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Conoce la carta que los estudiantes de la PUC le entregaron al Papa por casos de abusos
Publicado por: Alberto González La información es de: Sebastián Vásquez
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Estudiantes de la Pontificia Universidad Católica le entregaron una carta al papa Francisco, donde critican el rol pasivo de la Iglesia en casos de abusos sexuales, durante una actividad desarrollada en la casa de estudios.

Se trat√≥ del √ļltimo encuentro que encabez√≥ el romano pont√≠fice en Santiago, que congreg√≥ a 3.100 personas.

All√≠, el pont√≠fice realiz√≥ reiterados llamados al di√°logo, al encuentro entre comunidades y a reflexionar. Lo anterior, a prop√≥sito de su diagn√≥stico en torno a situaciones que -a su juicio- ‚Äúexigen ser repensadas‚ÄĚ, aunque sin mencionarlas de forma expl√≠cita.

Un llamado a la convivencia nacional que efectu√≥ la m√°xima autoridad eclesi√°stica, donde agreg√≥ que ‚Äúlo que hasta ayer pod√≠a ser un factor de unidad y cohesi√≥n, hoy est√° reclamando nuevas respuestas‚ÄĚ.

Palabras que no fueron al azar, pues vinieron a refrendar las declaraciones del rector de la Universidad Católica, Ignacio Sánchez, respecto del aborto. El directivo se comprometió, a nombre de la institución, a respetar la vida desde la fecundación hasta la muerte natural.

En este encuentro participaron adem√°s miembros de la Federaci√≥n de Estudiantes del mencionado plantel, quienes entregaron al Papa una carta de dos planas, donde afirmaron que ‚Äúlamentablemente, existen dos Chiles: uno para quienes pueden pagarlo y otro para los excluidos‚ÄĚ.

Adem√°s, que han ‚Äúvisto como el clero ha tenido un rol pasivo y muchas veces de encubrimiento con los responsables de abusos sexuales, protegiendo as√≠ la imagen de la Iglesia por sobre la verdad‚ÄĚ.

La presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, Josefina Canales, emplazó a la Iglesia a hacerse cargo de las desigualdades.

En la oportunidad, un grupo de jóvenes desplegaron un lienzo y realizaron manifestaciones que terminaron con siete detenidos.

Lee la carta completa a continuación:

Su Santidad Papa Francisco:

Como Directiva de Federaci√≥n de la Universidad Cat√≥lica agradecemos su visita al pa√≠s y a nuestra universidad. Esta venida abre la oportunidad para discutir sobre diversos hechos que han acontecido durante los √ļltimos a√Īos en Chile y en nuestra universidad.

La Iglesia cat√≥lica ha jugado un rol importante a lo largo de toda la historia de Chile, constituy√©ndose como un actor social relevante en la vida p√ļblica y privada de los chilenos y chilenas. Este largo camino ha tenido encuentros y desencuentros, momentos en que se ha encontrado con el pueblo chileno y momentos en los que se ha alejado. Durante a√Īos la Iglesia se aboc√≥ en la b√ļsqueda de cambios que intentaran transformar el injusto presente de los m√°s necesitados en Chile. Jug√≥ un papel trascendental en lograr la reforma agraria que trajo dignidad al campesinado chileno, que se encontraba en condiciones similares a la esclavitud. En otros momentos, se preocup√≥ tambi√©n de impulsar el sindicalismo obrero, que tanto hac√≠a falta en Chile. Tambi√©n protegi√≥ a los perseguidos por la dictadura, arriesgando incluso la vida de sus propios miembros. Sin embargo, hoy vemos como esa b√ļsqueda de mayor justicia social ha sido abandonada por la Iglesia chilena, la cual ha olvidado su rol social.

Hace una década nuestro país empezó a vivir intensas transformaciones sociales que han ido en la línea de incluir a los más postergados dentro de nuestra sociedad, una sociedad que sufre de una enorme desigualdad económica y social, donde derechos básicos, como el acceso a vivienda, educación y salud digna no están garantizados y, en gran parte, dependen de la capacidad de pago de las familias. Hoy en día, lamentablemente, existen dos Chiles: uno para quienes pueden pagarlo y otro para los excluidos. Movimientos sociales como el estudiantil, el de pensiones, el de una vivienda digna y el feminista han buscado reivindicar demandas sociales de un pueblo silenciado. Estas demandas han sido apoyadas por gran parte de población, pero han tenido un gran ausente: la Iglesia chilena.

