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El peligro oculto de morder lápices o clips

Steve Corey (CC) Flickr
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Los dientes no son tan duros como uno piensa y sólo pueden ser usados para masticar alimentos. Cualquier acto que no sea usarlos para esta función puede producir graves daños”, sostiene Tamara de Mayo, médico ortodoncista y directora de la Clínica Ortodontik.

Lucir una dentadura sana y radiante, no sólo depende de las visitas al dentista, sino que cuidarla nosotros mismos es más sencillo de lo que creemos, sólo basta con cambiar ciertos hábitos de nuestra rutina que, sin saberlo, perjudican a los dientes. Entre los más comunes se encuentran: “Irse a dormir sin lavarse los dientes o comer algo después de haberse cepillado”, dice la experta.

Por si fuera poco, el usar los dientes para morder objetos que no sean alimentos, como lápices, clips, uñas o labios, causan un daño mucho mayor de los que muchos piensan. “Es muy importante entender que los dientes no son tan duros como uno piensa y sólo pueden ser usados para masticar alimentos. Cualquier acto que no sea usarlos para esta función puede producir desgaste o fractura del esmalte dental”, indica.

En el caso de los niños, explica la especialista, estos hábitos son muchos más dañinos, ya que “cuando los dientes están en formación, es cuando están más lábiles a los daños que produce la placa bacteriana. Por lo tanto, en los pequeños lo más importante es que se vayan a dormir con los dientes cepillados y enseñarles a no morderse las uñas o cualquier otro objeto”. Si el mal hábito es continuo, “puede incluso producir deformación del paladar y cambio en la posición de los dientes de los niños”, acota.

Por otro lado, el hecho de mordernos las uñas, Tamara de Mayo sostiene que el hacerlo tiene un doble efecto sumamente perjudicial: “deformación de la yema de los dedos y las uñas; y el desgaste o desplazamiento de los dientes que son usados para morderlas”. Tan grave es, que “el choque de la dentadura con las uñas (o lápices o clips) hace que se desprendan pequeños prismas del esmalte, creando micro fracturas en los dientes”, añade.

A ello, se suman los hábitos que hacemos en forma inconsciente y a diario. Un ejemplo es el bruxismo, el cual produce desgaste en el borde de los dientes. Otro, cepillarnos en forma muy brusca o con un cepillo muy duro, provocando un desgaste en las encías y en el cuello del diente, lo que trae como consecuencia hipersensibilidad de los dientes. A lo anterior, se agrega el estrés que vivimos que, aunque no tiene una consecuencia directa en nuestros dientes, si nos puede llevar a cepillarnos en forma apurada o descuidar los controles periódicos con el odontólogo.

Algo muy de moda por estos días son las perforaciones y piercings. Sin embargo, a pocos se les explica que este tipo de modas producen un gran daño en los dientes, ya que es lo mismo que si mordiéramos un objeto duro en forma permanente. “Al tenerlos, éstos chocan con el esmalte del diente hasta provocar un desgaste total. Y, si bien, los demás dientes no se dañan, luego de un tiempo se notará la diferencia con los que están cerca del piercing y los que no tienen puestos perforaciones o piercings.

Finalmente, el uso de mondadientes queda absolutamente descartado. “Nunca hay que introducir ningún elemento duro entre los dientes, lo recomendable es el uso de seda dental o cepillos Inter proximales que son más suaves y no producen daño entre las encías”, explica la ortodoncista.

Para revertir estas graves lesionales, la profesional recomienda siempre irse a dormir con los dientes limpios, para evitar las consecuencias de la placa bacteriana en dientes y encías. Además, visitar al odontólogo de manera periódica y, así eliminar esta dañina placa.

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