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Los riesgos asociados al uso de 3 comunes drogas durante el sexo

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Es un hecho que en la actualidad muchas personas recurren a las drogas para experimentar distintas sensaciones en determinadas circunstancias, siendo el sexo uno de los escenarios que últimamente ha cobrado mayor relevancia.

Si bien el objetivo de utilizar distintas sustancias a la hora de las relaciones sexuales radica en aumentar el placer, ya sea en pareja o individualmente, lo cierto es que debido a la falta de conversación científica y estudios, poco se sabe de los efectos o riesgos que estas prácticas podrían incluir.

Durante los últimos años surgió el término ‘chemsex’, para referirse a prácticas sexuales bajo los efectos de diversas drogas químicas, aunque principalmente hace relación a un determinado tipo de fiestas. Orgías que pueden durar horas y en las que todos sus participantes tienen sexo potenciado por estas sustancias.

Fue en 2015 que el British Medical Journal, dedicó una editorial completa a esta nueva ‘moda’ del Reino Unido, refiriéndose específicamente al uso de mefedrona y metanfetamina de cristal.

Allí se detalla que estas drogas incrementan el ritmo cardíaco, provocan sensación de euforia y agitación sexual. Al mismo tiempo de ser un efectivo desinhibidor, por lo que facilitaría un entendimiento más rápido con las parejas sexuales.

Respecto a los efectos, la revista científica explica que la mefedrona y el cristal “crean dependencia psicológica y fisiológica”.

Además, es un escenario perfecto para la transmisión y contagio de ETS, debido a la cantidad de parejas sexuales y al sexo sin protección. A eso se suma que como estas sesiones suelen ser prolongadas, el hecho de no dormir y no comer en muchas horas, es nefasto para la salud.

Escapando de esta situación límite y volviendo a la cotidianeidad, el uso de drogas para potenciar encuentros sexuales es una práctica bastante común y que se lleva a cabo con drogas mucho más asequibles como la marihuana, alcohol, Popper, éxtasis y cocaína, por nombrar sólo algunas.

Es por eso que más allá de si eres o no de los que les gusta probar nuevas sensaciones con ayuda de sustancias, lo importante es antes de lanzarte a la experimentación, tengas claro cuáles podrían ser los riesgos durante la práctica y sus posibles efectos a corto y largo plazo.

1.- Alcohol

El alcohol debe ser una de las sustancias más utilizadas a la hora de tener relaciones sexuales, principalmente en la población juvenil, y no tiene que ver precisamente con que se disfrute más el sexo, sino que simplemente actuaría como un desinhibidor. Esto puede tener relación con la ansiedad que provoca en algunas personas concertar encuentros sexuales, si es que no se tiene pareja, o incluso para proponer nuevas prácticas que estando sobrios no se atreverían a comentar.

Un estudio de 2016, presentado en una conferencia del Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología, indicó que el alcohol no tiene ningún efecto en la excitación sexual, sino que sólo facilita la comunicación entre dos personas que pueden tener interés sexual el uno por el otro, promoviendo la relajación y logrando un estado de ‘felicidad’ pasajera.

Una tesis avalada por el vicepresidente de la Sociedad Chilena de Psicología Clínica, Giorgio Agostini, quien señaló que “el alcohol, en pequeñas dosis, provoca desinhibición, pero no porque la persona no tenga personalidad, lo que pasa es que con esta sustancia a veces aparece una parte de su personalidad que estaba oculta ya sea por timidez, fobia social u otra patología, y aparece un ‘otro yo’, que le permite relajarse y lanzarse en otras dinámicas como conquistar, salir a bailar o acercarse a alguien que le interese sexualmente”.

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Sin embargo, cuando el consumo es excesivo, los problemas no demoran en aparecer. Aquí es cuando las desinhibiciones nublan la tomas de decisiones, como practicar sexo sin preservativo, por ejemplo. También afecta el sistema nervioso, produce disfunción eréctil, altera sensaciones, lo que puede retrasar orgasmos en ambos sexos, y finalmente convertir la práctica sexual en algo confuso y poco disfrutable.

En este punto, Agostini indicó: “Está más que probado que el consumo de alcohol provoca disfunción eréctil, lo que pasa es que los jóvenes no tienen conciencia de eso porque al principio lo toman como un interés para obtener más placer o superarse a sí mismo, pero lo cierto es que en la práctica lo pueden pasar realmente mal, sobre todo si el consumo es persistente”.

Además, aseguró que en muchas personas el alcohol hace “corto circuito cerebral”, y se detonan comportamientos violentos. “En ese momento pierde el autocontrol y aparecen pensamientos agresivos que todos podemos tener pero que manejamos a través del autocontrol, y en estos sujetos el alcohol hace que pierdan el autocontrol y terminen agrediendo psicológica y físicamente a sus parejas”.

