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Por el bien de Fiyi, menos carbón

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Al finalizar la cumbre climática con la presidencia de Fiyi, en Bonn, Alemania, millones de hogares del hemisferio norte están empezando a encender sus estufas, cocinas, o calderas a leña. La nación isla de Fiyi, uno de los países más amenazados por el cambio climático pareciera no tener relación con una simple estufa a leña. Pero la realidad es que el acto histórico de hacer fuego y el destino de las islas están íntimamente ligados.

El problema es que la emisión de carbono negro (hollín) de las estufas a leña ineficientes, además del ya conocido CO2, metano, precursores de ozono, y otros contaminantes, son especialmente intensas en regiones cerca del Ártico, particularmente Suecia, Noruega y Alemania, o en otros países que obtienen su agua desde los glaciares como Chile y su cordillera de los Andes. Todos estos contaminantes calientan el clima, pero el carbono negro tiene un efecto mucho más multiplicador. Esto es especialmente cierto cuando se deposita sobre la nieve y hielo, oscureciendo la superficie y acelerando el derretimiento.

Incluso pequeñas cantidades de carbono negro pueden aumentar exponencialmente el derretimiento, como dijo la glacióloga ártica Dra. Heidi Sevestre durante la COP23: “Hemos visto que el hielo y nieve contaminada con carbono negro a niveles casi invisibles al ojo, se derriten mucho más rápido”. Pero, además, se puede transportar lejos. El carbono negro de la leña de américa del norte ha sido rastreado hasta Canadá o Groenlandia; el de Europa en el océano Ártico hasta el Polo Norte.

El derretimiento acelerado de los glaciares, especialmente las capas de hielo de Groenlandia y Antártica se traducen en un aumento de nivel del mar más rápido y alto en Fiyi, o países bajos como Bangladesh.

La leña, por otro lado, tiene un efecto inmediato en la salud de las personas que conviven con su uso. La contaminación extrema de Paris, Londres, Santiago y Varsovia venía en gran parte por la leña, o en el caso de Polonia, de estufas a carbón mineral. A nivel global la OMS estima que 4 millones de personas mueren al año en forma prematura por enfermedades asociadas a la contaminación de calefacción y cocina con combustibles fósiles, incluyendo más de la mitad de las muertes prematuras por neumonía de niños menores de cinco años.

Esto porque las pequeñas partículas producidas por la quema ineficiente de leña penetran profundamente en los pulmones humanos. Además, se les vincula a enfermedades asociadas ala población de adultos mayores, incluyendo infartos, enfermedades coronarias y cáncer al pulmón. El fuego ineficiente también acumula más hollín y creosota (aceite espeso) en la chimenea, aumentando el riesgo de incendio.

Un estudio reciente de la Coalición por el Clima y Aire Limpio (CCAC), mostró que las estufas a pellet o de combustión reversa tiene muchos menos emisiones, incluido hollín. Si la leña viene de fuentes sustentables, estas tecnologías pueden ser una buena transición desde los combustibles fósiles, especialmente para hogares alejados a las redes energéticas tradicionales. Apoyo mediante subsidios como el Programa de Recambio de Calefactores de Chile pueden acelerar la renovación.

Mientras tanto, como no todos pueden comprar una estufa nueva, los hogares que usan leña pueden bajar sus emisiones y ahorrar en una forma muy simple: encender y operar estufas a leña de forma correcta.

La campaña “Burn Right” se lanzó esta semana en Suecia, como ya se hizo en Chile en invierno pasado. Al encender un fuego desde arriba (o invertir el fuego) se aprovecha la ventilación natural, al usar leña seca o simplemente cargando lo necesario, se puede sacar más provecho a la madera, con menores emisiones. La climatóloga y glacióloga francesa Heidi Sevestre, que creció en los Alpes usando leña le enseñó hace poco esta técnica a su padre: “Pequeños cambios en nuestros hábitos pueden ayudar a los glaciares y al hielo oceánico”, dice.

Estas técnicas, y un video demostración están disponible en la página de la CCAC www.burnright.org, en todos los idiomas.

El humo de las estufas a leña daña la salud humana y causa cambio climático, especialmente en el Ártico o en zonas cordilleranas. Si nos hacemos cargo –cada ciudadano, en cada poblado– de cómo quemamos la leña podemos contribuir en inmediatamente en forma positiva para cuidar la salud y el clima del planeta entero. Lo único que se requiere es actualizar un poco esta actividad ancestral del ser humano. Tus vecinos y Fiyi te lo agradecerán.

Erik Solkheim, Director Ejecutivo, ONU Ambiente

Karolina Skog, Ministra del Medio Ambiente, Suecia

Marcelo Mena, Ministro del Medio Ambiente, Chile

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