Fotografía: ARCHIVO | Edición: Jaime Silva (BBCL)

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  • A 14 años de la denominada Revolución Pingüina de 2006, si bien los exlíderes del movimiento, Daniel Carrillo, Karina Delfino, César Valenzuela -todos PS- y Maximiliano Mellado (RN) ocupan domicilios políticos distintos, hoy sus voces se vuelven a unir, esta vez, bajo un cuestionamiento compartido al polémico boicot contra la Prueba de Selección Universitaria (PSU).

    En todo caso, hay matices.

    Por una parte, el exestudiante del llamado Liceo “acuático” de Lota -donde partió el movimiento en 2006-, Daniel Carrillo, y la exdirigenta del Liceo A º1 Javiera Carrera, Karina Delfino, ambos militantes del Partido Socialista, subrayaron que estas acciones de protesta no son el camino. Eso sí, coinciden en que la PSU deber ser reemplazada, ya que es una medición que segrega y es un símbolo de la desigualdad.

    En tanto, desde la vereda de al frente, el militante de Renovación Nacional (RN) Maximiliano Mellado, más allá de cuestionar la polémica aplicación de la prueba, afirmó que no puede ser posible que unos pocos puedan afectar el derecho de una mayoría.

    Bajo una óptica similar, el sociólogo y cientista político Alfredo Joignant, uno de los autores del libro “El otro modelo: del orden neoliberal al régimen de lo público”, reprochó en su cuenta de Twitter las manifestaciones contra la prueba y aseguró que es “bien maletero y poco político el boicot a la PSU: pobres contra pobres, otra estupidez más de la ultra. Otro mundo no es ni será posible con estas formas irracionales de protestar”.

    No al boicot

    Sobre el complejo momento que se vive en la PSU, Daniel Carrillo indicó que “el problema no es si los chiquillos le prohibieron o no a otros dar la prueba, el problema de fondo es que es la PSU es elitista. Los que tuvieron una gran educación en los cuatro años van a salir airosos, quienes no, les va a ir mal. Genera desigualdad”.

    “Pero sabemos que es el método a través del cual el Cruch y el Demre determinan el ingreso a una carrera”, admitió. De este modo, reprochó la forma de “cómo se decidió coartar la opción de otro, no es la correcta. No me parece que ocurra esto porque se ponen a pelear entre los mismos manifestantes o actores que han estado en las calles estos últimos meses tras las demandas sociales. Pero, no podemos desenfocar el problema, que es parte de la agenda social”, dijo.

    Carrillo en 2006 encabezó las primeras marchas por la condiciones deplorables en que se encontraba su establecimiento en Lota, que por esos años sufría con el agua producto de goteras en el techo, que terminaban por inundar salas de clase.

    Debe cambiar la medición

    En tanto, Karina Delfino indicó que “una de las grandes deudas que tenemos como sociedad es tener un sistema educacional más equitativo. Creo que la PSU es el reflejo de esa desigualdad. Creo que junto con subir la calidad de la educación, la PSU debe cambiar y la crítica la comparto”.

    La dirigenta nacional del PS afirmó que las protestas en contra de la rendición de la medición no han sido la mejor manera. “No comparto las funas que se han hecho a los locales. A sectores medios y vulnerables se les está impidiendo rendir la PSU. Pero, independiente de eso, comparto la crítica que se la hace al sistema educacional”, añadió Delfino.

    También, el par socialista de Delfino y de Carrillo, el abogado de 31 años, César Valenzuela, coincide en que la demanda es legítima, pero también difiere en la forma en que se generó la acción estudiantil de protesta estos últimos días.

    “La demanda por terminar la segregación en la educación es legítima y ha sido levantada por varias generaciones”, dijo Valenzuela.

    El ex estudiante del Liceo Confederación Suiza y vocero en 2006 de la recién creada Aces no le “parece bien que se impida rendir la prueba a quienes quieren hacerlo, más aún cuando se afecta a los estudiantes de sectores más desfavorecidos. Existe un alto riesgo que este año se agudizará la homogeneidad social en las mejores universidades del país”.

    Por su parte, Maximiliano Mellado, antes dirigente estudiantil del Liceo Luis Barros Borgoño y hoy a los 28 años vicepresidente nacional de la Juventud de Renovación Nacional (RN), cree que es “muy lamentable que personas no dejen que otras puedan ejerecer su derecho. El que no quiere dar la PSU está en su derecho de no darla, pero no puede impedirlo a otros. Eso es impresentable y una falta de respeto”.

    “No sé (si la PSU es injusta), no soy experto en eso. Creo que los procesos van quedando obsoletos con el tiempo. Venimos hablando de que hace años la PSU debe tener una revisión, pero esta no es la forma”, subrayó.

    En tanto, consultado el ministro de Bienes Nacionales, Julio Isamit, en su rol de exdirigente estudiantil, declinó referirse al tema.

    Fracasados

    No obstante, la dirigencia actual les puso la lápida. El actual vocero de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (Aces), Víctor Chanfreau, considera un fracaso el intento que realizaron los líderes pingüinos en 2006 por mejorar la calidad de la educación en Chile.

    “Lo principal del 2006 no fueron las dirigencias estudiantiles, sino que fueron los secundarios a nivel nacional que se movilizaron en las calles y que marcaron un precedente histórico de las movilizaciones del movimiento estudiantil”, aseguró.

    “Es conocida la foto del 2006, todos con los brazos arriba celebrando un supuesto cambio en la educación que terminamos viviendo los estudiantes secundarios de las siguientes generaciones, lo que fue una farsa porque se confió en las instituciones que nunca han estado al servicio del pueblo”, añadió.

    En ese sentido, apuntó contra los cuestionamientos que señalan que las protestas de este lunes y martes no son la forma. “Es claro que las manifestaciones consistieron de un parche en el ojo, hasta la toma de los establecimientos, y nosotros no nos arrepentimos de ninguna manera”, dijo Chanfreau.

    Quienes hace 14 años encabezaban protestas estudiantiles, hoy piensan que ciertas acciones violentas “no son el camino”. Además, cuando se carece de un horizonte claro respecto a cuándo y cómo todo esto va a finalizar y aumenta la incertidumbre y, por qué no decirlo, aumenta también el miedo de los chicos y los grandes.

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