Internacional
Las acusaciones de acoso sexual derrumban el apoyo a Donald Trump
Publicado por: Diego Vera La información es de: Deutsche Welle
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Donald Trump parece ser inmune a los esc√°ndalos que protagoniza desde hace meses; revelaciones e imputaciones de menor o mayor envergadura le resbalan como un huevo frito por una sart√©n. Pero el ‚Äúhombre fuerte‚ÄĚ de la Casa Blanca no es un ‚Äúpresidente de tefl√≥n‚ÄĚ, en el sentido estricto de la expresi√≥n.

Con las acusaciones en su contra ‚Äďya sea sobre pr√°cticas comerciales turbias, una presunta interferencia rusa en la campa√Īa electoral de 2016 o repetidas denuncias de acoso sexual‚Äď a menudo ocurre lo mismo: todo el mundo habla sobre ello, incluido el propio afectado. Pero las consecuencias nunca se materializan. Hasta ahora.

Tres mujeres contra Trump

En 2006, Samantha Holvey era una de las candidatas a convertirse en Miss Estados Unidos. Entre 2003 y 2015, este concurso de belleza estaba organizado por la cadena de televisión NBC junto con el empresario y entonces estrella de reality televisivo Donald Trump.

En un acto en Nueva York, seg√ļn Holvey, Trump entr√≥ sin anuncio previo en los vestuarios e “inspeccion√≥‚ÄĚ de forma inapropiada a cada candidata.

En una entrevista con el presentador de radio Howard Stern el a√Īo anterior, Trump ya hab√≠a confirmado por s√≠ mismo comportamientos de este tipo: ‚ÄúEst√°n ah√≠, desnudas‚Ķ esas mujeres incre√≠blemente hermosas. Y yo paso por ah√≠‚Ķ‚ÄĚ

Rachel Crooks trabajaba en 2005 en una empresa en la Torre Trump de Nueva York cuando, de acuerdo con su testimonio, Trump coincidi√≥ con ella en el ascensor y la bes√≥ en las mejillas y en la boca contra su voluntad. La empresaria Jessica Leeds, por su parte, sostiene que a principios de los a√Īos ochenta se sent√≥ en un avi√≥n junto a Trump y √©l la manose√≥ “como un pulpo‚ÄĚ. “Sus manos estaban por todas partes‚ÄĚ, dijo.

Holvey, Crooks y Leeds son tres de las mujeres que ya antes de las elecciones presidenciales de 2016 le recriminaron al entonces candidato Trump el acoso sexual que hab√≠an sufrido. Durante la campa√Īa, Trump prometi√≥ frente a sus fervorosos seguidores querellarse contra todas esas mujeres.

Pasados los comicios, no se volvió a hablar del tema. Esta semana, Holver, Crooks y Leeds repitieron sus acusaciones en un programa de televisión y en una rueda de prensa, exigiendo que el Congreso se ocupara del asunto. Trump reaccionó como se esperaba:

Luego de que sus oponentes pol√≠ticos no lograsen probar una supuesta cooperaci√≥n con Mosc√ļ, hab√≠an empezado a atacarlo con ‚Äúacusaciones falsas e historias falsas de mujeres que no conozco y/o que nunca he conocido‚ÄĚ, dijo en presidente el martes por la ma√Īana. Prominentes senadores dem√≥cratas pidieron mientras tanto su dimisi√≥n. Y la esfera tuitera reaccion√≥ con el hashtag #TrumpToo (#TrumpTambi√©n).

El video de ‚ÄúAccess Hollywood‚ÄĚ

Al calor de las elecciones de 2016, un video del famoso programa televisivo ‚ÄúAccess Hollywood‚ÄĚ cop√≥ los titulares. En realidad en √©l s√≥lo se ve√≠a un autob√ļs del que se bajaba Donald Trump. Lo interesante era la pista sonora.

Trump y el presentador Billy Bush llevaban micrófonos inalámbricos en la solapa que ya estaban encendidos; por eso, aunque no estuviera frente a las cámaras, se escuchaba cómo Trump hablaba de forma vulgar sobre sus relaciones con las mujeres.

Trump se ufanaba de que, para él, como celebridad, no era difícil besar a las mujeres sin su consentimiento ni tocar sus genitales.

