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Viernes 22 diciembre de 2017 | Publicado a las 04:06 · Actualizado a las 04:07

"Puigdemont presidente" gritaron sus militantes en Barcelona tras triunfo en urnas

Lluis Gene | Agence France-Presse
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“El Estado español ha recibido una bofetada del pueblo catalán”: el jueves por la noche, el depuesto presidente catalán, Carles Puigdemont, reapareció como vencedor desde Bruselas, mientras sus simpatizantes en Barcelona celebraban la resistencia del independentismo con su renovada mayoría parlamentaria.

En el sótano del hotel barcelonés que sirvió de local a la lista Junts per Catalunya, los militantes gritaron de nuevo sus “Puigdemont, president”, aliviados una vez que los partidos independentistas renovaron su mayoría absoluta (70 sobre 135 escaños), aunque con sólo un 47,5% de votos.

“Con este resultado, el mensaje para España es: ‘señores, siéntense a hablar, la realidad les obliga’. Y el mensaje a Europa: ‘abre los oídos y reacciona"”, consideró Francesc Portella, de 50 años y dedicado al comercio.

“El Estado español ha luchado por tierra, mar y aire para destruir el independentismo pero se ha demostrado que el pueblo catalán es absolutamente más fuerte y pacífico que España y sus porras”, aseguró, en alusión a la violencia policial que marcó el referéndum de autodeterminación prohibido del 1 de octubre.

A su lado, un adolescente vociferó “libertad, libertad” con más emoción que otros: se trata de Oriol Sánchez, el hijo de 19 años de Jordi Sánchez, presidente de la Asociación Independentista ANC y encarcelado por “sedición” por la organización de una polémica manifestación separatista.

“Está en la cárcel por sus ideales. Estoy muy orgulloso del país [Cataluña] y de mi padre”, aseguró el joven.

El 27 de octubre, los independentistas proclamaron una República catalana que no pudieron implementar. A las pocas horas, la autonomía regional fue intervenida por Madrid, el Gobierno destituido y el parlamento disuelto.

Dos meses después, un Puigdemont con tono vengativo lanzó por videoconferencia: “La República catalana ha ganado a la Monarquía del 155”, en referencia al artículo 155 de la Constitución utilizado por el gobierno de Mariano Rajoy para intervenir la región.

El jueves, en una cena de Navidad del partido conservador, Rajoy izó bandera del 155 y advirtió: “aquí y en todos los territorios de España los gobernantes ya saben lo que pasa cuando hacen lo que no se puede hacer”.

Su partido, que sacó pecho de haber “decapitado” al independentismo catalán, sólo obtuvo un 4,2% de los votos en la región.

“El señor Rajoy y el 155 ha perdido y está definitivamente muerto y enterrado”, celebró el portavoz del partido de Puigdemont, Eduard Pujol.

Pero otras personas, como Montserrat Grané, funcionaria regional de 60 años, continuaban siendo pesimistas: “el PP nunca negociará nada, no entiende la negociación, sólo la rendición”.

Es una incógnita si Puigdemont podrá recuperar su cargo de presidente dado que se arriesga a ser detenido por “rebelión” y “sedición” una vez que pise suelo español.

El vicepresidente catalán depuesto, el independentista de izquierdas Oriol Junqueras, festejó su cuarto aniversario de boda desde una prisión madrileña donde está encarcelado desde el 2 de noviembre.

Su partido, Esquerra Republicana, favorito hace pocas semanas, terminó tercero con el 21,39% de votos.

La decepción se palpaba entre sus militantes, como Fran Robles, un médico de 26 años que hablaba de “una sensación extraña”: los independentistas “ganamos en diputados pero no en votos”.

“Al final, es una situación que refleja bien la realidad: Cataluña está dividida políticamente”.

De hecho, un 52% de los electores no votaron por los independentistas y la fuerza más votada fue por primera vez el liberal Ciudadanos, fundado hace once años en Cataluña para combatir al nacionalismo.

Un triunfo para su candidata de 36 años, Inés Arrimadas, que ganó en las diez ciudades más pobladas de Cataluña, incluida Barcelona.

“Los partidos nacionalistas nunca más podrán hablar en nombre de toda Cataluña”, advirtió durante la noche electoral en la plaza España de Barcelona.

Pero la fiesta naranja, el color del partido, fue agridulce. “Estamos igual que antes”, lamentó un votante de Ciudadanos, Lino Navío, de 75 años.

“La alegría no es completa porque está muy difícil sacar a los independentistas”, afirmó.

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