Hemos visto como el clero ha tenido un rol pasivo y muchas veces de encubrimiento con los responsables de abusos sexuales, protegiendo as√≠ la imagen de la Iglesia por sobre la verdad, al victimario por sobre a la v√≠ctima. Con esto se ha causado un da√Īo tremendo a las v√≠ctimas y sus familiares, y adem√°s se ha fomentado la impunidad de quienes merec√≠an castigo. En nuestra universidad, donde usted es el m√°ximo jerarca, hemos tenido tibios avances, con un protocolo de abusos que se demora m√°s de 9 meses en entregar respuestas, meses que son de silencio incertidumbre y angustia para las v√≠ctimas. Hemos visto medidas insuficientes en la prevenci√≥n, y tambi√©n hemos visto el dolor y la angustia de las v√≠ctimas por la ausencia de la universidad. La Iglesia ha elegido ser ciega a la hora de ver los casos de abusos y muda a la hora de denunciarlos. Misma suerte ha corrido nuestra universidad muchas veces.

Desde el 2006 la sociedad chilena ha salido a las calles a manifestarse por el derecho a la educaci√≥n, consagrado para todas y todos, sin discriminar por capacidad de pago. Por una educaci√≥n que deje de preocuparse de lucrar en vez de educar. Este modelo educativo ha dejado a miles de estudiantes y familias con una pesada mochila de deudas y sue√Īos rotos. Esta larga lucha ha buscado reformas estructurales, que alejen la educaci√≥n del mercado y la acerquen a las salas de clases. Pero hemos visto que estas reformas no han llegado, y una peque√Īa √©lite ha buscado cerrar acuerdos entre ellos, a espaldas de la ciudadan√≠a. La Iglesia nuevamente no estuvo con los movimientos sociales, como ha predicado hist√≥ricamente. Estuvo lejos de las calles y cerca de quienes buscaban cerrarle las puertas a la ciudadan√≠a, cerca de los privilegiados. Esa es la Iglesia chilena hoy.

Esa misma Iglesia es la que est√° encargada de nuestra universidad, una que lidera y exhibe rankings acad√©micos, pero que muchas veces es incoherente con su propia catolicidad y con su rol p√ļblico. En nuestra universidad gran parte de los trabajadores se encuentran bajo el r√©gimen de subcontrataci√≥n, donde como estudiantes hemos sido testigos de las indignas condiciones laborales a las que se ven sometidos diariamente las y los trabajadores. Hablamos de condiciones indignas cuando no tienen los implementos necesarios para trabajar, cuando sus espacios de descanso no cumplen con m√≠nimos de humanidad, cuando los supervisores permanentemente cometen abusos contra sus derechos, aprovechando su posici√≥n jer√°rquica, dej√°ndolos en una posici√≥n precarizada y vulnerable. Hablamos de condiciones indignas cuando el salario que reciben no alcanza a ser el sueldo √©tico propuesto por la misma iglesia. El sufrimiento de los trabajadores subcontratados es el sufrimiento de toda la comunidad universitaria, un sufrimiento que no ha encontrado respuestas por parte de la instituci√≥n

Una universidad debe caracterizarse como un espacio abierto al di√°logo y al encuentro entre diversas posturas para lograr una b√ļsqueda reflexiva sobre la verdad que vaya orientada hacia el bien com√ļn. Bajo un clima de respeto es donde la universidad como instituci√≥n, donde se reflexiona cr√≠ticamente sobre la sociedad puede florecer. Hoy ese clima dif√≠cilmente existe, la universidad se ha alejado de un clima de respeto, persiguiendo y expulsando a acad√©micos por tener un pensamiento distinto al que profesa nuestra instituci√≥n. Esta persecuci√≥n nos hace ser menos universidad y menos cat√≥lica.

Estos son parte de los sufrimientos que enfrenta nuestra sociedad y nuestra universidad. Una sociedad que ha postergado la inclusión de aquellos que ven vulnerados sus derechos diariamente y que no han encontrado respuestas en un sistema político que los ha marginado, y tampoco en una Iglesia que se ha mantenido ausente. Esperamos que el dolor y el sufrimiento de los estudiantes, de los pensionados, de las víctimas de abusos, de los trabajadores subcontratados y de los académicos expulsados sean también el dolor de la Iglesia.

‚ÄúEn las condiciones actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas inequidades y cada vez son m√°s las personas descartables, privadas de derechos humanos b√°sicos, el principio del bien com√ļn se convierte inmediatamente, como l√≥gica e ineludible consecuencia, en un llamado a la solidaridad y en una opci√≥n preferencial por los m√°s pobres‚ÄĚ.

Directiva Federación de Estudiantes Universidad Católica de Chile

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