción de un muelle en la región de O’Higgins no era viable desde un punto de vista económico social, pero también porque las características de la costa eran muy abiertas y podría provocar embancamientos.

    El Ministerio de Desarrollo Social objetó el proyecto porque resultaría una inversión e infraestructura demasiado grande, por lo que desistió avanzar a la etapa de diseño.

    No obstante, tras una larga insistencia -desde el 2006- del senador Juan Pablo Letelier, la Ley de Presupuestos de 2012 finalmente otorgó una glosa especial para la etapa de diseño del Muelle Bucalemu, años previos rechazada.

    Según explica Letelier a BioBioChile, pedir un muelle no es un problema, por lo que le atribuye la responsabilidad a la DOP.

    —Lo que yo he pedido es que asuman la responsabilidad, con los sumarios respectivos, de quienes hicieron mal el trabajo. Quiénes se equivocaron tendrán que definirlo los técnicos.

    En esa línea, sostiene que el drama es que la DOP decidió hacer la ingeniería en casa, con sus propios ingenieros.

    —Yo no sé quién los protege tanto que hacen mal el trabajo (…) Es indignante, un proyecto caro que no funcionó.

    En una mesa ambiental de diciembre 2020, el director de la DOP, Christian Wunderlich, declaró lo contrario.

    —Todos los informes que se hicieron previos a este Gobierno decían que no había que construir un molo, y la decisión fue política, entonces no nos carguen a nosotros la culpa.

    Humedal en peligro

    Otra consecuencia que trajo la construcción del muelle fue la imposibilidad de conectar de forma natural la desembocadura con el mar. Esto provocó que, hasta términos de 2020, el agua del humedal no tuviera una sola gota de mar.

    El geógrafo Diego Santibáñez, quien forma parte de una comitiva que investiga los efectos en el humedal, explica que la progradación exponencial de la superficie de la playa, provocada por el muelle, interrumpió la conexión entre las aguas salinas y dulces.

    Esto mismo ha generado una contaminación en sus aguas por el exceso de nutrientes que provoca: aguas verdes, muerte de diferentes especies, mal olor en la zona y sequedad.

    De acuerdo al Sistema de Evaluación Ambiental (SEA) este gran proyecto no ha presentado ni Estudio ni Declaración de Impacto Ambiental. Según declaró la DOP a través de un oficio, nunca fue informada de problemas de contaminación producto de las obras. “El proyecto (…) no interviene en la dinámica de la laguna dentro del humedal”, versa el escrito.

    “Pagaron por hacerlo tira”

    Alejandro Guerrero es presidente de uno de los tres sindicatos de pescadores en Bucalemu. Apunta que, al cerrar un paso natural, cada día hay que meterse más adentro para salir a pescar, lo que pone en riesgo sus vidas.

    A la fecha se han registrado dos volcamientos de botes, afortunadamente no hubo fallecidos, pero el pescador señala:

    —Los botes están quedando varados a medio mar a 200 o 300 metros de donde salían antes. Nosotros no podemos entrar porque hay embancamiento y nos va a reventar la ola.

    Si bien han tenido reuniones con autoridades, Guerrero dice que la respuesta que les dan es que la plata estaba y había que gastarla.

    Además de ensanchar la playa, el embancamiento provoca que todo lo que trae la corriente (incluidas piedras) destruye los motores por debajo de los botes. Un desgaste a una fuente laboral por el que nadie responde.

    —Ellos tienen la teoría, pero nosotros tenemos la práctica, y no le hacen caso a nadie. Pagaron por construirlo y por hacerlo tira—se queja el pescador.

    Las “posibles” soluciones

    Consultado por este medio, la Dirección de Obras Portuarias prefirió no ahondar en la problemática, al existir tres procesos investigativos vigentes: una auditoría ministerial, un sumario administrativo a cargo de la Fiscalía del MOP y una denuncia ante el Ministerio Público. Requeridos por este último punto no se entregaron mayores detalles.

    Lo que sí confirmaron es que la solución definitiva se dividirá en tres pasos: la primera fue la demolición del contramolo, ya efectuada. Lo que viene ahora es alargar el molo norte en 40 metros hasta alcanzar los 290 metros de longitud. Esta licitación fue adjudicada nuevamente a la empresa Gonzalo Orellana, quienes en los próximos días iniciarán los trabajos.

    Por último, el tercer paso es la construcción de un molo secundario que tendrá un largo de 127 metros y permitiría un área protegida, disminuyendo la agitación. También considera un paso estrecho de 50 metros de ancho que servirá de entrada al mar, pero toda su implementación dependerá del comportamiento del sistema en las etapas anteriores.

    La segunda y tercera etapa -apuntan en la DOP- se realizarán en conjunto con los sindicatos de pescadores, por lo que ya programaron una reunión con ellos.

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