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Martes 06 febrero de 2018 | Publicado a las 17:31

La emergente influencia de las iglesias evangélicas en la política de América Latina

Seguidores de Fabricio Alvarado | ARCHIVO | Agence France-Presse
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Los sectores conservadores de América Latina cuentan con un nuevo aliado: las corrientes evangélicas pentecostales, que avanzan en la región y celebran ahora una victoria parcial en Costa Rica.

Resulta difícil encasillarlas e incluso definirlas con precisión. Las iglesias evangélicas pentecostales son múltiples y también sus diversas corrientes se multiplican en América Latina. Y con éxito.

El último motivo de celebración se los acaba de ofrecer Fabricio Alvarado, el predicador evangélico y candidato del conservador Partido Restauración Nacional, que obtuvo la mejor votación en las elecciones presidenciales celebradas este domingo en Costa Rica. Con más de un 24 por ciento de los votos, se ubica en primera posición de salida para la segunda vuelta de los comicios, que tendrá lugar el 1 de abril.

Lee también: Balotaje en Costa Rica será entre predicador evangélico y exministro de centro izquierda

La suya ha sido una carrera meteórica, impulsada principalmente por la resistencia que generó en parte de la sociedad costarricense el llamado de la Corte Interamericana de Derechos Humanos a garantizar la igualdad de derechos de las minorías sexuales y personas transgénero.

Articular el rechazo ha dicho planteamiento fue, por lo visto, clave para su victoria en este primer round electoral.

Descrédito de la política

Y la fórmula también ha dado resultado en otros lugares. Por ejemplo, el evangélico Marcelo Crivella, que no oculta su homofobia, fue elegido por mayoría absoluta en 2016 como Alcalde de Río de Janeiro.

En el mismo Brasil, el controvertido diputado Jair Bolsonaro aparece en segundo lugar en las encuestas presidenciales, siendo sólo superado por el expresidente Lula da Silva, quien podría quedar inhabilitado de competir a causa de una condena por corrupción.

Por otra parte, la lucha contra la corrupción fue la bandera que enarboló exitosamente otro evangélico, Jimmy Morales, para llegar a la presidencia de Guatemala.

“La credibilidad de la clase política en América Latina está en el suelo. La política es vista como un negocio sucio por la gran masa de la población. Muchos representantes de las iglesias evangélicas (y también de la católica) reaccionan con llamamientos morales”, dice Thomas Wieland, jefe de la sección de Proyectos de la obra episcopal alemana Adveniat.

Wieland postula que “la gente ve en ello una alternativa, piensa que por lo menos son personas que no van a robar. Por eso, la popularidad de los candidatos evangélicos va en ascenso”.

En aumento va también el número de fieles de las iglesias evangélicas pentecostales. De acuerdo con una encuesta realizada por el Pew Research Center en 2014, el 69% de los adultos se identificaba como católico en América Latina, una región donde hasta la década del 60 por lo menos un 90% profesaba esa fe. En cambio, los protestantes ascendían a un 19 por ciento. Y la tendencia no se ha frenado.

Alianza conservadora

El impacto político de este fenómeno comienza recién a bosquejarse, a medida que queda de manifiesto la influencia de estas corrientes evangélicas que, pese a su diversidad, tienen en su mayoría una “agenda moral” en común, como señalara el sociólogo William Mauricio Beltrán, profesor de la Universidad Nacional de Colombia, en un artículo del diario colombiano El Tiempo.

Según el académico, los “dos pilares más importantes de esta ‘agenda’ son la oposición al reconocimiento de los derechos de la comunidad LGTBI y su rechazo de toda iniciativa que permita despenalizar el aborto”.

Se perfila así una paradójica alianza con los sectores más conservadores del catolicismo, en defensa de posiciones semejantes en materia de moral sexual. Y Thomas Wieland señala un elemento más que acerca al pentecostalismo al conservadurismo político: la importancia que asigna a la propiedad y al éxito material.

“La teología de la prosperidad gana terreno y encaja también con los valores tradicionales y conservadores de los partidos políticos en los que se articulan las élites evangélicas. La teología de la prosperidad es un aspecto importante para entender las convicciones políticas de estas agrupaciones”, indica el jefe de la sección de Proyectos de Adveniat.

Según explica, dicha “teología de la prosperidad” plantea que quien tiene éxito en esta vida, es querido y especialmente bendecido por Dios.

Un planteo que podría verse como una antítesis de la teología de la liberación que surgió en tierras latinoamericanas en la década de 1960, que el Vaticano condenó en su día.

Pero de todos modos marca, sin duda, “un contraste con la opción preferencial por los pobres que los obispos de Latinoamérica vienen formulando desde hace décadas, una opción fundamentada en la Biblia y que también el papa Francisco destaca”, dice Wieland.

No obstante, la presencia de las iglesias evangélicas pentecostales cunde entre los sectores desfavorecidos de América Latina, a la par que se empina a las esferas políticas, desafiando los proyectos que apuntan a una sociedad más liberal.

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