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Gaydar: ¿un efectivo ’radar gay’ o una suma de estereotipos?

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Seguramente más de alguna vez escuchaste a algún amigo o amiga decir que tenían un impecable ‘gaydar’, esa especie de ‘radar’ que se utiliza para identificar a homosexuales, principalmente hombres, sólo con mirarlos o cruzar un par de palabras.

A menudo estas afirmaciones vienen seguidas por frases como “yo nunca me equivoco” o “tengo tantos amigos gays que ya sé identificarlos”, como si existiera una necesidad intrínseca de confirmar la orientación sexual de tal persona.

Algunos gays pueden caer en esta evaluación preliminar para saber si coquetear o no -como si aquello fuese garantía de algo- y otros simplemente para emparejar a algún amigo, -como si sólo por el hecho de tener la misma orientación sexual, esas personas podrían llegar a tener una relación-.

Seguramente si consultas a un grupo homosexual, varios te respondan que sí existe el famoso ‘gaydar’ y otros, más cautos, indicarán que sólo se trata de estereotipos y prejuicios.

Lo cierto, es que la ciencia no ha podido determinar con exactitud si nuestro cerebro esconde algún ‘arma secreta’ para detectar orientaciones sexuales, aunque sí existen algunas aproximaciones interesantes de revisar.

Dave Pitt (CC)
Dave Pitt (CC)

En 2010 el neurólogo británico Simon LeVay, famoso por sus estudios en el campo de estructuras cerebrales y orientación sexual, escribió el libro Gay, Straight and the Reason Why: The Science of Sexual Orientation (“Gay, hetero y sus razones: La ciencia de la orientación sexual”) donde define lo que sería el ‘gaydar’ de manera sencilla y comprensible: “La habilidad de saber quién es gay sin la ayuda de información explícita sobre su orientación sexual“.

De este modo, el famoso radar gay no sería más que la identificación de determinadas características de una persona, a partir de su relación con el género y las concepciones socialmente aceptadas que ‘diferencian’ a hombres y mujeres en una determinada sociedad.

Así, podríamos señalar que primero existe un ‘radar de género’ que se convierte en ‘gaydar’ cuando observamos discordancias entre las características entendidas socialmente como propias de un género y el sexo de una persona.

En este punto, podríamos enumerar un sinfín de elementos que -para muchos- pueden ser ‘delatadores’: como un hombre usando maquillaje o incluso uno al que no le gusta practicar o ver fútbol. Así de amplio sería el margen si nos detenemos aquí.

Por lo mismo, un grupo de investigadores quiso tomar en serio esta discusión, por lo que llevaron a cabo un sencillo experimento para determinar si realmente existe este popular radar.

Los científicos de la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos, publicaron un artículo en la revista científica Journal of Sex Research, donde señalan que este supuesto ‘gaydar’ no sólo no es exacto, sino que también confirma un tipo de estereotipo bastante dañino entre quienes creen tener la verdad sobre el comportamiento y características de una persona de acuerdo a su orientación sexual.

Si bien la mayoría de las personas pueden coincidir en lo mal que hacen los estereotipos, cuando les pones otra etiqueta y lo camuflas como ‘gaydar’, parece ser que se vuelve más social y personalmente aceptable”, indicó William Cox, investigador asistente del departamento de psicología de la mencionada institución y líder del estudio.

En esta línea, la investigación se llevó a cabo diciéndole a un grupo de participantes que el ‘gaydar’ efectivamente existía, mientras que a otro grupo se les dijo que no era más que otra manera de estereotipar a las personas.

Luego se les pidió a estos dos bandos que determinaran si un hombre era homosexual o heterosexual a través de sus perfiles de redes sociales, donde podían ver fotos, gustos personales y otros comportamientos.

Facebook
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Algunos de los participantes indicaron como “estereotipos gays” el gusto por la moda o las compras, y otros asociaron actividades como la caza o los deportes, a estereotipos “más masculinos” o derechamente heterosexuales.

El experimento determinó que el grupo al que se le dijo que sí existía el ‘gaydar’ recurrió a más estereotipos para identificar a supuestos homosexuales. En tanto, a los que se les dijo que era otra forma de estereotipar, fueron más cautos a la hora de sus juicios.

