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¿Por qué no podemos (ni debemos) estar siempre felices?

Pannonius | VisualHunt
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Desde los años 90, el estudio de la felicidad ha llamado la atención de la Psicología. Desde entonces, miles de investigaciones han ahondado en este tema como una forma de aportar al bienestar de las personas y ayudarlos a tener una vida más satisfactoria.

No obstante, para el psicólogo Frank T. McAndrew, profesor de la Universidad de Knox College, ubicada en Illinois, Estados Unidos, tales esfuerzos por “mejorar la felicidad” son un tanto inútiles, pues estaríamos programados para estar insatisfechos la mayor parte del tiempo.

¿Pero qué quiere decir eso? Según el experto, se reduce a un principio que muchos escuchamos de nuestros padres cuando pequeños: no se puede tener todo.

Y es que parte del problema sería que la felicidad no es solo una cosa. Es ese el enfoque que las personas deberían cambiar, señala en una columna publicada en The Conversation, un portal australiano que reúne a expertos y académicos de diversas temáticas para que den a conocer sus investigaciones y generar discusión.

El autor cita a una filósofa llamada Jennifer Hecht, quien ha estudiado la historia de la felicidad. En un libro llamado El mito de la felicidad, Hecht asegura que todos experimentamos diferentes tipos de felicidad, pero que éstos no son necesariamente complementarios. Y que algunos tipos de felicidad pueden entrar en conflicto con otros.

En otras palabras, tener “demasiada felicidad” de un tipo, puede poner en riesgo nuestra habilidad para tener suficiente de otras. Por lo que es imposible que disfrutemos al mismo tiempo de todos los tipos de felicidad que existen y en igualdad de condiciones.

El experto ejemplifica: “Una vida satisfactoria construida sobre la base de una carrera exitosa y un buen matrimonio, es algo que toma un largo periodo de tiempo. Toma un montón de trabajo y a menudo requiere evitar placeres superficiales, como salir de fiesta o irse de vacaciones constantemente. También significa que no puedes pasar mucho tiempo descansando o disfrutar seguido de la compañía de buenos amigos“.

Y es que manteniendo tus esfuerzos enfocados en tales objetivos, puede que estés renunciando, sin darte cuenta, a otros placeres de la vida, por lo que si bien tu felicidad puede aumentar en un área, como en este caso sería la familia y tu vida profesional, lo más probable es que se reduzca en otros aspectos. Es natural.

Todo tiempo pasado fue mejor y el futuro siempre traerá cosas buenas

McAndrew asegura, además, que uno de los principales problemas es cómo nuestro cerebro procesa la experiencia de felicidad.

Más de alguna vez hemos escuchado a alguien decir: “Va a ser genial cuando… (vaya a la universidad, me enamore, tenga hijos, etc.). En la misma línea, también es recurrente oír a personas mayores hablar del pasado como la mejor época de sus vidas.

floffimedia (cc) | Flickr

La pregunta que plantea el autor es, ¿has escuchado a alguien decir alguna vez ‘no, es genial, justo ahora’?

Sin dudas, nuestro pasado y el futuro no siempre son mejor que el presente, sin embargo, seguimos pensando que ese es o será el caso.

Mark indica que este pensamiento es como ladrillos que encapsulan la dura realidad en aquella parte de nuestro cerebro que piensa sobre la felicidad pasada y la que quisiéramos experimentar en el futuro.

La evidencia de porqué nuestros cerebros funcionan así, explica, es que la mayoría de nosotros posee algo que se llama “sesgo optimista”, y que es la tendencia a pensar que nuestro futuro será mucho mejor que nuestro presente.

Los psicólogos cognitivos también han identificado algo llamado “El principio de Pollyanna”, lo que quiere decir que procesamos, ensayamos y recordamos más la información agradable del pasado que la desagradable. Aunque una excepción a esto son las personas que sufren depresión, pues a menudo se enfocan en los fracasos y decepciones que han tenido en el pasado.

No obstante, para la mayoría, la razón de que los “viejos tiempos” parezcan tan buenos, es que nos concentramos en lo agradable y tendemos a olvidar aquellos momentos incómodos o que nos provocaron algún sentimiento negativo.

El psicólogo explica que estos delirios sobre el pasado y el futuro podrían ser una parte adaptativa de la psique humana, como una especie de “autoengaño” que nos permite seguir luchando día a día. Si nuestro pasado fue genial y nuestro futuro puede ser mejor aún, entonces podremos trabajar en huir de aquello que nos desagrada o, al menos, de  un presente que nos parece poco atractivo.

Lo importante de todo esto, es que nos dice algo sobre la fugacidad de la felicidad. Trabajamos muy duro para llegar a una meta y nos anticipamos a la felicidad que esa meta nos podría brindar. Por desgracia, ocurre que después de un breve análisis sobre la situación, muchas veces no terminamos de convencernos y decidimos dar un paso al costado y volver a nuestra línea de partida, y volvemos a perseguir otro objetivo que creemos que ahora sí nos traerá esa ansiada felicidad.

Aunque suene un tanto deprimente, el académico señala que debería ser todo lo contrario, pues si reconocemos que la felicidad existe y que es una visita que nunca abusa de nuestra hospitalidad, podremos apreciarla mucho más cuando se haga presente.

Por otra parte, la comprensión de que es imposible ser feliz en todos los aspectos de la vida, nos puede ayudar a disfrutar simplemente de la felicidad que nos ha tocado en un determinado momento.

Y es que reconociendo que “nadie lo tiene todo”, podremos reducir la única cosa que los psicólogos han identificado como un tope para ser feliz: la envidia.

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