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La aberrante historia del asesino que devoró a su víctima y sigue en libertad en Japón

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ADVERTENCIA: ESTE ARTÍCULO PODRÍA HERIR LA SENSIBILIDAD DE ALGUNAS PERSONAS, debido a que en él se describen detalles bastante explícitos sobre el crimen y el canibalismo.

La historia de Issei Sagawa no es la de un asesino en serie que aterrorizó a miles de personas, al contrario, el japonés sólo mató a una mujer, pero la crueldad de su crimen y los vacíos legales que lo beneficiaron lo convirtieron en una leyenda.

El 13 de julio de 1981, Sagawa llevó a cabo uno de los crímenes más horrendos de los que se tenga registro. El hombre, que estaba obsesionado con una de sus compañeras en la Universidad de Sorbona en París, no sólo le disparó sino que además la violó, descuartizó y comió de su cadáver durante dos días.

Pero comencemos desde el principio. Issei (o Isaac) nació en Japón en 1949 justo después de la guerra, por lo que sus primeros años no fueron exactamente fáciles. Aunque era hijo de una familia acaudala y con empresas, la guerra los obligó a vivir con lo mínimo.

A todo esto se sumaba que el niño no tenía una contextura saludable para sobrevivir esta delicada situación. De hecho, él mismo se definiría más tarde como “pequeño, feo, con manos pequeñas y pies diminutos”.

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Cuando tenía cinco años comenzó a tener perturbadores sueños que lo marcaron de por vida. En uno de ellos se veía hirviendo en agua caliente y cuando sus padres lo sacaba de la enorme olla, no era precisamente para salvarlo, sino que para devorarlo. En otro sueño, veía que sus padres cocinaban y comían a su hermano menor.

Siempre fui enclenque, desde el día que nací. Mis piernas eran delgadas como lápices. Iba a primero de básica cuando pensé, al ver los muslos de un compañero de clase con su carne temblorosa, ‘Mmm, eso tiene una pinta deliciosa’. Pero no soy homosexual“, reveló en una entrevista con el portal VICE, realizada en 2009.

Sagawa fue creciendo con esas ideas en su mente, a las que se sumaba su obsesión por las mujeres occidentales. “Para cuando iba al bachillerato estaba obsesionado con la actriz occidental Grace Kelly, una obsesión que duró hasta que me fui a la universidad. Fue el principio de mi fascinación por la gente occidental”, agregó. “Antes de que me diera cuenta, las mujeres altas, caucásicas y bellas se convirtieron en detonadores de mis fantasías caníbales”, confesó.

Según él, su fascinación por estas mujeres venían de su baja autoestima. “Soy bajito y feo, y tenía un complejo de inferioridad que me llevaba a idolatrar gente que era el polo opuesto de mí”, dijo.

Pronto empezó a sentir un inmenso deseo por morder a las mujeres, no matar o comerlas, simplemente masticar su carne. “Era una manifestación de deseo sexual. No es que quisiera comerme a alguien cada vez que tenía hambre.“, aclaró en la reveladora entrevista.

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El crimen que cambió su vida

A finales de la década de los 70, Issei decidió estudiar literatura inglesa en Francia. Su padre, que ya se había recuperado económicamente, financió todos sus estudios sin tener la menor idea se lo que pasaba por la cabeza de su hijo o la verdadera razón por la que quería ingresar a una universidad de occidente.

“Fui a París a estudiar y mis antojos antropófagos no parecían aplacarse. Casi cada noche me llevaba una prostituta a casa, intentaba dispararles desde detrás mientras se lavaban en el baño. Lo intenté cientos de veces, pero por alguna razón mis dedos se congelaban y no podía tirar del gatillo“, explicó.

Por ese tiempo, lo obsesionó más consumar ese “ritual asesino” de matar a una chica a toda costa. “Sin embargo, por algún motivo fracasé siempre a la hora de la verdad. Más que moralidad o qué-sé-yo fue mi instinto lo que me frenó. En algún lugar de mi cabeza sabía que yo, y el mundo en el que vivía, se pulverizaría por completo en el momento en que tirase del gatillo”, expresó.

