Fotografía: Cedida a RBB

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  • Por primera vez en 30 años habla el andinista que descubrió un cuerpo en medio de la nieve y el hielo en el cerro El Plomo, comuna de Lo Barnechea. Creyó que era un aficionado que la montaña lo atrapó, sin embargo, su hallazgo que ocurrió en 1990 era el hilo que el Ejército de Chile buscaba desde hacía una década: se trataba de uno de los cuatro ocupantes de un helicóptero que se estrelló en la montaña pero del que hasta ese momento no se tenía pista alguna. Con la información la institución castrense intentó llegar al fuselaje, pero solamente se quedó en el intento, el helicóptero ya estaba en medio de un bloque de hielo lo que hacía que su extracción sea imposible. La historia vuelve a la palestra cuatro décadas después luego que el cambio climático, en gran medida, soltara de los hielos “eternos” el fuselaje de la aeronave y con ello al resto de la tripulación. En enero del 2021 un piloto privado, ayudado por el brillo del sol en la ladera, observó los restos lo que activó nuevamente una incursión por aire y tierra logrando extraer a dos de los tres ocupantes que faltaban. La historia de cómo el destacado montañista nacional Rodrigo Mujica encontró en 1990 al cabo segundo del Ejército, Ramón Sepúlveda, la cuenta la Unidad de Investigación de Radio Bío Bío.

    Cuando el jueves 26 de noviembre de 1981 un helicóptero SA 315 “Lama” del Ejército de Chile despegó con rumbo las cercanías del cerro El Plomo, en la región Metropolitana, nadie imaginó que se trataría de la última expedición de cuatro funcionarios de la institución.

    La tripulación, compuesta por el teniente Ricardo Viscaya, piloto; el subteniente Ricardo Reyes, copiloto; el cabo segundo Ramón Sepúlveda, mecánico tripulante; y Mario Benavides, topógrafo del Instituto Geográfico Militar (IGM), tenía como misión ese día realizar un vuelo de reconocimiento geodésico en el sector (perfil del terreno).

    Volaron hasta el “guardián del valle”, como fue bautizado por los Incas el cerro El Plomo, y la montaña los atrapó. El vehículo aéreo se accidentó y los cuerpos de Viscaya, Reyes, Sepúlveda y Benavides se entregaron al hielo blanco, que los retuvo durante años. A uno menos que a los otros.

    El pasado 13 de marzo, el Ejército comunicó que, tras cuatro décadas, fueron rescatados los restos humanos. Se trató del topógrafo del IGM Mario Benavidez y el subteniente Ricardo Reyes, todo esto a la espera del informe de autopsia del Servicio Médico Legal. Solo resta el teniente Ricardo Viscaya. Por tal razón la operación se extenderá hasta este miércoles 17 de marzo.

    Pero, uno de los cuatro ocupantes del desgraciado vuelo ya está en el cementerio. El mismo comunicado de la institución castrense señaló: “Una década más tarde, un andinista entrega información sobre el avistamiento de un cuerpo, se trataba de los restos mortales del Cabo Segundo Ramón Sepúlveda. La Escuela de Montaña del Ejército efectúa una misión al lugar logrado evacuar el cuerpo y divisa el helicóptero siniestrado”. Ese andinista es Rodrigo Mujica.

    Alejado de la montaña, hoy Mujica (57) vive en el sector de Ritoque, en la comuna de Quintero, V Región. Está casado con una traumatóloga y tiene dos hijas. A través de la plataforma Zoom, Rodrigo accedió a conversar con la Unidad de Investigación de Radio Bío Bío para recordar este hito, hasta ahora desconocido.

    Está en una sala de su hogar en la que en el fondo destacan una serie de cuadros con sus principales reconocimientos. “Tengo un gran orgullo ahí, que la gente de montaña conoce y respeta mucho, que es la certificación UIAGM, que es como el doctorado de los guías de alta montaña”, dice. El acrónimo se refiere a la Unión Internacional de Asociaciones de Guías de Montaña.

    Rodrigo Mujica

    “Tengo el orgullo de ser el primer chileno que lo recibió, el primer latinoamericano, y el octavo americano, en Estado Unidos”, destaca.

    Rodrigo Mujica estudió en el colegio Saint George’s, en la comuna de Vitacura. A los 14 años, según recuerda, comienza su amor por la montaña. Lo hace junto a un compañero de curso, el joven Iván Domeyko, tataranieto de Ignacio Domeyko, célebre naturalista polaco-chileno.

