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Los desafíos militares, políticos y humanitarios que enfrenta Irak para reconquistar Mosul

Aris Messinis | AFP
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El gobierno iraquí prometió arrebatar a los yihadistas la estratégica ciudad de Mosul antes de fin de año, pero para lograrlo las fuerzas leales a Bagdad deben enfrentar inmensos desafíos militares, políticos y humanitarios.

Coordinar tropas regulares de Bagdad, paramilitares chiitas y milicianos kurdos constituye una misión poco menos que imposible, desde el punto de vista militar, pero también por las diferentes agendas políticas. A ello, se suma el riesgo de un drama humanitario, con cientos de miles de civiles atrapados en medio de combates que se anticipan feroces.

Mosul, a orillas del Tigris y en el corazón de la región petrolera, constituye el objetivo número uno de Bagdad contra los yihadistas del Estado Islámico del “califato”, que declararon en 2014 sobre vastos territorios de este país y de la vecina Siria.

La batalla parece inminente, dijeron jefes militares de la coalición liderada por Estados Unidos, que brindó apoyo aéreo para reconquistar a los yihadistas sucesivamente Faluya, Ramadí (ambas al oeste de Bagdad) y Tikrit, ya camino al norte petrolero.

Las tropas del gobierno lograron el jueves dar otro paso más al retomar la ciudad de Shargat, a 80 km al sur de Mosul y cercana a las carreteras que deberán servir para reabastecer las tropas cuando lancen su asalto contra la segunda ciudad más poblada de Irak.

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Las fuerzas iraquíes deberían estar preparadas para lanzar la ofensiva “para comienzos de octubre”, dijo el Jefe de Estado Mayor Conjunto estadounidense, el general Joseph Dunford.

El primer ministro iraquí, Haider al Abadi, prometió que la ciudad sería reconquistada antes de que termine 2016.

Los expertos coinciden en que desde el momento en que se inicie la ofensiva, pasarán semanas o incluso meses antes de que sea plausible recuperar Mosul, por lo cual el inicio del asalto debería ser inminente si se quieren cumplir los plazos.

Difícil coordinación

El desafío “más importante será lograr la coordinación entre las diferentes fuerzas participantes de la batalla”, dijo el experto iraquí en temas de seguridad, Jasim Hanoon.

En el ataque participarán el ejército y la policía iraquíes, los grupos paramilitares chiitas aliados del gobierno y los combatientes kurdos iraquíes que responden a las autoridades locales: tres fuerzas que carecen de un mando unificado y que nunca han combatido juntas.

En el plano humanitario alrededor de 600.000 personas podrían verse forzadas a huir de sus hogares como consecuencia de la ofensiva, según estimaciones de fuentes militares y humanitarias.

“Las agencias humanitarias libran una carrera contrarreloj para prepararse a enfrentar las consecuencias de una campaña militar”, afirmó la ONU.

Una vez iniciada la ofensiva, las tropas leales a Bagdad y sus aliados kurdos y chiitas deberán recorrer decenas de kilómetros atravesando las defensas del Estado Islámico antes de llegar a Mosul.

Si Bagdad mantiene la misma estrategia que en las reconquistas de otras ciudades, primero rodearán la urbe antes de lanzar el asalto final.

Pero la posible presencia de armas químicas en manos del EI genera inquietud por el riesgo de que las utilice, afectando a la cercana y cercada población civil.

Este temor se acrecentó esta semana cuando voceros estadounidenses dijeron que se habían detectado rastros de gas mostaza en obuses lanzados por yihadistas del EI en el norte del país.

Problemas políticos

Según el general estadounidense Dunford, el calendario de la batalla “ahora ya depende de una decisión política del primer ministro Haider al Abadi”, pero la situación tiene complejidades político-diplomáticas.

Los combatientes kurdos, llamados a desempeñar un papel central en la batalla, reciben instrucciones y dependen de las autoridades del Kurdistán, una región autónoma del norte iraquí.

Las autoridades de Kurdistán y de Bagdad están en desacuerdo acerca de quiénes administrarán parte de los territorios liberados tras la reconquista de Mosul.

Otro punto espinoso es el papel de los grupos paramilitares chiitas de las Unidades de Movilización Popular.

Éstas, si bien en teoría están controladas por milicianos que responden al primer ministro, en la práctica las unidades operan en forma independiente o reciben órdenes del vecino régimen iraní.

Los responsables sunitas del gobierno de Bagdad se oponen a que se permita a las milicias chiitas ingresar en Mosul, una ciudad de mayoría sunita.

En cualquier caso una eventual victoria en Mosul de las fuerzas de Bagdad no pondrá fin a la amenaza del Estado Islámico, que probablemente recurrirá a la táctica de proseguir con una guerra de guerrillas, como ya hizo en casos anteriores.

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