En los pasillos de su universidad conoció a Renée Hartevelt, una hermosa y brillante estudiante neozelanza que hablaba tres idiomas. “Todas las francesas que había conocido eran guapísimas, pero también altivas y totalmente fuera de mi liga, pero esta chica era simpática y cálida. Descubrí tras el asesinato que era judía, lo cual explica probablemente por qué un chico japonés como yo iba a sentir tal afinidad por ella“, dijo a la publicación.

Sagawa y la chica fueron a una fiesta, que cambiaría todo. El hombre la vio en el baño lavandose las manos, imagen que quedó plasmada en sus recuerdos tal como con las prostitutas. Allí supo que sería ella la víctima de su ritual .

Sagawa engañó a la joven para que fuera su maestra de alemán y le ofreció pagarle el sueldo que ella estimara necesario. Desde entonces ambos comenzaron a frecuentarse. Él la invitaba a cenar, a conciertos, a obras de teatro, incluso una vez le escribió una carta de amor confesando lo que sentía por ella. “Desde ese instante, cada vez que la invitaba a mi habitación, me encontraba a mí mismo apuntándola desde detrás con mi pistola. Aún así, no podía disparar”, comentó.

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Ella, en tanto, no lo veía con los mismos ojos, sino que como un admirador inofensivo. Según comentó el mismo hombre, Rénee lo consideraba “débil, feo e insignificante”, pero a pesar de eso, a ella le encantaba conversar con él pues era bastante culto en temas de arte.

La noche del 13 de julio de 1981 Sagawa la invitó a cenar a su casa, y ella aceptó, sin saber lo que le esperaba. Durante la velada le pidió que se sentará en el piso para tomar té como se hacía en su país. Luego la grabó leyendo un poema y avanzada la noche, intentó seducirla.

Cuando ella lo rechazó, él intentó no dejarle ver su enfado, por lo que se paró con la excusa de ir a buscar más vino. Sagawa regresó con un rifle calibre 22 y le disparó por la espalda dos veces. Rénee murió de inmediato.

Respiré hondo. Los pulmones se me llenaron hasta la mitad, aguanté el aliento y disparé. Esta vez no hubo fallo mecánico. La chica murió en el acto sin sentir dolor“, explicó. La autopsia descubrió que el arma disparó con poca fuerza y que en vez de atravesarle el cráneo, la bala simplemente dio vueltas y vueltas dentro de su cabeza.

“Durante un par de segundos pensé en llamar a una ambulancia, pero luego dije,’Un momento, no seas idiota. Has soñado con esto durante 32 años, ¡y ahora por fin está ocurriendo!"”. Fue así como el hombre la desvistió y la miró con detención durante varios minutos. Posteriormente la violó, y luego sintió la necesidad de probar su carne comenzando por la cadera derecha.

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Tras un primer mordisco se dio cuenta que necesitaría de un cuchillo filoso. Así que fue a buscarlo y comenzó a cortar el cuerpo de la mujer en pequeños pedazos, los que comía sin prisa.

Iba cortando más y más hondo, pero sólo veía grasa debajo de la piel. Parecía maíz, y tardé un buen rato en llegar a la carne roja. Cuando vi la carne, arranqué con los dedos un trozo y me lo llevé a la boca. Para mí fue un momento verdaderamente histórico. Dicho esto, no describiría la sensación de despedazar su cuerpo inerte como algo lujurioso; es difícil para mí revisitar el incidente y hablar de todo ello, incluso ahora”, reconoció.

La carne humana, sin embargo, carece de olor. Estoy convencido de que la humana es la más sabrosa de todas las carnes. No despide el fuerte olor de la carne de un animal” continuó. “No me gustó demasiado la carne de las plantas de los pies; encontré, sin embargo, que el cuello era lo mejor. El sabor se vuelve más delicado a medida que vas hacia la parte superior del cuerpo, en especial por encima del torso”, agregó.

En su relato también reveló que le arrancó la lengua de la boca y la comió cruda. “Ni en el cuello ni la lengua hay mucha carne”, aclaró.

