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Refugiados sirios en Líbano viven como una "injusticia" el decreto de Trump

Niños sirios | Freedom House (cc)
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“¿Qué ha hecho el pueblo sirio para merecer esto?”. Tiritando de frío en un campamento de Líbano, Abu Mahmud al Ghul alza la voz contra el decreto del presidente Donald Trump que prohíbe la entrada de refugiados sirios en Estados Unidos.

Este hombre de 44 años es uno de los millones de sirios que huyeron de la guerra en busca de un refugio en países de acogida.

Al Ghul, de la ciudad siria de Quseir, en la provincia de Damasco, y con seis hijos, se refugió en un campamento improvisado en Marj, en el este de Líbano, un país vecino de cuatro millones de habitantes que pese a ser pequeño acogió a un millón de refugiados sirios.

En el campamento de Marj, en la meseta de Bekaa, donde los propios refugiados instalaron las barracas o tiendas de campaña, los niños están ateridos, con temperaturas que rondan los cero grados.

Según la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), la región de la Bekaa acoge a más de 360.000 refugiados sirios forzados a abandonar sus hogares por la violencia que ha causado más de 310.000 muertos en casi seis años de guerra.

‘¿País democrático?’

El viernes, el nuevo presidente estadounidense anunció un giro en la política migratoria y de acogida de los refugiados, contra algunos países musulmanes como Siria para detener, según él, la posible entrada a Estados Unidos de “terroristas islámicos radicales”.

Según el decreto, los refugiados sirios no podrán entrar hasta nueva orden en el país, que sólo aceptó a 18.000 de ellos desde 2011.

En otro campamento improvisado de la Bekaa, cerca de la localidad de Bar Elias, los refugiados viven el decreto como una gran injusticia.

“Él (Trump) no tiene el derecho de tomar semejante decisión”, afirma Ibtisam Yusef al Faraj, una mujer de 41 años con cuatro hijos. Es oriunda de la región de la Ghuta oriental, un bastión rebelde cerca de Damasco.

“Pretenden ser un país democrático y no lo son. Somos refugiados ¿dónde está el problema si entramos legalmente en Estados Unidos? ¡Qué más le dará!”, afirma, tocada con un velo verde.

‘Solidario’

Abu Mahmud y Ibtisam llegaron a Líbano como la mayoría de los refugiados, en los primeros años de la guerra que estalló en 2011. Beirut no es un país firmante de la Convención de Ginebra sobre los refugiados y no reconoce su estatuto.

Las reacciones de estos refugiados fueron recogidas antes de la firma del decreto de Trump.

Los refugiados viven en condiciones muy duras pese a las ayudas internacionales y muchos niños no están escolarizados. Además, según la ONU, la tasa de natalidad es muy alta entre ellos.

El decreto de Trump “es un error. Esperemos que cambie de opinión sobre los refugiados sirios. No tiene más que ver cómo vivimos en los campamentos. Tiene que ser solidario con nosotros, y los países europeos también”, insiste Ibtisam.

Los más jóvenes también están decepcionados. “Es una injusticia para el pueblo sirio, una gran injusticia”, afirma Qusai Yusef, de 12 años. “Espero poder volver a mi país”.

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