2.- Marihuana

La marihuana debe ser la segunda sustancia más utilizada después del alcohol, y es una droga que ha provocado un eterno debate entre sus consumidores y quienes la rechazan.

Los que están acostumbrados a su uso, aseguran que incluso funciona como afrodisíaco pues permite tener erecciones más firmes y potencia las sensaciones. En la otra vereda, hay quienes indican que luego de consumir marihuana pueden perder el interés en la práctica sexual, les cuesta concentrarse y no se sienten realmente ‘conectados’ con la otra persona.

Por lo general, dos tercios de los consumidores más experimentados asegura experimentar una mejora de las relaciones sexuales”, señaló Mitch Earleywine, psicólogo de la Universidad Estatal de Nueva York, quien se ha dedicado por años al estudio del cannabis.

El académico señala que existen estudios que muestran que aquellos hombres que habían consumido cannabis se comportaban más atentos con sus parejas sexuales y también reportaban que el apetito sexual y los orgasmos, eran más intensos bajo los efectos de esta droga.

En tanto, en la investigación denominada Uso de la marihuana y comportamiento sexual de Ronald A. Weller, profesor asociado de psiquiatría del Centro Médico de la Universidad de Kansas, y James A. Halikas, doctor en psiquiatría del Colegio Médico de Wisconsin, Estados Unidos, se asegura que existen innumerables teorías sobre los cambios neuroquímicos que produce en nuestros cerebros la marihuana para generar tales experiencias, coincidiendo con aquellos que dicen que esta sustancia potencia las sensaciones y puede aumentar o disminuir el deseo sexual, según el estado mental del consumidor.

katherine_hitt (cc) | Flickr
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Earleywine también agrega que “el cannabis hace que la amígdala interprete los estímulos normales como más divertidos y sexuales de lo que realmente son”.

En esta misma línea, si bien la marihuana puede magnificar sensaciones, es justamente aquí donde están los riesgos, pues puede profundizar en emociones no tan positivas como el miedo o la depresión, causando paranoia o simplemente distrayéndote de tu entorno.

Algunos estudios también sugieren que el consumo crónico del cannabis puede afectar la fertilidad y provocar disfunción eréctil. Allan Pacey, conferencista de Andrología de la Universidad de Sheffield en Reino Unido, lideró un estudio publicado en la revista científica Human Reproduction, en el que sugiere que consumir constantemente marihuana aumenta el riesgo de problema de fertilidad en los hombres.

Agostini, quien también es especialista en terapia de parejas, agregó que el consumo prolongado de marihuana, puede producir lo que se llama “síndrome amotivacional”. “Esto quiere decir que la persona empieza a perder el interés y la motivación frente a la vida y, por ende, a las relaciones sexuales tenga o no pareja estable”.

En tanto, puede haber ocasiones en que sufran de la llamada ‘pálida’. “Esto es un brote sicótico y de paranoia y que en algunos casos deriva en ataques de pánico, lo que claramente no es grato si estás en medio de una aproximación sexual, pues el momento se puede transformar rápidamente en un cuadro angustioso”, especificó.

3.- Poppers

Conocidos popularmente como poppers, esta sustancia está compuesta por nitrito de amilo, butilo e isobutilo y que se consume por inhalación.

Esta droga es incolora pero de fuerte olor, y en las últimas décadas su consumo ha aumentado notablemente puesto que es de fácil acceso y se utiliza principalmente para aumentar el placer sexual.

Esta sustancia relaja el cuerpo y provoca sensaciones intensas, pues los nitritos son vasodilatadores-relajan vasos sanguíneos- y también relajan tejidos blandos como el ano y la vagina, por lo que se convierte en un aliado ‘perfecto’ para prácticas de este tipo.

La sexóloga española María Pérez Conchillo, señaló en una columna publicada en el diario El Mundo , que aquellos que consumen esta droga han experimentado “una especie de ráfaga en la cabeza que dura dos o tres minutos”, y durante la relación sexual, algunos aseguran que el orgasmo dura más.

EEPaul (cc) | Flickr
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Entre los riesgos, cabe señalar que está el hecho de que la disminución de la presión arterial puede provocar desde un desmayo hasta la muerte. Además, si lo que se desea es tener sexo anal, el hecho de que los músculos del ano estén relajados, sumado a la sensación de euforia, aumenta la intensidad del acto lo que podría traer desgarros, fisuras o hemorragias, aumentando así, el riesgo de contraer alguna ETS.

El mareo excesivo, jaquecas y sensación de fragilidad, también son otros riesgos asociados, según Conchillo. Es importante también indicar que si este líquido entra en contacto con la piel, puede provocar irritaciones y/o quemaduras.

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