    “Los dos partimos a los 14 años a tomar un curso a la Federación de Andinismo en micro a Plaza Italia, ahí en Almirante Simpson, y alucinamos”, recuerda. A esto se suma la película The Mountain, de Robert Wagner con Spencer Tracy, la cual vio un año antes, a los 13, y que lo dejó “bien prendido”. El film está basado en un accidente aéreo ocurrido en los Alpes franceses.

    Y se hizo adicto a la montaña. Rodrigo recuerda que uno de sus profesores en esa época en la federación fue Claudio Lucero, uno de los montañistas más importantes de nuestro país. “Él nos enseñó las primeras técnicas”, dice. A los 17 años, Mujica ya formaba parte de la Selección Nacional de Andinismo.

    “Era realmente fanático”, enfatiza.

    A los 18, y gracias a la beca especial de deportista, Rodrigo estudió un corto tiempo en la Pontificia Universidad Católica de Chile. En 1982, es decir un año después del accidente aéreo del Plomo, Mujica viaja junto a Gino Casassa y Francisco Medina a la Escuela Nacional de Esquí y Alpinismo, ENSA en su sigla en francés, en Chamonix-Mont Blanc. Se le abrió el mundo. Fue ahí cuando pensó: “Uno puede vivir de la montaña y ser guía de alta montaña”.

    Rodrigo Mujica | Cedida a BBCL

    Tras un breve retorno al país, en 1983 regresa Francia por segunda vez becado en la ENSA y Rodrigo Mujica comenzó a codearse con los mejores exponentes del montañismo a nivel mundial. Y su vida dio un giro en 180 grados y ya en ese momento subir el cerro el Plomo a 5 mil metros de altura era algo cotidiano. Más aún tras su paso por tierras galas se radicó por 20 años en Alaska donde aprende a escalar en hielo, el mismo que en ese momento atrapaba al helicóptero del Ejército por la ladera del glaciar Iver del cerro El Plomo.

    Justo cuando se cumplían 9 años desde que las familias de los cuatro ocupantes lloraban la ausencia, y a semanas del traspaso de mando de Augusto Pinochet a Patricio Aylwin, Rodrigo Mujica visitó Chile. Para no perder el ritmo, y apelando al poco tiempo de la visita, subió el cerro El Plomo. Invitó a Mauricio Purto, otro destacado montañista y amigo.

    Mujica y Purto luego de recorrer un trecho importante entre los hielos del glaciar deciden separarse. Purto se acordó de un compromiso por lo que regresó. Lo que ocurre desde ese minuto en adelante solo quedó registrado en los ojos de Mujica.

    ¿En qué momento divisa al cabo segundo Ramón Sepúlveda?

    – Seguí por el hielo, en la parte más difícil bien al principio, la más parada. Después me crucé a la derecha, salí del hielo y pasé a la nieve o nieve dura, semi hielo en el glaciar Iver del Plomo. Ahí, cuando voy escalando, no me acuerdo la altura exacta, miro al lado derecho y me encuentro con un cuerpo, lejos, a unos 50 metros sería, y tomo una foto. Tenía una Olympus XA, que era la típica cámara que tenían los escaladores.

    Foto tomada ese día por Rodrigo Mujica ese verano de 1990. Se ve su pie y el glaciar Iver.

    ¿Qué recuerda de ese momento?

    – Me llamó mucho la atención. Andaba como con un traje, no era verde, desteñido, pantalones y chaqueta y unos zapatos. Los zapatos me llamaron la atención porque era un bototo de militar, negro, que no sabía que era de milico en la época, porque no era un bototo de montaña, no era un zapato técnico.

    ¿Cómo estaba?

    – Yo estaba en una ruta técnica con dos piolet y miro a la derecha, había una sobresalida de roca, y en la roca estaba sentado perfecto, tranquilo, sentado. (…) Era lejos como para ver bien la cara y cosas así. Era un cadáver, obviamente, y me llamó mucho la atención el equipo, sin arnés, sentado… no encajaba en el lugar. Era como que te pusieran, no sé, en la cumbre del Everest a alguien en traje de baño, no encajaba la vestimenta.

    ¿Vio el helicóptero?

    – Seguí escalando y cuando voy en la parte final la “guata”, todavía bastante parado, me encuentro con un helicóptero, con unos fierros. Primero con unos fierros. No entendía nada, y ahí veo y reconozco que era un Lama (…) y dije: ‘Chuta, aquí está el misterio, pero igual cómo llegó ahí esta persona caminando sin crampones’. Y seguí escalando.

    Finalmente, Rodrijo Mujica alcanzó la cumbre del cerro El Plomo, la cual asciende a 5.424 metros sobre el nivel del mar. Bajó, y ya en tierra, detalla, fue a la casa de su amigo Mauricio Purto para contarle lo sucedido.

