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"Todo hecho a mano": Rosalía, el local premiado por vender la mejor empanada de Santiago

Cristóbal Torres | BBCL
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A dos semanas de Fiestas Patrias, ya se conoce el ranking de las mejores empanadas de la capital. Título que otorga el Círculo de Cronistas Gastronómicos y que este año tuvo como ganador a “Rosalía”, un proyecto familiar que comenzó en 1978 y que la semana pasada se coronó como la casa de la mejor empanada de pino de Santiago.

Desde la comuna de Lo Barnechea los teléfonos no dejan de sonar en “Rosalía”, sus dueñas aseguran que una vez que los críticos las premiaron, su demanda aumentó considerablemente y hubo colapso de pedidos.

“Nos avisaron el sábado en la tarde que habíamos ganado y el domingo a las 12:00 ya no había nada, ni pino, ni queso, nada”, comentó a BioBioChile Yanette Figueroa, una de las dueñas de la panadería.

Cabe mencionar que son ocho familiares las que lideran la panadería, quienes junto a dos hornos y una serie de bandejas listas para despachar, comienzan la jornada laboral a las 9:30 de la mañana para concluir a las 18:00.

“Nosotras siempre hemos tenido trabajo, pero del domingo que llevamos haciendo pino todos los días, empanadas todos los días y muchos pedidos”, agregó.

El pino y el comino

Al ser consultadas sobre la fabricación de empanadas, Figueroa lo hace parecer sencillo. “Todo es hecho a mano, la masa, todo, no hay máquinas y nos ayuda mi sobrino”.

El círculo de críticos se basó en características específicas para dirimir en la decimocuarta versión del concurso: masa delgada, suave, consistente, ligeramente quebradiza, con suficiente manteca, pliegues proporcionados y bien horneada.

Asimismo, el pino debe ser un guisado jugoso, equilibrado, hecho con carne de vacuno de buena calidad, de preferencia picada, sin nervios o trozos de grasa y aliñado con comino.

Características que según el círculo de especialistas, “Rosalía” cumple con creces, desde la cebolla, cantidad justa de pino y un perfecto horneado.

No obstante, su dueña recuerda que no todo fue “maravilloso”, puesto que en sus inicios, su madre, de nombre Rosalía, no dominaba bien el arte de fabricar empanadas.

“Ella comenzó sola, haciendo pocas, a veces no le quedaban buenas, sobre todo la masa que es lo más complicado, le costó sacar el permiso porque ella trabajaba sin permiso, pero acá estamos”, comentó orgullosa Figueroa mientras atendía pedidos.

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