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Cuando el enemigo está dentro de casa: cinco casos de peleas entre compañeros de equipo

Archivo | MARTIN BUREAU / Agence France-Presse
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Neymar falló un gol a boca de jarro el miércoles ante el Bayern München y Edinson Cavani se le acercó. El charrúa le tomó la cabeza con cariño y le dijo que no pasaba nada, que a la otra salía. La imagen causó aún más impacto que los goles con los que el PSG barrió a los bávaros. Las réplicas del terremoto causado por el choque del brasileño con Cavani todavía hacen temblar el camarín parisino. La pelea por la pelota antes de patear un penal fue solo la punta del iceberg del conflicto, una niñería que traslució los problemas que trajo la llegada de “Ney” a la capital francesa.

El ex FC Barcelona firmó un contrato por el doble de lo que cobra Cavani, el mejor pagado hasta la temporada pasada. Para hacer caja, los dirigentes trataron de deshacerse de varios jugadores con muchas temporadas y títulos con el PSG. Ahí Cavani alzó la voz y se plantó ante los qataríes para pedir respeto por sus compañeros. Semanas más tarde, con la misma firmeza le dijo que no a Nasser Al Khelaifi, presidente del club, cuando le ofreció un millón de euros para que le cediera los penales al nuevo príncipe de su imperio. Neymar, en tanto, se mueve con actitud de súper estrella, refugiándose en Dani Alves, uno de los pocos amigos que tiene en el plantel.

Se trataron acercar posturas con cenas de camaradería y con mediación del cuerpo técnico y de los compañeros. Los medios franceses aseguran que más allá de la imagen que se quiere dar, en el vestuario hay un ambiente fúnebre.

Zlatan y su pelea a muerte

El estadounidense Oguchi Onyewu no es un central superdotado técnicamente, pero su corpulencia y su estatura (1,93 mts) tentaron al poderoso Milan. Onyewu, ante la oportunidad de su vida, dejaba la piel en cada jugaba. Apenas tenía minutos, pero en los entrenamientos repartía leña a destajo. Hasta que se topó con Zlatan Ibrahimovic. Al sueco no le gustaron sus maneras y se lo hizo saber. El defensor demostró que también tenía la lengua filosa y el sueco le respondió en su habitual tono agrio. La hecatombe se desató, una brutal pelea que pudo haber terminado muy mal. “Quede con una costilla rota. De no haber sido por los compañeros, nos habríamos matado el uno al otro”, relató el hoy delantero del Manchester United.

Las dos perlas del United se las vieron en Alemania

Cuartos de final del Mundial de Alemania 2006. Inglaterra y Portugal bregan en un partido áspero y de nervios tensados. Wayney Rooney, la joven esperanza británica, le pisa el tobillo al defensa Ricardo Carvalho y Cristiano Ronaldo, su compañero de equipo en el Manchester United, corre hacia al árbitro clamando justicia. El “Bad Boy” ve la roja y pocos minutos después, CR7 le cierra el ojo al banco lusitano.

Portugal se acabó imponiendo en la tanda de penales. En Inglaterra aseguraban que Rooney tenía sangre en el ojo con el luso e incluso el histórico delantero Alan Shearer dijo que le iba a dar un puñetazo cuando volviesen a los entrenamientos. Terminada la Copa del Mundo, hicieron las pases y celebraron juntos el primer gol de la temporada con un abrazo abigarrado.

Van Nistelrooy tuvo que irse al Real Madrid

Ruud Van Nistelrooy, temible artillero del Manchester United, no se tomó bien la irrupción de un joven Cristiano Ronaldo. Según narró Alistair Campbell, jefe de comunicaciones de Tony Blair e íntimo amigo de Sir Alex Ferguson, el holandés estaba hastiado con el individualismo del joven portugués en la cancha y se lo hizo saber. Pero Van Nisterooy no se quedó ahí y le dijo a Cristiano que había encontrado una nueva figura paterna en Carlos Queiroz, ayudante de Ferguson. El formado en el Sporting de Lisboa había perdido a su padre hace poco a causa del alcoholismo. Tiempo después, el holandés se acercó al luso para limar asperezas, pero no le aceptaron las disculpas. A fin de temporada se fue al Real Madrid y Cristiano se convirtió en el rey indiscutido de los red devils.

El Vasco de Gama solo podía tener un dueño

Romario llegó con cartel de ídolo al Vasco de Gama en el año 2000, pero en el club blanquinegro ya había un jefe: Edmundo. Los dos cracks, amigos en un tiempo, ni siquiera se hablaban. La tensa calma se acabó cuando le dieron la capitanía a Romario, en desmedro de el “Animal”, horas antes de un partido ante el Palmeiras. Edmundo abandonó el camarín, se negó a jugar y fue amonestado. En su ausencia, Romero anotó siete goles. “Cualquiera que quiera pasarme por encima termina peor”, dijo desafiante el ex FC Barcelona. Edmundo a su regreso, le quiso sacar un penal a Romario, pero este se adueñó de la pelota, pateó y falló. “Yo soy el que ha estado entrenando, pero el jefe (el DT) quiere que ‘el príncipe’ tire los penales”, dijo Edmundo finalizado el partido.

Discordia entre los hermanos

Bobby y Jackie Charlton son los hermanos más famosos del fútbol inglés. Bobby hizo goles hasta el hartazgo en el Manchester United, mientras que Jack jugó toda su carrera como central en el Leeds United de Don Revie. Compartieron por años en la selección inglesa y juntos se coronaron campeones mundiales en 1966. Su abrazo fraterno fue el símbolo de un país que pese a ufanarse de inventar el fútbol nunca se había coronado en la máxima competencia. Sin embargo, esa historia tejida por el éxito y la pelota escondía un profundo resentimiento.

Bobby estaba harto de que su madre, Cessie, se metiera en sus asuntos y tratara mal a su esposa Norma, así que decidió ignorarla. El día del funeral de Cessie, Bobby ni siquiera asistió. Su hermano Jack nunca se lo perdonó.

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