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5 maneras en que tu mente te ’traiciona’ tras una ruptura amorosa

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Lif of pix (cc)

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Una ruptura amorosa siempre nos deja algo de dolor, angustia y ansiedad. Sea como haya sido el término, la verdad es que la decisión de cortar el vínculo que nos mantuvo unidos a una persona día tras día, requiere mucha fortaleza y por lo mismo no es algo que puedas tomar a la ligera.

En ese momento, tanto tu corazón como tu mente se resienten. El malestar emocional frente a la pérdida provoca que tengamos reacciones que muchas veces no esperábamos. Como salir de fiesta todos los días para no pensar en el quiebre, estar a solas y dormir todo el día o irse a a un lugar lejos donde no se tenga ni siquiera acceso las redes sociales.

Tan dramático es para algunos una ruptura, que a veces el cuerpo no da más y te juega una pésima pasada. De acuerdo al psicoterapeuta Ronald A. Alexander, “el desamor afecta físicamente a tu cuerpo“, y señaló al Huffington Post que “no eres el único que se va a la cama y se siente apartado del mundo”, pues “un corazón roto puede hacer que te sientas como si hubieras perdido el timón de tu vida. Llorar y gimotear es habitual, al igual que el sentimiento de melancolía, pero además hay síntomas físicos”.

En este contexto, a veces la respuesta de tu cuerpo es tan extrema que incluso podemos experimentar un afección similar a un ataque al corazón, y que se conoce popularmente como “síndrome del corazón roto“. Este malestar se manifiesta de manera temporal y suele desencadenarse tras situaciones de intenso estrés emocional o físico, como lo es la muerte de un ser querido o un quiebre amoroso.

Harmony Reynolds, cardióloga del Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York, explicó al mismo medio que entre los pacientes que le ha tocado ver en ese hospital, con síntomas de ataque al corazón, cerca del 1% o 2% es por este síndrome. “Los pacientes con síndrome del corazón roto también sufren otras anormalidades en la función del músculo del corazón. Ese fallo en el músculo del corazón suele resolverse en unas semanas o meses”, afirmó.

Burak kostak (cc)
Burak kostak (cc)

Ahora bien, si nos enfocamos solo en el dolor emocional que provoca una ruptura, donde nada más importa que nuestra angustia y nos metemos en una especie de burbuja desde donde miramos al mundo con desazón y melancolía, nuestra mente tiene mucho que decir, y no precisamente para bien.

Y es que lo que nosotros queremos es que el dolor se vaya o al menos baje su intensidad, pero lamentablemente nuestra mente no, y no hace más que engañarnos y empeorar las cosas.

Así al menos lo aseguró el psicólogo y doctor en psicología clínica de la Universidad de Nueva York, Guy Winch, quien en una columna publicada en el sitio especializado Psychology Today, señaló que nuestra mente suele jugarnos
malas pasadas y por lo mismo hay veces en que no debemos confiar en ella.

¿Por qué ocurre esto? Winch indicó que cuando terminamos una relación y estamos sumidos en el dolor, la única forma de salir adelante es aceptar la realidad y evitar pensar tanto tiempo en aquella persona que ya no estará más. Esto no ocurrirá de un día para otro, pero sí se puede ir disminuyendo su presencia ya sea en nuestros pensamientos como en la cotidianidad. He aquí el dilema, pues nuestra mente quiere hacer precisamente lo opuesto.

Aunque suene contradictorio, el psicoterapeuta indicó que nuestra mente siempre trata de protegernos y por eso nos recuerda todo el tiempo a esa persona y el motivo del dolor que sentimos. Un ejemplo clave para entender esto es cuando nos quemamos con una estufa caliente y nuestra mente se esfuerza en recordarnos siempre que no toquemos esa estufa caliente nuevamente porque la primera vez nos produjo dolor.

Es simple: “Mientras más dolorosa sea la experiencia, más nuestra mente se esforzará para asegurarnos de que no la olvidemos, por lo que nunca cometeremos ese “error” nuevamente. Dado lo insoportable que es el dolor de un ‘corazón roto’, nuestra mente hará todo lo posible para mantener ese dolor fresco en nuestros pensamientos”, afirmó Guy.

En este sentido, existe al menos cinco formas en que nuestra mente nos engañará después de una ruptura y nos tratará de convencer de que:

1.- Nuestro (a) ex fue el mejor, el (la) único (a)

Sabemos que no es así, pero nuestra mente nos recordará siempre las mejores cualidades de esa persona. Imágenes de tus mejores momentos con él o ella, serán recurrentes, y nos ayudará a mantener una representación desequilibrada, irrealista e idealizada de la persona que nos rompió el corazón. ¿Qué peor que eso?

2.- La relación fue feliz todo el tiempo

Mentira. Hasta la relación más “perfecta” tuvo discusiones, frustraciones, momentos molestos y deseos de mandar todo a la punta del cerro. Eso es algo que también debes recordar.

3.- Si lo o la contactamos por WhatsApp o una llamada breve, nos sentiremos mejor

Este es un clásico después de una ruptura y Winch lo reafirma. El impulso de enviar mensajes de texto o correos electrónicos es recurrente y el deseo parecerá irrefrenable, sin embargo, el hacerlo nos hará sentir desesperados y solo hundirá aún más nuestra autoestima.

4.- Hablar de la ruptura con todos nuestros amigos aliviará el dolor

Contrario a lo que creería cualquiera, a vece ser tan abierto y hablar sobre tus tragedias emocionales no ayuda en nada si no lo haces con el objetivo de resolver los problemas o para recibir validación emocional una vez. Sin embargo, repetir la misma historia y los mismos detalles una y otra vez con tu entorno, solo te hará sentir peor y más te costará salir de ese círculo vicioso de dolor.

5.- Tenemos que saber exactamente por qué ocurrió la ruptura

Pese a que luego de un tiempo podemos reflexionar al respecto y tener al menos una visión más clara de lo que ocurrió y motivó el quiebre, lo cierto es que jamás lo sabremos exactamente.

Para el experto, “pocos de nosotros tenemos una explicación clara y honesta para tales cosas” e “intentar meternos en la cabeza de nuestro (a) ex para entender por qué las cosas no funcionaron es meterse en un cueva de conejo“. Guy indicó que en estos casos lo mejor es conformarse (y convencerse) de que simplemente “no estaban lo suficientemente enamorados” o “no eran la pareja adecuada”.

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