Durante varios días el hombre sólo se alimentó del cuerpo de su amiga hasta que ya no quedaba nada. Los restos los puso en dos maletas, las que tiró a un lago cercano a los bosques de Bolonia. El lugar era muy concurrido, por lo que fue cuestión de tiempo para que alguien encontrara las maleta que flotaban en el lugar, que tampoco tenía mucha profundidad.

En el momento en que la chica se convirtió en cadáver me di cuenta de que había perdido a una amiga importante. Por un instante me arrepentí de haberla matado. Lo que realmente deseaba era comerme su carne estando ella aún viva. Nadie me cree, pero mi intención era consumirla, no matarla. A día de hoy aún pienso, ‘Si sólo me hubiese dejado degustarla, sólo un poquito…’. Si hubiésemos pasado otra noche juntos, cenando y hablando sobre nuestras familias, no hubiera podido matarla”, relató.

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Rápidamente la policía francesa dio con Sagawa, quien confesó de inmediato. Tras esto fue detenido y procesado como enfermo mental, quedando bajo arresto en el Instituto Psiquiátrico Paul Guiraud.

A pocos meses de su juicio, Sagawa comenzó a tener fuertes dolores que los médicos diagnosticaron como encefalitis aguda. Según ellos sólo le quedaban meses de vida, por lo que su padre consiguió que fuera trasladado a Tokio, donde sería internado en otra institución psiquiátrica de alta seguridad.

La justicia francesa no evitó el traslado e incluso retiró los cargos en su contra. Lo curioso fue que en su llegada a Tokio, los médicos descubrieron que el hombre no padecía encefalitis sino que de una simple infección intestinal y que, claramente, no era una enfermedad terminal.

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Como en Tokio no había cargos en su contra y Francia los había retirado, Sagawa quedó en completa libertad. A partir de entonces se convirtió en una figura estelar invitada a todos los programas de su país y dando diversas entrevistas, donde contaba en detalle lo que había sucedido con Rénee.

Su historia causó tanto morbo que incluso se escribieron libros sobre lo ocurrido, uno de los cuales fue narrado por él mismo y que, por supuesto, se convirtió en un éxito de ventas. Posteriormente vendría un manga dibujado por él y varios documentales.

“Un asesino en serie llamado Tsutomu Miyazaki mató a varias chicas jóvenes en verano de 1989, y los medios de comunicación vinieron en tropel a mi casa para pedir mi opinión sobre el caso. Tal exposición mediática hizo que varias revistas publicaran mis ensayos”, aseguró.

Desde entonces ha publicado uno o dos libros cada año, incluyendo uno titulado Gokushiteki Bijyogenso [Fantasías Extremadamente Íntimas con Mujeres Bellas].” Mediante dibujos y textos retrata lo que siento hacia los mujeres, sin hacer énfasis en el canibalismo. Espero que la gente que lo lea deje de pensar en mí como en un monstruo”, afirmó.

Actualmente el asesinó tiene 67 años y vive en Tokio, donde es crítico de restaurantes y conserva su rol se celebridad. También trabaja como comentarista de espectáculos en programas de televisión.

“Todavía tengo el impulso sexual de querer devorar el cuerpo de una mujer hermosa, por supuesto. Si a un hombre normal le gusta una chica, es natural que tenga deseos de verla a menudo, estar cerca de ella, besarla y percibir su olor, ¿no es cierto? Comer su carne es, para mí, una extensión de esos deseos. Evidentemente la gente no lo comprende pero sí, aún tengo deseos comerme a la chica, pero no necesariamente matarla”, reiteró.

“Una vez muerta, sólo es un cadáver, una “cosa”. Si fuese posible, me gustaría comérmela viva. Con franqueza, no me explico cómo es que los demás, todo el mundo, no siente la necesidad, el impulso de comerse a otras personas. ¿A ti no te sucede?”, preguntó.

Para finalizar la entrevista, Issei decidió contar la peculiar forma en la que le gustaría morir. “Me gustaría invitar a cualquier chica que desee matarme a que dé un paso adelante. Sólo mujeres bellas. Esa sería para mí la forma idónea de morir”, explicó.

“Tal vez puedan inyectarme morfina para que no sienta dolor, aunque me da la impresión de que el dolor forma parte del placer. Morir al instante es aburrido; quiero saborear el proceso de ser asesinado”, dijo.

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