A cualquier otro candidato, un video como este le habr√≠a costado la carrera pol√≠tica. Pero sus asesores de campa√Īa minimizaron la importancia del suceso, argumentando que el magnate s√≥lo hab√≠a usado la jerga de los vestuarios masculinos, la forma descarnada en que hablan los hombres entre ellos cuando no hay mujeres a su alrededor, algo que no debe tomarse en serio.

Un mes despu√©s, Trump fue elegido presidente de Estados Unidos. M√°s tarde, √©l aleg√≥ que la voz de la grabaci√≥n de ‚ÄúAccess Hollywood‚ÄĚ no era la suya.

Trump tiene dos relaciones distintas con el tema del acoso sexual. A ra√≠z de la campa√Īa #metoo, la periodista Leeann Tweeden decidi√≥ hacer p√ļblico el abuso sexual que hab√≠a sufrido a manos del senador dem√≥crata Al Franken, lo cual pod√≠a probar con una fotograf√≠a.

Trump se puso del lado de Tweeden, a través de un mensaje que difundió en su cuenta de la red social Twitter.

Pero el caso del republicano Roy Moore es, seg√ļn el entendimiento de Trump, diferente,y apoy√≥ su candidatura al Senado por Alabama.

En las elecciones de ese estado, Moore se enfrent√≥ al dem√≥crata Doug Jones y perdi√≥. Su derrota tambi√©n es una derrota para Trump. Y no s√≥lo porque cuenta con un voto republicano menos en el Senado, sino tambi√©n porque el p√ļblico estadounidense sabe ahora que los abusos en la vida privada tambi√©n pueden tener consecuencias pol√≠ticas.

Política en un país profundamente dividido

Un modo de pensar como este sólo es concebible en un panorama político tan fracturado como el estadounidense. A menudo, los presidentes recién electos juegan a explotar el sistema bipartidista.

Sin embargo, desde la d√©cada de los noventa se ha instalado en el Congreso un f√©rreo ‚Äúnosotros contra ustedes‚ÄĚ que caracteriza a la pol√≠tica interior del gigante norteamericano. Y la debilita.

Que Al Franken anunciase su dimisi√≥n unos d√≠as despu√©s de la revelaci√≥n de Tweedens puso a los republicanos en el apuro de tener que argumentar seg√ļn las l√≠neas de partido.

A su anuncio reaccionaron con franqueza tanto Moore como Trump. Este √ļltimo dijo que la dimisi√≥n de Franken era ir√≥nica, pues alguien sobre quien pesan graves acusaciones puede quedarse en la Casa Blanca. Y Moore demostraba que alguien acusado de haber abusado de menores pod√≠a entrar en el Senado.

Conocerse mejor

Donald Trump debe darse cuenta de que no todos los republicanos protegen a sus compa√Īeros de partido a cualquier precio.

El líder de los republicanos, Mitch McConnell, le inspiró miedo político a su partido cuando declaró que él le creía a las mujeres que acusaban a Moore e instó a los electores de Alabama a tomar una decisión acorde con sus conciencias.

Tambi√©n Mitt Romney ‚Äďquien de todas formas tiene poco que decir en el Partido Republicano desde su derrota ante Barack Obama en 2012‚Äď fue sincero con Trump en su red social predilecta.

‚ÄúNinguna votaci√≥n ni mayor√≠a vale la pena si perdemos nuestro honor, nuestra integridad‚ÄĚ, escribi√≥ Romney antes de las elecciones en Alabama.

Pero lo que Trump no se esperaba era la salida a escena de Nikki Haley: en el programa dominical ‚ÄúFace The Nation‚ÄĚ, de la cadena CBS, la republicana dijo sentirse ‚Äúincre√≠blemente orgullosa‚ÄĚ de las mujeres que en las semanas anteriores hab√≠an tenido el valor de hacer p√ļblicas las acusaciones contra varias estrellas de Hollywood y otros.

‚ÄúCreo que cada mujer que se haya sentido maltratada de cualquier forma tiene todo el derecho del mundo a decirlo”, afirm√≥ la representante de la Casa Blanca en la ONU.

Con ello tambi√©n se refer√≠a a las acusaciones contra Trump durante la campa√Īa. Pero Nikki Haley no es una cualquiera: ella fue nombrada embajadora por el propio Trump.

Los apoyos de Donald Trump, el presidente n√ļmero 45 de los Estados Unidos, se desmoronan.

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