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Madre indocumentada se protege de la deportación de EEUU en una iglesia

Agence France-Presse
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Veinte años después de llegar a Estados Unidos con su familia escapando de la violencia en México, Jeanette Vizguerra se refugia ahora en una iglesia con sus hijos huyendo de la autoridad migratoria, que quiere deportarla.

Vizguerra, de 47 años, se mudó esta semana al sótano de la First Unitarian Society Church en Denver (Colorado, oeste) después de que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) le negara el miércoles extender su estadía en el país en el marco de la promesa del presidente Donald Trump de expulsar a millones de indocumentados.

No es común que la ICE ingrese en lugares de culto, escuelas u hospitales para deportar a inmigrantes irregulares.

Y así terminó, con sus tres hijos menores, de 12, 10 y seis años y ciudadanos estadounidenses, en esta iglesia del Unitarismo universalista (de raíces protestantes), dispuesta a quedarse lo que sea necesario, incluso los cuatro años del gobierno republicano.

“La gente afuera piensa que es duro, se pregunta cómo puedo sacrificar tanto. Pero cuando veo a mis niños, los veo saludables, felices. Puedo para estar aquí y abrazarlos y tenerlo a mi lado. Estoy dispuesta a hacer lo que sea, estoy dispuesta a sacrificar lo que sea necesario para poder estar con mis niños”, dijo con un tono cansado pero firme.

Aunque irregular y en la mira del ICE por tener un registro de dos delitos menores, Vizguerra había logrado permanecer en el país porque su caso “no era prioridad”.

Todo cambió con una orden ejecutiva firmada por Trump el 25 de enero, que amplió el abanico de los indocumentados que el ICE puede arrestar y deportar: ahora pueden ser personas acusadas de crímenes pero no condenadas, personas sospechosas de actividad criminal pero no acusadas, y personas acusadas de delitos menores.

Ahí entra esta mujer, que además es activista por los derechos de los inmigrantes y muy conocida en su comunidad. Su caso, ha dicho el ICE, es ahora prioritario.

Las autoridades migratorias ya arrestaron al menos a 680 extranjeros en todo el país la semana pasada para deportarlos, entre ellos a Guadalupe García de Rayos, que fue enviada a México y separada de sus hijos.

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También está detenido aguardando su salida un joven mexicano de 23 años que estaba protegido por el DACA (Deferred Action for Childhood Arrivals en inglés), porque supuestamente admitió ser miembro de una pandilla.

Unión, resistencia, lucha

La decisión de Vizguerra de abandonar México es parecida a la de tantos millones de personas que entran ilegalmente a Estados Unidos. Su esposo había sido secuestrado tres veces, una de ellas a punta de pistola.

Llegaron a Denver en la navidad de 1997 y, para poder trabajar, consiguió documentos falsos.

En 2009, comenzó el primer vía crucis. Una patrulla la detuvo por tener las placas de su automóvil vencidas. El agente revisó el vehículo y encontró que la licencia y el número de seguro social eran falsos.

“El seguro estaba basado en la fecha de mi nacimiento, no le estaba robando la identidad a nadie”, aseguró. Fue condenada por un delito menor y pasó 23 días en prisión.

En 2011, un juez le ordenó que abandonara voluntariamente el país, una decisión que su abogado, Hans Meyer, apeló.

Al año siguiente, Vizguerra viajó a las carreras para intentar ver por última vez a su madre, que se estaba muriendo. Pero no llegó a tiempo. Al regresar fue condenada por otro delito menor por volver a entrar al país ilegalmente.

Con todo, Meyer consiguió la autorización para continuar en el país y estaba solicitando una visa por violencia doméstica, sobre la que no ahondó.

Pero esta semana, el ICE le negó una ampliación de su estadía, y ahora su mundo se limita a los muros de esta iglesia, mientras decenas de manifestantes protestaron contra la medida. “Sin odio, sin ira, los inmigrantes son aquí bienvenidos”, se leía en algunas pancartas.

Es hora de que nos unamos y busquemos soluciones“, dijo Vizguerra. “Ya hemos enfrentado estas cosas en el pasado y hemos conseguido vencer leyes y políticas que nos perjudicaban, es tiempo de unirnos y resistir, de luchar”, aseguró esta mujer, quien ya dijo que solo saldrá de la iglesia con un documento que diga que es legal en Estados Unidos.

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