Fotografía: Archivo

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  • Esta es la historia de un colectivero que violó a dos mujeres y las hirió con un cuchillo de 25 centímetros. En el juicio donde fue sentenciado a 24 años por los atentados sexuales argumentó que fue contratado como gigoló. Y para comprobarlo llegó de camisa corta ajustada y pelo mojado al tribunal. A los presentes les dijo: “soy muy rico”. De los 24 solo alcanzó a cumplir 11, ya que obtuvo la libertad por “buena conducta” en 2017. El guión de Hugo Pastén Espinoza sigue así: incendió la residencia de Sussy, una activista trans que ejercía como peluquera cuyo cuerpo fue hallado en los escombros; también mató a una mujer y luego la escondió en la profundidad de un pique minero. No es todo, porque hoy es investigado por la desaparición de una adolescente de 16 años. El guión siniestro de quien es motejado por la prensa local como el “sicópata de Copiapó”, lo revela la Unidad de Investigación de Radio Bío Bío.

    El historial de Hugo Pasten Espinoza suma en su historial dos violaciones, dos asesinatos y una joven de 16 años desaparecida en la Región de Atacama.

    Por los atentados sexuales en Copiapó, fue condenado en julio 2005 a 24 años de cárcel, pero en 2017 obtuvo la libertad condicional, pese a sus antecedentes.

    Caminando por la calles y ejerciendo como chofer de colectivo cometió tres crímenes nuevamente, los que hoy son investigados por la fiscalía local, mientras espera el juicio detenido en el penal de La Serena.

    Al igual que Hugo Bustamante, el asesino de Ámbar en Villa Alemana, Región de Valparaíso -y conocido como “el asesino del tambor-, carga con tres víctimas y un perfil de sicópata y asesino serial.

    En la capital nortina lo recuerdan cada día esperando que se haga justicia, porque su actuar dista de lo humano.

    Como en el asesinato cometido por Bustamante la Comisión de Libertades Condicionales de la judicatura, le otorgó la reducción de su condena, pese a sus antecedentes.

    Esta es la historia de un colectivero que violó a dos mujeres y las hirió con un cuchillo de 25 centímetros. En el juicio donde lo sentenciaron por los atentados sexuales, argumentó que fue contratado como gigoló y para comprobarlo llegó de camisa corta ajustada y pelo mojado al tribunal. A los presentes les dijo: “soy muy rico”. El guión siniestro de Hugo Pastén Espinoza, que incendió la residencia de Sussy, una activista trans que ejercía como peluquera y una mujer lanzada a un pique minero y motejado por la prensa local como el “sicópata de Copiapó”, lo revela la Unidad de Investigación de Radio Bío Bío.

    Similitudes

    Entre Villa Alemana, Región de Valparaíso, y Copiapó de Atacama, hay 743 kilómetros de distancia. No se asimilan en clima. La primera mediterraneo, la segunda desértico, pero ambas conviven con un hecho en común: dos hombres cargan -alunísono- tres víctimas en su historial.

    El primero es Hugo Bustamante, que en 2006 fue condenado por doble homicidio luego de asesinar a su pareja y al hijo de ella, a quienes enterró en un tambor metálico. Fue condenado a 27 años de prisión y solo alcanzó a cumplir 11. En 2016 obtuvo la libertad condicional dictada por la comisión judicial porteña del ramo, junto otros 800 reos.

    Hoy es el principal sospechoso del crimen de Ámbar Cornejo de 16 años, cuyo cuerpo descuartizado en la casa de Villa Alemana -donde residía- fue desenterrado por la PDI. Esto gracias al relato de su madre, a quien Bustamente le habría confesado el crimen.

    En Copiapó está el segundo con su propio guión, cuyo nombre es recordado a diario. Coincidencia negra, a Hugo Pastén Espinoza le imputan la desaparición de Catalina Álvarez, que al igual que Ámbar vivía sus 16 años. Hoy Pasten está preso en la cárcel de La Serena a la espera del juicio por estos tres crímenes.

    Trío sangriento

    El 17 de enero de 2019 un incendio destruyó la casa de Horacio Lanchipa Silva, un peluquero de Copiapó conocido como Sussy Montalván, a raíz de su profesión. Apenas Bomberos controló las llamas, comenzó la búsqueda bajo los escombros. El descubrimiento del cuerpo de este activista trans apareció en medio de los restos, como una sorpresa macabra.

    La fiscalía local tiene acreditado que Pasten fue el último en tener una comunicación telefónica con “Sussy” antes de su muerte y -hasta ahora- todas las pruebas lo apuntan como responsable del crimen.

    Se sabe hasta ahora que estranguló a su víctima con un chaleco, prendió fuego al domicilio y huyó en el auto de “Sussy”.

    No es lo único. En la misma ciudad también es indicado el homicida de Marina Cabrera (24), de nacionalidad boliviana, cuyo cadáver fue hallado por la PDI en un pique minero cercano a Copiapó el viernes 12 de julio de 2019, luego de permanecer desaparecida desde febrero del mismo año.

    La prensa local lo motejó como el “sicópata de Copiapó”. Pero ambos crímenes no fueron suficientes. Es investigado además por la desaparición de Catalina Álvarez, de 16 años, cuyo último rastro conocido data del 23 de junio de 2019.

    La querella criminal presentada por la Defensoría de la Niñez en la causa revela que la adolescente abordó el colectivo on destino a su hogar, oportunidad en que Hugo Pastén Espinoza aprovechó para cambiar el rumbo hacia una zona desconocida.

    La acción penal detalla que Pasten la “golpeó brutalmente hasta hacerla sangrar, dejando impregnado el asiento trasero del vehículo y el marco de la puerta trasera (…) manteniéndola hasta esta fecha oculta, desconociéndose su paradero (…)”.

    Las similitudes con el caso de Ámbar centran la atención en las comisiones de libertad del Poder Judicial hoy fuertemente cuestionadas por su actuar.

    René Navarro, el querellante que recurrió contra Pasten calificó al sujeto “psicópata” que repetía patrones con sus víctimas: robos, sitios eriazos violación y sogas para inmovilizarlas.

    “Yo como abogado quedé afectado, imagínate las víctimas y familiares. Esta cuestión es de terror, de terror profundo (..) es un psicópata, pero no es una persona que esté enferma, él está en sus cinco sentidos”, dijo al programa Informe Especial de TVN.

    Como sea, la justicia ejecutó con ambos el mismo criterio, pese a que el “asesino del tambor” confesó en una entrevista en Mea Culpa que una entidad espectral lo poseía al momento de asesinar. Pasten en cambio no confiesa y se escuda en evasivas.

    A los dos los cubren características psicopáticas: ególatras, de oscura inteligencia, fríos en su actuar, acaso la justificación del sabor que les provoca la violencia y la sangre.

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