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Jueves 21 diciembre de 2017 | Publicado a las 07:33 · Actualizado a las 07:59

Catalanes van a las urnas para decidir si devuelven el poder a los partidos separatistas

Lluis Gene | Agence France-Presse
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Los catalanes empezaron a votar esta mañana para decidir si devuelven o no el poder a los partidos separatistas, dos meses después de la proclamación fallida de una república independiente que generó una grave crisis en la región y en España.

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Con uno de sus principales líderes en prisión y el otro en Bélgica, los independentistas buscan revalidar la mayoría absoluta obtenida por primera vez en 2015, con la que se sintieron legitimados para impulsar unilateralmente la ruptura.

La participación se prevé masiva y, según los sondeos, una quinta parte del electorado seguía indeciso tras vivir unas semanas de tensión que generaron incertidumbre, especialmente, en el mundo económico, con más de 3.000 empresas trasladando su sede social fuera de Cataluña.

Durante las primeras horas de los sufragios, se registraron grandes filas en los colegios electorales.

El resultado se espera muy ajustado entre partidarios y detractores de la creación de una república independiente en esta región mediterránea, la cual tiene 7,5 millones de habitantes y es la responsable de una quinta parte de la riqueza española.

“Espero que gane la República, me gustaría que continuáramos con el proceso”, afirma Anna Papiol, comerciante de 40 años en la localidad costera de Calafell. “Quiero que Europa se dé cuenta de que se trata de la voluntad del pueblo”, añadió.

El 1 de octubre, los responsables regionales organizaron, clandestinamente y entre cargas policiales, un referéndum de autodeterminación largamente denegado por el Estado español y, el 27 de ese mes, proclamaron una república que nadie reconoció y nunca se implementó.

Ese mismo día, el gobierno central de Mariano Rajoy tomó el control de la región, disolvió el parlamento catalán y destituyó al ejecutivo independentista Carles Puigdemont en un acto sin precedentes en la historia reciente de España.

Una campaña atípica

Los independentistas centraron su campaña en atacar a Madrid y la cruzada judicial contra sus líderes, algunos de los cuales se fueron a Bélgica mientras otros eran encarcelados por rebelión, sedición y malversación.

Los lazos amarillos utilizados para reclamar la libertad de los presos y las prendas de ese color se convirtieron en una tónica habitual en los mitines de los partidos independentistas que, a diferencia de en 2015, no se presentan en coalición.

Puigdemont lidera la candidatura Juntos por Cataluña (centroderecha), haciendo campaña por videoconferencia desde Bruselas y prometiendo volver en caso de victoria, aunque ello implique su detención y probable encarcelamiento.

Dentro del bloque independentista compite por la hegemonía con sus hasta ahora socios, la Izquierda Republicana (ERC) de su vicepresidente Oriol Junqueras, que decidió quedarse en España y ahora está en prisión preventiva.

Este último partido lucha por la victoria con la formación más hostil al nacionalismo, Ciudadanos (centro), encabezada por la joven líder de la oposición Inés Arrimadas, de 36 años.

La promesa de la formación antinacionalista de acabar con la “pesadilla” independentista caló entre los catalanes contrarios a la separación que se sintieron olvidados por el gobierno regional en su ímpetu independentista.

“Nunca había votado pero esta vez iré sólo para que no salgan los independentistas”, dijo José Antonio Ruiz, de 58 años, en un acto de Ciudadanos en Santa Coloma de Gramenet, en la periferia de Barcelona.

Necesidad de pactos

“Todo se centra en si el proceso independentista continuará o se interrumpirá”, sostuvo el politólogo Joan Botella, de la Universidad Autónoma de Barcelona. “Esto lleva a una visión muy dual de los resultados”, agregó.

Con siete partidos en liza, ninguno podrá gobernar solo y serán necesarios pactos entre fuerzas unidas por su apoyo o rechazo a la independencia, pero muy distanciadas ideológicamente.

Incluso en caso de mayoría independentista, pueden surgir tensiones entre sus partidos por el liderazgo o por el camino a seguir si recuperan el poder. Si bien la mayoría opta por buscar un diálogo con Madrid, los más radicales defienden imponer una república independiente.

“El horizonte es muy difícil”, dice Botella, añadiendo que “difícilmente se resolverá la situación en unas elecciones porque la crisis ha sido muy profunda y muy extensa”.

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