Fotografía: Agencia UNO | Edición Constanza Escobar (BBCL)

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  • La capital, junto a otras cuatro regiones, lucha por no sufrir una segunda ola tan devastadora como la vivida en el invierno. En las otras 11, la pandemia avanza con un oscuro pronóstico, varias de ellas con peores resultados que a mediados de 2020. “La región Metropolitana está en una situación de mucha fragilidad”, advierten expertos.

    “Afortunadamente, a nivel nacional y a nivel de la región Metropolitana, las cifras son bastante alentadoras”, dijo este lunes el ministro de Salud, Enrique Paris, ante la expectación por eventuales nuevas restricciones en la capital.

    Y aunque más tarde explicó en el matinal de TVN que sus declaraciones apuntaban a una disminución de los casos diarios (“menos de 4 mil”), lo cierto es que el avance de la pandemia en la RM dista mucho de lo que ocurre en otras zonas del país.

    Precisamente, la capital -junto a Arica y Parinacota, Atacama, Coquimbo y O’Higgins- son las únicas regiones del país en que la segunda ola no ha sido peor que la primera.

    En las otras 11, el repunte de los casos ha sido igual o incluso más devastador que lo ocurrido durante el invierno pasado, a mediados de 2020.

    El descontrol en Magallanes

    La región de Magallanes se convirtió prácticamente en un símbolo del descontrol sanitario.

    Sin considerar a la Antártica, donde el brote entre funcionarios del Ejército en una zona prácticamente despoblada elevó las tasas de incidencia a niveles impensables, hay otras comunas como Cabo de Hornos, Natales y Punta Arenas, en donde el avance de la pandemia ya dejó a más del 10% de su población contagiada.

    “Vimos que las medidas fueron muy hechas para ciudades y vimos que afecta mucho a comunas alejadas, esto nos dio mucha incertidumbre”, reflexiona hoy Patricio Fernández, el alcalde de Cabo de Hornos.

    Los números de la localidad de la región de Magallanes hablan por sí solos: el 14,32% de su población se ha infectado con el virus desde el inicio de la pandemia, algo que atribuye al centralismo con el que actúa el Gobierno.

    “Sentimos que pudimos haber manejado la situación de otra manera a nivel comunal”, dice. “No tan estructurada como se plantea a nivel nacional”.

    “Las realidades regionales son todas diferentes, queríamos un poco avanzar a tomar medidas como lo hace por ejemplo Isla de Pascua”, se lamenta.

    Según cuenta, después del primer confinamiento “tuvimos muchos meses, hasta octubre, sin cuarentenas ni pasos, es como que siempre estuvimos en paso 3 todos esos meses”.

    Eso -añade- hasta el segundo rebrote, “que alteró la armonía de la comunidad, donde en un abrir y cerrar de ojos tuvimos hasta 100 contagios en una semana“.

    A nivel regional, el peor momento lo alcanzaron el 30 de septiembre. Esa jornada, la tasa de contagios fue de 122,8 por cada 100 mil habitantes.

    En un ejercicio simple, si llevamos esa misma cifra pero comparada con la región Metropolitana, estaríamos hablando de 9.977 personas contagiadas en un solo día.

    Antofagasta, Valparaíso y Aysén

    La situación en Antofagasta, Valparaíso y Aysén preocupa. En todas ellas, la segunda ola ha alcanzado los mismos niveles que la primera, lo que ha colapsado sus servicios sanitarios en al menos dos de ellas.

    El Hospital Carlos Van Buren de Valparaíso, por ejemplo, llegó este miércoles a la ocupación total de sus camas críticas covid-19, situación que no se reportaba precisamente desde la primera ola del virus.

    Un hecho similar se informó en Antofagasta, donde personal del Hospital Militar debió ir en apoyo del Hospital Regional de esa ciudad.

    Aysén, en tanto, se mantuvo por meses como una zona ejemplar en el control de la pandemia, tendencia que se rompió en septiembre de 2020 y que terminó por anotar su primer peak de contagios por cada 100 mil habitantes el 5 de octubre (31,4).

    Actualmente vuelve a atravesar una compleja situación. El 15 de este mes reportó 31,6 casos por cada 100 mil habitantes (ver gráfico siguiente).

    Según apunta el vicepresidente nacional del Colegio Médico, Patricio Meza, el escenario actual de la pandemia es mucho peor a la vivido el invierno recién pasado.

    ¿Las razones? Tres. En primer lugar, Meza explica que durante la primera ola no se experimentó un aumento de casos homogéneo en todo el país, como sí ocurre ahora. El fenómeno -explica- mantiene a Chile en una situación de “poca holgura” en cuanto a la capacidad de camas críticas, algo que también fue alertado por el último estudio ICovid.

    En segundo lugar, el representante del Colmed apunta que aún no existe una planificación clara de la vacunación. Acusa, por ejemplo, que en varias regiones del país no todo el personal UCI ha sido inoculado, por lo que solicita al Ejecutivo que haga un esfuerzo para vacunar lo “antes posible” a todos los trabajadores de la salud.

    Y tercero, Meza menciona “el recurso humano”. Es decir, el personal de salud que lleva prácticamente un año sometido a una presión nunca antes vista.

    Según cálculos del Colegio Médico, entre un 20% y 30% de los trabajadores se encuentra fuera de combate, con reposo médico, lo que limita “la capacidad de reconvertir camas”, como sí se hizo en la primera ola.

    El diagnóstico de Meza es concordante con la visión de la vocera de la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva (Sochimi), Carolina Ruiz, quien asevera que “hay muchos funcionarios de UCI que no han podido tomar vacaciones en más de un año y han trabajado con una gran carga”.

