“No acelerís… no gritís, conchetumare, o te disparo en el corazón. Te mato (sic)”.
Flow Bandito, un inadvertido cantante urbano de 26 años que fue bautizado por sus padres como Brayan Onneyl Muñoz Vega en 1998, pasó de escribir canciones con escasa repercusión en YouTube a terminar apuntando en el corazón a un agente encubierto de Carabineros. Todo, en medio de una compra-venta controlada de un arma de fuego que él mismo había publicado para su venta en Internet.
Hoy el ignoto artista, junto a tres integrantes de la banda delictual que lideraba, está ad portas de enfrentar un juicio en el que podría terminar condenado a un total de 37 años de cárcel. Todo ello, por los delitos de tenencia ilegal de armamento de uso bélico, tráfico de armas, robo con intimidación, tenencia ilegal de municiones y cultivo ilegal de especies vegetales del género cannabis.
De acuerdo con antecedentes recopilados por BBCL Investiga, todo comenzó tres semanas antes del episodio en el vehículo, cuando funcionarios policiales del Departamento OS9 en la región de Valparaíso comenzaron a hacer búsquedas en Marketplace de Facebook.
¿El objetivo? Ver si por casualidad encontraban traficantes de armas que estuvieran utilizando esa red social para comercializar. Al poco andar, los uniformados se encontraron con una publicación que daba cuenta de la venta de una “3.0.8” en Quillota. El conocimiento y la experiencia los llevó a pensar en el acto que se trataba de un arma de fuego, muy probablemente una del calibre .380.
Junto al aviso figuraba el nombre del perfil de Facebook que lo había publicado: Onneyl Brayan. Los policías dieron cuenta al Ministerio Público e iniciaron una investigación a cargo de la unidad SACFI de la Fiscalía de Valparaíso. Así fue como un par de días posterior al hallazgo ya se había designado a un agente encubierto para que concretara un encuentro con el vendedor.
Custodiados
De ahí en más todo fue cosa de coordinación. Por un lado, el agente secreto comenzó a conversar vía Messenger de Facebook con el vendedor, más tarde el intercambio de mensajes pasó a WhatsApp. A través de esta última plataforma fue que Brayan Muñoz, obviamente sin saber que dialogaba con un policía encubierto, ofreció para la venta una pistola de fogueo marca Zoraki adaptada para funcionar como arma de fuego. Pese a primer ofrecimiento, finalmente acordaron transar una Glock calibre 9 milímetros más 20 municiones artesanales por $640 mil.
En paralelo, la policía y la fiscalía prepararon el encuentro que incluyó, además del agente encubierto a bordo de un vehículo que parecía de civil, la presencia de otro automóvil con personal del OS9 que tenía la misión de vigilar a distancia la transacción. Además, patrullas de Carabineros se mantuvieron en el perímetro del lugar donde se concretó el encuentro.
Nada de eso parecía exagerado, considerando el directo apercibimiento que el vendedor de arma le hizo al agente revelador antes de materializarse el encuentro.
—Al momento que vengas, siempre tengo otro vehículo observando todo y un cabro parado en la esquina armado. Sólo por precaución, para que no pienses mal. Si quieres vienes acompañado o como quieras, pero debes decirme con los que vienes para estar al tanto —le advirtió.
El policía encubierto le dijo que iría solo.
El encuentro
Según antecedentes del proceso judicial tenidos a la vista por este medio, a las 15:30 horas del lunes 31 de julio de 2023 el imputado le envió por WhatsApp al supuesto comprador el punto donde lo iba a estar esperando. El lugar escogido fue la intersección de dos calles ubicada junto a un sitio eriazo en el sector Antumapu de Quillota.
Con esa información, los dispositivos a cargo de un capitán del OS9 que prestarían custodia se movieron rápido para llegar al lugar antes que el agente revelador, quien llegó pasadas las 16:00 horas. El oficial a cargo de la vigilancia se percató de inmediato de la presencia de un vehículo Hyundai con dos sujetos en su interior.
Flow Bandito no había mentido sobre la cobertura que lo acompañaría.
Una vez estacionado en el lugar y portando los $640 mil para adquirir el arma, el agente le avisó al vendedor que lo estaba esperando. Este último se acercó por el lado del piloto para saludar y luego subió por la puerta de al lado. En segundos, repentinamente apareció un segundo sujeto —que posteriormente fue identificado como Guillermo Cortés Siley— quien se subió en los asientos posteriores del auto, junto a una caja negra de las típicas que se usan para guardar armas de puño. Era él quien traía la Glock.
Guillermo le pasó la caja cerrada a Flow Bandito y este la puso en manos del agente para que la revisara. En eso estaba el policía cuando sintió otra pistola apuntando en su cabeza. Era el sujeto de los asientos traseros el que la había sacado y la había puesto —después de pasar bala— en la sien derecha al agente, mientras lo tomaba del cuello.
—No me miri por el espejo. Te voy a matar, estoy loco… te voy a disparar y si avisai algo te voy a ir a buscar, porque sé de dónde erís y tengo tu patente. Mira pa’ arriba (sic) —le dijo Guillermo, mientras lo registraba para robarle su teléfono, un Iphone.
En paralelo, Flow Bandito sacó una tercera arma de fuego. Le pasó bala y la apuntó al pecho del policía para exigirle que le entregara el dinero en efectivo que portaba para la supuesta compra.
—No acelerís… no gritís, conchetumare, o te disparo en el corazón. Te mato así como lo he hecho con otros. Ya, me voy a llevar las llaves y te las voy a botar atrás. No vayai a los pacos o te voy a ir a matar (sic)— le advirtió.
Ambos sujetos, Flow Bandito y su cómplice, se bajaron raudos del vehículo y unos metros más allá hicieron señas para que se acercara el Hyundai en que se movía el otro par que custodiaba el sector. Todo era observado por el oficial del OS9 que fue en apoyo, quien junto a otros policías concretaron la detención de los cuatro implicados.
Además de las las armas y la recuperación del dinero y el celular sustraído al agente revelador, más tarde —después de la autorización de un juez— los policías incautaron desde el domicilio de Flow Bandito un chaleco antibalas, pesas digitales, cartuchos calibre 12 de escopeta, un cargador de fusil con siete municiones 556, tres municiones calibre 9mm, una pistola a balines y seis plantas de marihuana.
La revisión posterior del celular del imputado solo fue una confirmación de lo evidente. En el dispositivo, la policía encontró diversas conversaciones que daban cuenta de la comercialización de armamento. Una, por ejemplo, de marzo de 2023 mantenida con un sujeto de nombre Leroy al que a cambio de $500 mil un revolver plateado y las respectivas municiones calibre 38.
Con todo, Brayan Onneyl Muñoz Vega deberá enfrentar a partir del 4 de marzo, y junto a los otros tres integrantes de la banda, un juicio oral en el que podría terminar condenado a 37 años de cárcel efectiva por los delitos de tenencia ilegal de armamento de uso bélico, tráfico de armas, robo con intimidación, tenencia ilegal de municiones y cultivo ilegal de especies vegetales del género cannabis.