Fotografía: Agence France Presse

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  • La crisis del Covid-19 ha golpeado la economía de las trabajadoras sexuales en Chile. El toque de queda y la cuarentena provocó una importante baja de clientes e ingreso. En un trabajo donde el contacto físico es necesario, el aislamiento y la distancia social se convirtieron en la bestia negra. Para hacer frente a la merma, algunas modificaron los servicios cara a cara y un segmento optó por las videollamadas eróticas. Otras en cambio eligieron la fórmula conocida como “el momento”: sexo sin sacarse la ropa, con mascarillas, guantes y preservativos. “No hay contacto de polola”, dice Andrea, quien lleva dos años en el rubro. Según Eliana Dentone, fundadora de la primera asociación del ramo, hay más de 60 mil trabajadoras sexuales activas en Chile. La crisis económica afecta a todos los bolsillos. La historia es de la Unidad de Investigación de Radio Bío-Bío.

    Noé está sentada de forma sugerente sobre un sillón de felpa azul. Usa un vestido rojo entallado. Calza zapatos de taco alto que ayudan a delinear aún más su figura, mientras cubre sus piernas evitando mostrar demás.

    Pero Noé nada tiene que ver con quien salvó en su arca a las especies del diluvio universal. Es más bien su nombre artístico, de solo tres letras, fácil de pronunciar y memorizar, porque en el mundo del trabajo sexual remunerado es mejor así.

    Y como en todas las actividades productivas, también su rubro se ha visto afectado por la pandemia, porque un trabajo donde no hay distancia social, no puede existir.

    Con su pelo azabache y voz dulce accedió a conversar con la Unidad de Investigación de Radio Bío-Bío, porque desde el 15 de marzo dejó de trabajar en el oficio que -como el espionaje- es el más antiguo de la humanidad.

    El jueves 25 de marzo la comuna de Santiago entró en cuarentena total, y todo cayó al despeñadero, cuenta Noé. Con ocho años laborando recibió un golpe duro. Sin movimiento en las calles, los clientes han desaparecido. “Personalmente te podría decir que bajaron al 20% las ganancias”, explica al otro lado de la línea telefónica.

    Asegura que la falta de trabajo se agudiza con sus colegas extranjeras. “Tengo compañeras que mandan plata a sus países y no lo han podido hacer. Es súper compleja la situación, yo diría que más para las extranjeras porque ellas tienen que pagar un lugar donde vivir acá, sustentar a sus familias en otros países y el trabajo no ha dado”, apunta con un dejo de preocupación.

    Y agrega: “La mayoría somos mamás solteras, tenemos hijos en la universidad, o no sé… familiares a los que ayudamos”.

    “Un día no tiene comparación con el otro. Puede que un día te agenden clientes frecuentes, y ese día trabajes más, o vayas solo por esos clientes al lugar donde uno trabaja… es relativo. (Antes) uno podía hacer por lo bajo 80 mil pesos -diarios-, 50 uno muy malo, pero ahora hay días que no se hace nada”, explica.

    Living on video

    Apenas comenzó la crisis sanitaria dos palabras pasaron a ser claves en el combate al Covid-19: “distancia social”. En suma, estar a más de un metro, dos metros del otro, no tocarse, no besarse, usar mascarillas, guantes, constante lavado de manos. El sexo no es la lejanía, pero alternativas no faltan. Una de ellas son las videollamadas eróticas.

    Las trabajadoras sexuales se están adaptando a las nuevas condiciones del mercado y realizando contactos digitales con sus clientes.

    Así lo ha hecho Celeste (45), quien en agosto cumple 10 años dedica al comercio sexual. Se publicita en la web como milf y trabaja exclusivamente en tres comunas del sector oriente de la región Metropolitana, y llegó a este oficio, según cuenta a la Unidad de Investigación de Radio Bío-Bío, como un experimento.

    Han sido tiempos muy difíciles, no solo para mí, sino que a nivel global. Está enfermedad está encima y hay mucho temor obviamente. Está muy riesgoso tener un contacto físico con cualquier persona”, dice.

    Desde que comenzó la crisis sanitaria del Covid-19, Celeste cuenta que no ha recibido clientes. “Ha estado muy malo el negocio”, se lamenta. Tiene deudas, una hija y un arriendo que pagar, por lo que debió reinventarse.

    “Lo que yo he hecho es tratar de tener algún ingreso por la vía virtual. Para eso, tengo un canal de streaming que está en proceso con la idea de hacer mi trabajo de la forma más profesional posible”. Y agrega: “Cuento con el espacio físico, tengo una cámara, iluminación… todo un espacio dispuesto para ello”.