    ¿Sabías del accidente?

    – No tenía idea.

    Destino

    En esos tiempos, la vida de Rodrigo Mujica era intensa. Terminada la salida al cerro El Plomo, su mente se trasladó a su próximo destino: La Reserva Nacional Río de Los Cipreses, en la región de O’Higgins. El tiempo apremiaba y aún le faltaba visitar a sus padres. Tomó un bus Varmontt hacia el sur con destino a Calafquén.

    Ya en el sur, y con las fotos reveladas, fue en un almuerzo familiar, un par de días después de su escalada, donde compartió los registros. “Las empecé a mostrar y mi papá estaba almorzando con un amigo de él, que era un militar, un amigo de él que lo había invitado”, recuerda.

    ¿Cómo reaccionaron?

    – Estoy mostrando las fotos y este gallo se queda perplejo, (…) y empieza a llamar por teléfono a Santiago, que se les había perdido un helicóptero Lama a ellos en el año 81, (…) y empieza el gallo preocupadísimo y me piden por favor que vuelva a Santiago, (…) que me quieren llevar al Plomo en helicóptero para que vaya a reconocer, (…) que están extremadamente interesados porque ellos tienen un Lama que se les perdió.

    ¿Cómo se hizo el reconocimiento del lugar?

    – Me llevan, creo que en un Hughes 500, con un copiloto (…). Yo les muestro dónde está el cuerpo, reconozco la costilla donde está Sepúlveda, el glaciar, todo. Se los muestro perfecto, lo ven y empiezan a sobrevolar.

    Luego de unas maniobras frustradas de aterrizaje, finalmente descendió en el Refugio Agostini.

    – Yo tuve que cruzar en diagonal e ir a buscar este cuerpo de nuevo y ahí le tomé más fotos (…) y lo vi de más cerca. Seguí subiendo al helicóptero y ahí ellos me habían pedido que les trajera algo del Lama, alguna placa, y había una plaquita, una plaquita de la inscripción y esa la corté con el piolet, y me acuerdo que esa fue fácil cortarla, era como lata, era bien blandito. (…) La saqué, la rajé con el piolet, de eso me acuerdo, y me la puse en el bolsillo, y ahí estaba la aeroespacial, el número de la placa, estaba todo.

    ¿Qué pasó después del reconocimiento?

    – Ellos me ofrecieron llevarme en avión a Rancagua y ahí había un Lama esperándonos para llevarme con Francisco Arias a la base de Cipreses y fue espectacular. El mismo día que estuve en el Plomo cortando la plaquita del Lama, estuve en el campo base de Cipreses. Estuvimos cinco días escalando con Francisco Arias. Ese mismo día que bajamos, me duché en su casa en Rancagua y partí en un avión a Alaska.

    Una vida movida

    – Así era mi vida de movida. Y a Alaska debo haber llegado y al día siguiente debo haber estado escalando en hielo con clientes por placer.

    ¿Has pensado en escribir un libro?

    – Sí. Me piden todos. Me piden los gringos y me piden acá. Si alguien lo quiere escribir, encantado.

    ¿Cree que el calentamiento global ayudó a que se recuperaran los cuerpos?

    – Si miras los gráficos de meteorología, específicos de esos años, vas a ver que había una acumulación que no la tenemos hoy en día.

    ¿Y cómo ha visto, personalmente, este fenómeno climático?

    En mi vida, en mis 40 años de montañista activo, el calentamiento global lo he percibido 100%. Hay rutas que yo escalé en los Alpes en el año 1982 que ahora no existen. Hay glaciares que han desaparecido de mis tiempos de montañista. Es clarísimo… O sea, se nota en todas las cordilleras del planeta, desde Alaska, Groenlandia, a los Himalayas, la Patagonia, en el lugar donde he estado se nota en algún momento el calentamiento global, es muy obvio. Y en los Alpes es brutal, es donde más lo he notado.

    La Unidad de Investigación de Radio Bío Bío conversó con el andinista Mauricio Purto quien recordó el momento cuando Rodrigo le contó lo vivido en el frío del cerro El Plomo: “Llegó Rodrigo súper alterado y me dijo: Purtito no sabes lo que encontré en el glaciar, arriba, en el glaciar Iver. No te puedo creer, ¿qué encontraste?, encontré un cuerpo muerto y encontré un helicóptero, me dice. Y yo le digo, pero cómo, qué onda más increíble. Sacaste fotos y la cuestión, y me dijo mira… porque ahí empezamos a conversar de quién informaba. Entonces, me dijo, no, yo informo, porque él fue el testigo ocular, entonces Rodrigo informó”, recuerda 30 años después el también reconocido montañista chileno.

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