Otra arista de este estudio, interesante de revisar, afirma haber desacreditado una investigación previa que asegura que el ‘gaydar’ sí existe, luego de realizar un curioso ejercicio.

En el estudio llevado a cabo en 2012 por los psicólogos estadounidenses Joshua Tabak (Universidad de Washington) y Vivian Zayas (Universidad de Cornell), se determinó la existencia de este radar gay a partir de la sensibilidad a las características faciales así como su relaciones espaciales entre ellas.

Para ello, realizaron experimentos en los que los participantes vieron fotografías de rostros de hombres y mujeres y luego los clasificaron como homosexual o heterosexual. Las fotografías se mostraron rápidamente (apenas 50 milisegundos). Además, la mayoría de las imágenes carecían de señales culturales como peinados, maquillaje, piercings, lentes de sol, tatuajes, entre otras.

Una de sus argumentaciones para llevar a cabo este experimento fue, por ejemplo, la relación entra el ancho y alto del rostro, señalando que esta característica física difiere entre hombres y mujeres (los hombres tienen una proporción mayor) refleja la liberación de testosterona durante la adolescencia en los hombres.

De acuerdo a sus resultados, las personas fueron capaces de distinguir si una persona era gay solo en el 60% de los casos.

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Otra conclusión novedosa señala que en el experimento los participantes fueron más precisos al juzgar la orientación sexual de las mujeres (64%) que la de los hombres (57%). De acuerdo a los psicólogos, esto sucede porque las personas tienden a interpretar con indiferencia los rasgos faciales que podrían llevar a un hombre a ser catalogado como homosexual.

Es decir, es posible que las caras de hombres heterosexuales que se perciben como “ligeramente afeminadas”, se clasifiquen incorrectamente como homosexuales, mientras que las caras de mujeres heterosexuales que se perciben como “ligeramente masculinas”, todavía pueden verse como hétero.

Eso estaría en la línea de que tan estricta es nuestra sociedad para aplicar normas de género con los hombres, sobre todo en la cultura occidental, donde se considera mucho más problemático para un niño jugar con muñecas que una niña juegue a deportes bruscos”, explicaron.

No obstante, Cox señaló en su investigación estar en desacuerdo con los porcentajes que exponen Tabak y Zayas, pues indicaron que el hecho de que un 60% haya sido preciso en determinar que una persona es homosexual a partir de su rostro, no quiere decir necesariamente que el 40% restante haya estado equivocado.

Tomando en cuenta que tan solo entre un 3% y 8% de la población mundial pertenece a la comunidad LGBTI, según Cox, esto podría indicar fácilmente que el 93% de los juicios o conjeturas acerca de la orientación sexual de una persona, a partir de la apreciación de las características mencionadas anteriormente, podrían ser incorrectas en el día a día.

En este sentido, concluyó que una de sus motivaciones para llevar a cabo este estudio, era derribar el mito del ‘gaydar’ y comenzar a hablar de lo que realmente esconde: una suma de estereotipos más perjudiciales de lo que la gente realmente cree.

Reconocer cuando estamos en presencia de un estereotipo, puede ayudarnos a pasar de largo y que no influya en nuestras acciones o juicios”, puntualizó el investigador.

A partir de estas dos experiencias, lo más sensato es, más allá de si existe o no el famoso ‘gaydar’, cuestionarse cuál es la relevancia de intentar adivinar la orientación sexual de una persona, más allá del morbo o de la falsa creencia que todos los homosexuales responden a características iguales y, por ende, pueden agruparse bajo un solo conjunto.

Claramente esto termina transformándose en una suma de estereotipos dañinos para una sociedad que debería apuntar a ser cada más inclusiva y menos juiciosa con la vida privada e intereses de cualquier persona.

Por último, un consejo que puede parecer obvio para muchos pero que no está de más mencionar. Si te interesa saber la orientación sexual de una persona, ya sea por curiosidad o porque tienes deseos irrefrenables de presentársela a un amigo o amiga, simplemente podrías intentar preguntarle directamente, en vez de pasarte varios minutos observando sus fotos de Facebook, sus intereses o la forma en que habla y/o viste. ¿No crees?

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