    Si bien este servicio existe hace más de 20 años, la contingencia incrementó la oferta. Así lo confirman desde el sitio www.relaxchile.cl, plataforma virtual que promociona contenido para adultos, donde las trabajadoras sexuales publicitan sus servicios.

    “Frente a la situación del coronavirus las anunciantes suspendieron la oferta de servicios con contacto directo y en cambio comenzaron a publicar videollamadas eróticas y venta de fotos y videos personalizadas. Las clientas nos comentan que esto se ha transformado en tendencia mundial lo que les ha permitido ser contactadas incluso por clientes extranjeros, por ejemplo, países como Israel”, respondieron vía e-mail.

    Celeste debió acomodar sus tarifas, ya que detalla que muchos clientes han pedido rebajas por considerar que el servicio no es el mismo. “Es la realidad a la cual nos vamos a tener que ir acostumbrando por no sé cuánto tiempo, pero me temo que durante mucho rato”, dice.

    “No hay contacto de polola”

    Pero no todo es internet. Otro grupo ha seguido atendiendo de forma presencial a clientes determinados, donde la confianza es ley. Una de ellas es Noé, quien luego de un mes volvió a obrar. ”Lo que pasa es que se atienden personas puntuales. En estos días que yo he estado he atendido a clientes de años”, dice. Y agrega: “Tú sabes de dónde vienen, qué es lo que no harían y por eso ellos vienen hacia ti también, es una confianza mutua”.

    Si no es por videollamada o a clientes conocidos, otro grupo de trabajadoras sexuales realiza “el momento”. Andrea, de 28 años y dos en el rubro, lo explica así: “En estos tiempos se está haciendo un servicio express que se llama el momento. Los clientes no se sacan nada, andan con sus mascarillas, sus guantes y uno igual. Realmente es un oral con condón, penetración y listo. Es como para sacarse las ganas. Casi nadie está pagando la hora, ni media hora. Y si es media hora es lo mismo, pero… ya no hay un contacto de polola”.

    Morena y cabellera rubia, Andrea confiesa que fueron las deudas uno de los factores que la llevaron al trabajo sexual. Comenzó en una agencia y con el paso del tiempo se independizó. “Vas aprendiendo en el camino, a ser menos pudorosa. Pierdes el pudor y sabes cómo tratar a los clientes… porque hay clientes que están acostumbrados a atenderse y conocen cuando una chica es inexperta”.

    Coincide con que las más perjudicadas con las medidas restrictivas de movimiento son las compañeras extranjeras. “Tengo amigas que trabajan en el sur, en el norte… la mayoría vive en departamentos que están pagando a diario, entonces no tienen dónde vivir porque la mayoría del dinero que ellas se hacen lo envían a su país”, dice.

    Trabajo sexual es trabajo

    Eliana Dentone fue la primera presidenta de una asociación de trabajadoras sexuales de nuestro país. Corría el año 1993 y luego de una intensa persecución que, según cuenta, sufrieron durante la dictadura militar, con el retorno a la democracia pudieron lograr organizarse. De esta forma, y con el apoyo del sacerdote Alfonso Baeza, quien se desempeñó como vicario de la Pastoral Obrera de Santiago desde 1997 hasta el 2000, nació la Asociación de Trabajadoras Independientes “Angela Lina”, nombre en homenaje a una mujer asesinada por un cliente. No pudieron inscribirse como “trabajadoras sexuales” al no estar reconocido el trabajo en Chile.

    Por eso, Eliana conoce y reconoce que la pandemia del Covid-19 ha “echado a perder el trabajo a las mujeres”. En la actualidad, Dentone sostiene que deben ser más de 60 mil las mujeres dedicadas al comercio sexual y que “hace falta información y estadística”, para saber realmente cuál es el escenario de las trabajadoras sexuales en Chile. El último estudio estadístico en la materia data de 2005 y en él se consignó a 15.700 trabajadoras a lo largo del país.

    Herminda González, vocera de Fundación Margen, organización que lucha por la promoción de los derechos de las trabajadoras sexuales, y que forma parte de la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe, reconoce que, si las trabajadoras sexuales ya eran vulnerables, la pandemia del Covid-19 las deja aún más vulnerables.

    “Están aisladas. No hay ninguna red de apoyo porque son trabajadoras sexuales y como no la pueden identificar, porque no pueden decir que son trabajadoras sexuales, no pueden ir al municipio del lugar donde ellas viven, por lo que es imposible que las puedan apoyar”, señala Herminda.

