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6 maneras en que un niño parece "portarse mal" pero en realidad no es así

Ben White (CC) Unplash
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A los adultos muchas veces les cuesta comprender el actuar de los más pequeños y desde su óptica, el pequeño simplemente “se porta mal” o no es un “buen niño”. Pero lo cierto es que muchas cosas que calificamos como “mal comportamiento” en realidad no lo son.

Erin Leyba, reconocida psicoterapeuta especialista en paternidad, relaciones de pareja y ansiedad, publicó una columna en el portal especializado Psychology Today, donde señala 10 comportamientos mal vistos de los niños que deberíamos entender.

1. Cuando no controla sus impulsos

“¿Alguna vez le dijiste a tu hijo ‘¡No tires eso!’ y él simplemente lo tiró de todos modos?”, pregunta la psicologa.

Ella explica que la investigación sugiere que las regiones cerebrales involucradas en el autocontrol son inmaduras al nacer y no maduran completamente hasta el final de la adolescencia, lo que explica por qué el desarrollo del autocontrol es un “proceso largo y lento”.

La especialista indica que una encuesta reciente reveló que muchos padres asumen que los niños pueden hacer cosas en edades más tempranas que las que realmente pueden. Por ejemplo, el 56% de los padres considera que los niños menores de 3 años deben resistir el deseo de hacer algo prohibido, mientras que la mayoría de los niños no dominan esta habilidad hasta los 3 años y medio.

“Recordar que los niños no siempre pueden manejar sus impulsos (porque sus cerebros no están completamente desarrollados) pueden inspirar reacciones más suaves a su comportamiento”, dice la experta.

Unsplash.com
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2. Cuando son hiperactivos

En el mundo actual podemos llevar a nuestros niños al supermercado, al cine, y al parque en una sola mañana, así que no es raro que luego el pequeño se comporte de manera hiperactiva o resistente.

Los horarios frenéticos, la sobreestimulación y el agotamiento son características de la vida familiar moderna.

La investigación sugiere que el 28% de los estadounidenses “siempre están apurados” y el 45% informan que no les sobra el tiempo.

Kim John Payne, autor del libro Simplicity Parenting, argumenta que los niños experimentan una “reacción de estrés acumulada” debido al enriquecimiento, la actividad, las múltiples opciones y los juguetes.

El autor afirma que los niños necesitan toneladas de “tiempo de inactividad” para equilibrarse. Cuando los dejamos tener tiempo tranquilo, tiempo de juego y tiempo de descanso, el comportamiento de los niños suele mejorar dramáticamente.

3. Cuando se ponen mal genio por cosas básicas

¿Alguna vez te has enojado porque tienes hambre o pierdes la paciencia rápidamene porque has dormido mal?, pregunta la terapeuta.

“Los niños pequeños se ven diez veces más afectados por las ‘condiciones básicas’ de estar cansados, hambrientos, sedientos o enfermos. La capacidad de los niños para manejar las emociones y el comportamiento disminuye considerablemente cuando están cansados, por ejemplo”, explica.

“Muchos padres también notan un cambio brusco en el comportamiento de los niños aproximadamente una hora antes de las comidas, si se despertaron por la noche, o si están sufriendo una enfermedad. Los niños no siempre pueden comunicarse bien o ‘ayudarse a sí mismos’ como los adultos pueden”, añade.

Danielle Truckenmiller (cc) Pexels
Danielle Truckenmiller (cc) Pexels

4. Cuando lloran o gritan en momentos inadecuados

“Como adultos, nos han enseñado a domar y ocultar nuestras grandes emociones”, dice la especialista, añadiendo que muchas veces simplementes las ignoramos, las desplazamos, o usamos distractores para evitarlas. Pero, los niños no pueden hacer eso todavía.

Janet Lansbury, educadora de la primera infancia, sugiere a los padres no castigar ni retar a los niños cuando muestran sus emociones de manera poderosa como cuando gritan o lloran, ya que ellos no pueden reprimir sus emociones de manera consciente.

Por otro lado, cuando los padres son inconsistentes con los límites, esto naturalmente provoca la frustración de los niños y los impulsa a quejarse, llorar o gritar. Al igual que los adultos, los niños quieren (y necesitan) saber qué esperar, dice Erin.

Si un día se le permite una cosa y al otro se le prohíbe, o se le promete algo que no se cumple (sea positivo o negativo), el niño responderá a eso. “Cualquier esfuerzo para ser 100% consistente con los límites y rutinas mejorará seriamente el comportamiento de los niños”, dice la terapeuta.

5. Cuando no pueden quedarse tranquilos

“Siéntate”, “deja de perseguir a tu hermano”, “deja de pegarle a esa silla”, “deja de saltar en el sofá”, y muchas más similares, son cosas que los padres se la pasan diciéndole a sus hijos.

Erin explica que los niños tienen una necesidad de toneladas de movimiento cuando están en desarrollo.

“Tienen una tremenda necesidad de hacer cosas (…). En lugar de llamar a un niño ‘malo’ cuando están actuando de manera enérgica, puede ser mejor organizar una salida rápida al patio o un paseo cerca”, recomienda.

6. Cuando son porfiados e insisten en ser independientes

Cuando un niño insiste en hacer cosas para las que los padres consideran que no están preparados, lo habitual es que no se les permita.

El psicoanalista Erik Erikson postula que los niños pequeños intentan hacer las cosas por sí mismos, y que los preescolares toman la iniciativa para llevar a cabo sus propios planes.

A pesar de que es molesto cuando un niño corta su propio pelo, raya las paredes, insiste en cocinar o construye un fuerte con 8 sábanas recién lavadas, están haciendo exactamente lo que se supone que deben hacer: tratar de Llevar a cabo sus propios planes, separarse, tomar sus propias decisiones, y convertirse en una pequeña persona independiente.


A tener en cuenta

Múltiples estudios de investigación sobre el contagio emocional han encontrado que sólo se necesitan milisegundos para que las emociones como el entusiasmo y la alegría, así como la tristeza, el miedo y la ira, pasen de persona a persona, y esto ocurre sin que nadie se dé cuenta.

Los niños son especialmente sensibles al estado de ánimo de sus padres. Si estamos estresados, distraídos, bajoneados, o frustrados, los niños emulan estos estados de ánimo. Cuando estamos tranquilos y fuertes, los niños tendrán un modelo a seguir potente, dice Erin.

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