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La "mala costumbre" de los millenials que se convirtió en norma social

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La aparición de los computadores, tablets y celulares, trajo una serie de cambios sociales que resultan bastante beneficiosos para el diario vivir: tener la información al instante o saber dónde están los hijos, por ejemplo.

Ya no hay que esperar días a que una carta llegue a su destinatario -si es que lo logra- y otros tantos para obtener una respuesta. Hoy todo es conocido en el momento en que suceden las cosas.

Pero esto ha provocado uno que otro inconveniente en nuestra sociedad. Uno de ellos es mirado con bastante preocupación por los estudiosos: el phubbing.

Se trata de una tendencia que cada día adquiere más adeptos entre los millenials. A pesar de que no hay consenso en su definición, se explica como el hecho de ignorar a las personas con las que compartimos un momento para mirar el móvil aunque no haya notificaciones ni vibre ni suene.

El término fue acuñado por el Mcquarie Dictonary durante el 2008, para luego ser estudiado por diversas universidades del mundo.

Una reciente encuesta a 251 personas, realizada por la casa de estudios universitarios de Kent, en Inglaterra, evidenció que el 100% realiza phubbing en distintas medidas. Según el informe, se trata de una práctica de imitación, es decir, que si alguien lo hace, su acompañante también lo hará.

La socióloga Rosario Millén justificó esta situación al medio El País, explicando que “cuando los usos se extienden, empiezan a formar parte de nuestras costumbres. Por eso ya miramos el móvil aunque no haya notificaciones, aunque no vibre, aunque no suene, el simple gesto de mirarlo nos recuerda que ahí sigue y nos relaja”.

La especialista, además, insistió en que “yo miro mi móvil y tú aprovechas para mirar el tuyo y, al final, el tercero que considera que no es educado, lo mira también, por hacer algo mientras”.

Por otro lado, la psicóloga Cristina Callao advirtió que “la cuestión es que hemos pasado del uso al abuso y ya no sabemos poner límites”. De esta forma, no hay manera de responder más tarde o de subir la foto de lo que se está haciendo, unos minutos después.

Callao lamentó que tengamos “la atención dividida entre las personas físicas con las que estamos compartiendo un espacio y el mundo virtual, al que tenemos que atender con suma urgencia. Por ese motivo, es imposible presentar atención plena y disfrutar de ninguna de las dos cosas al completo”.

El efecto like

La adicción al feedback es otro motivo por los que estamos siempre pendientes de nuestras redes sociales. El like (me gusta) es uno de ellos. De acuerdo a la psicóloga, en nuestro cerebro, “concretamente en el sistema de recompensa, proporciona una satisfacción inmediata, un placer efímero al que, poco a poco, nos vamos enganchando”.

Asimismo, la vida virtual tiende a deshinibir a quienes son más tímidos en la realidad, lo que produce un sentimiento de “libre expresión”. “Es más fácil apagar el teléfono, que levantarte y marcharte en una discusión. Lo que hacemos a través del teléfono es real”, explicó Callao.

¿Cómo evitar que dañe las relaciones?

“Las consecuencias del phubbing son de diferente índole, pasando por el deterioro de nuestras relaciones sociales, familiares y de pareja”. informó Callao. “En los casos más graves, pasa a ser un problema de adicción cuando empieza a ocupar demasiado tiempo y ocasiona que no realicemos el resto de tareas del día a día, de una manera correcta”, puntualizó.

Por lo anterior es que recomendó “tomar consciencia de todo el tiempo que destinamos a nuestros móviles y aceptar que existe un problema”.

Por su parte, Guillén no otorga mucha credibilidad a que “las nuevas generaciones no van a ser capaces de relacionarse cara a cara”, puesto que “sigo viendo niños jugando en los parques y amigos comiendo en un banco, igual captamos ese instante y los subimos a Instagram, pero no hemos cambiado tanto como para alarmarnos”.

De todas formas, la Revista de Profesores de la Asociación Comercial (APEC) de Puerto Rico advirtió que esta situación provoca serios daños en las relaciones interpersonales, en la salud mental y física y, además, disminuye la productividad en el empleo.

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