    De acuerdo a Ruiz, los funcionarios han sido sometidos a turnos extra excepcionales, “lo que podría en parte explicar el aumento del ausentismo y las licencias médicas durante los últimos meses”.

    La vocera de la Sochimi califica además como “preocupante” el aumento de casos, pues si “se elevan de manera sincrónica en las distintas regiones existe poca posibilidad de trasladar pacientes desde una región a otra”.

    “Hoy en día estamos viendo un aumento importante de los casos en todo el territorio nacional, la ocupación de camas críticas es más de un 90% y eso se suma al cansancio del personal”, reflexiona Ruiz.

    La región que igualó a Santiago

    A las referidas anteriormente se suma otro grupo de regiones en donde los contagios no paran de subir.

    El caso de Tarapacá es dramático. Tras una primera ola que alcanzó los 34 contagios por cada 100 mil habitantes, la curva emprendió un descenso sostenido. Eso, hasta a mediados de diciembre, cuando comenzó un fuerte repunte de casos con el que se igualó en proporción a la primera ola vivida en la región Metropolitana (ver gráfico siguiente).

    “Por supuesto que en esta época de verano, donde hay mayor movilidad dentro de la región y entre regiones también se aumenta el riesgo de contagio”, dice Ignacio Silva, infectólogo y académico de la Escuela de Medicina de la Universidad de Santiago.

    De acuerdo al especialista, “en esta etapa de la pandemia hay un cansancio de todas las personas” y “se disminuye la adherencia a las medidas preventivas”, por lo que es fundamental el autocuidado.

    La opinión de Silva es concordante con lo planteado por el Colegio Médico, en cuanto a la necesidad de limitar los viajes y -por ende- el permiso de vacaciones otorgado por el Gobierno.

    El vicepresidente nacional del gremio sostiene que -si bien está consciente de los problemas económicos que acarrea el rubro turístico- muchas zonas atractivas para los visitantes han debido retroceder en el Plan Paso a Paso por el aumento de contagios provocado por una alta movilidad.

    “Siempre nos ha parecido riesgoso el permiso de vacaciones”, cuestiona Meza.

    Centro y sur: las medidas no contuvieron la segunda ola

    En un panorama desfavorable está también Los Lagos, región que ha debido someterse a largas cuarentenas sin resultados positivos.

    “¡Lo logramos!”, celebró a comienzos de diciembre el alcalde de Puerto Montt, al anunciarse que salían de un confinamiento que se había extendido por casi cinco meses.

    Y aunque en la zona ya pensaban en avanzar rápidamente a la fase 3, lo cierto es que debieron volver al paso 1 sólo semanas después.

    La zona alcanzó su peak el 17 de enero, con 65,4 casos por cada 100 mil habitantes.

    Otras zonas como Maule, Ñuble, Bío Bío, La Araucanía, y Los Ríos, han tenido casos similares donde -pese a todas las medidas contenidas en el Plan Paso a Paso del Gobierno- los contagios no paran de subir.

    A juicio del epidemiólogo experto en salud pública y académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Usach. Christian García, es “probable que no se hayan hecho buenos estudios de contactos” en la zona, por lo que una vez más -dice- la trazabilidad es clave.

    A ello, el especialista suma la falta de fiscalizaciones durante los confinamientos y apunta a que la entrega de permisos impidió una baja en la circulación, por lo que el número de interacciones se mantuvo estable.

    “La gente siguió en contacto”, sostiene.

    La fragilidad de la capital

    “La región Metropolitana está en una situación de mucha fragilidad”, advierte el experto de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, Cristóbal Cuadrado, al ser consultado por el panorama en la capital, donde -por ahora- no se ha experimentado una segunda ola de contagios.

    La zona se encuentra en alerta, pues a fines de diciembre y comienzos de enero, sufrió un aumento sostenido en los contagios.

    ¿La buena noticia? El número de nuevos casos tuvo una desaceleración a mediados de este mes.

    ¿La mala? Dicha desaceleración “se logró con una alta carga de infectados”, dice Cuadrado.

    Esto último, a juicio del especialista, “hace muy fácil y probable que en caso de que se relajen las medidas sanitarias, o que el sistema de trazabilidad no esté funcionando de manera óptima, podamos ver un nuevo incremento en los próximos días”.

    En la misma situación de la capital se encuentra otro grupo de regiones que hoy luchan por no sufrir una segunda ola tan devastadora como la primera.

    El problema es que prácticamente todas comenzaron un repunte a mediados de diciembre que hasta hoy no puede ser controlado.

    Paradójicamente, uno de los fenómenos que puede contribuir al aumento de los casos es la llegada de la vacuna.

    Según explica Bárbara Gutiérrez, especialista en salud pública y académica de la Universidad Diego Portales, el arribo de las dosis “ha generado también un efecto contradictorio, en el sentido de que se relaja también la población al asumir que la vacuna viene a garantizar la no transmisión de la enfermedad”.

    Sin embargo, advierte la experta, “tampoco está garantizada la inmunidad. Hay que tener claro que la vacuna sirve para combatir la pandemia, mas no para erradicarla”.

    Así las cosas, asevera que la crisis sanitaria está lejos de ser superada y que lo más probable es que este año no sea muy diferente al anterior.

    “La OMS indica que con un 70% de cobertura (de vacunas) tú puedes lograr la inmunidad colectiva, el efecto rebaño. Se proyecta que ésta va a tener un efecto en reducir la gravedad de la pandemia en el país recién a finales de 2021″, sentencia.

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