    En medio de esta crisis, además de la baja en los ingresos, afloró el gran problema de este oficio: la informalidad. No tienen contrato, por ende, muchas no tienen salud, cotizaciones, ni acceso a beneficios sociales.

    “A toda persona que ejerza el trabajo sexual, siendo mayor edad, en estos momentos les ha afectado enormemente, mucho más que cualquier persona común y corriente en un trabajo formal. En este caso, ellas como trabajo informal, les afecta porque son tierra de nadie”, dice la vocera de Margen.

    De ahí que la gran demanda y lucha que tienen las trabajadoras y trabajadores sexuales, según Víctor Hugo Robles, coordinador de Comunicaciones de Fundación Margen, es que la actividad sea reconocida como un trabajo. Por eso, el eslogan que utilizan para visibilizar su oficio es: “Trabajo sexual es trabajo”.

    “El Estado niega la relación laboral de las trabajadoras sexuales con sus clientes, la existencia, por tanto, no tienen ningún tipo de reconocimiento legal. El trabajo sexual en Chile existe; existe en la práctica y es cada día más masivo, porque además se ha ampliado. Ya no es la trabajadora sexual de la esquina, de la casa de remolienda que uno ve en la teleserie, porque todavía las presentan así, que trabajan en casa. Ahora es mucho más amplio, es mucho más diverso y está en tantos lugares que uno a veces ni siquiera se imagina”, detalla Robles.

    Zona gris

    En Chile el trabajo sexual se encuentra legalmente en una zona gris; ambigua. ¿La razón? No existe un delito asociado a su ejercicio, pero sí el Código Sanitario sanciona que se ejerza en cualquier establecimiento o lugar, como un café con piernas o un cabaret.

    De hecho, la normativa vigente da la posibilidad para que las trabajadoras puedan someterse a un control voluntario de salud sexual, para ir chequeando su estado de salud y así prevenir el contagio de infecciones de transmisión sexual (ITS).

    La voluntariedad de este proceso se estableció durante el gobierno de Ricardo Lagos, ya que anterior a la fecha, existía un control sanitario obligatorio para las trabajadoras sexuales, las cuales, según cuenta Herminda González, eran víctimas de un excesivo abuso por parte de la fuerza policial en la fiscalización.

    En marzo de 2018 el ex diputado Alberto Robles (PRSD) presentó un proyecto ley que “establece una regulación del trabajo sexual y modifica diversos cuerpos legales”, pero no prosperó. Según Víctor Hugo Robles, “El Che de los Gays”, activista que aboga por las libertades sexuales, el proyecto no fue consensuado con las trabajadoras sexuales involucradas, entre ellas Fundación Margen, y no las tomó en cuenta. Además, el texto fue presentado cuando el parlamentario radical estaba ad portas de abandonar su periodo legal como legislador. De esta forma las trabajadoras sexuales volvieron a quedar en el aire, sin una legislación que las proteja.

    Luego del frustrado proyecto, las trabajadoras comenzaron a construir su propia propuesta legislativa con la colaboración de distintas abogadas feministas y la disposición de presentar el texto en el parlamento de la diputada Karol Cariola (PC).

    “Hoy el trabajo sexual por voluntad es una realidad (…). Eso hoy existe, está pasando y por lo tanto amerita de generar políticas de protección para esas mujeres, en el ámbito sanitario, laboral y social. Muchas veces por el hecho de estar dentro de este rubro, quedan absolutamente en la marginalidad, desprovistas de cuidados mínimos, de cuidados básicos y eso no puede ser”, señaló la diputada.

    Por su parte, Ximena Ossandón (RN), miembro de la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, sostuvo que esto da cuenta de la cultura del “no contrato”. “Esa situación que ellas están viviendo la están viviendo muchos rubros que están en la misma circunstancia porque lamentablemente en Chile, incluso las asesoras del hogar -más del 50% no tiene contrato-, todavía existe esa cultura del no contrato… o del no cotizar, porque se vive muy en el presente y nunca se piensa mucho en el futuro”, sostuvo.

    La presentación y discusión del proyecto, debido al contexto social que vive nuestro país, quedó en pausa, esperando otro momento que haga viable un debate serio y desprejuiciado. Mientras tanto, en la actualidad las dirigentas de Fundación Margen se organizan reuniendo mercadería y alimentos no perecibles para las trabajadoras sexuales más precarias.

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