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Crítica de Teatro: “El corazón del gigante egoísta”, un sueño para niños grandes

Jorge Sánchez
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Con una obra en la categoría de teatro familiar, como parte del Famfest, debutó la talentosa Manuela Infante (“Prat”, “Narciso”, “Cristo”, “Xuárez”), texto con elementos multitudinarios, multiformes y caóticos, un universo entretejido similar a los sueños.

Es la respuesta textual a la petición del director Juan Carlos Peragallo, cuya búsqueda es “concebir una obra que funcione para niños y adultos”, una “nueva mirada que permita entretener y reflexionar” a través de “preguntas profundas y humor simple”.

La re escritura de Infante se concentra en cómo funcionaría el corazón de este personaje clásico de cuento infantil, asumiendo en los hechos la idea tradicional de que en el corazón residen o se gestan los buenos y malos sentimientos humanos.

O sea, que el corazón se puede ablandar o endurecer, que es posible hacer ‘tripas corazón’ o comprender que el corazón no siente si los ojos no ven… entre otras muchas funciones que se le atribuyen a este músculo del cuerpo humano.

Un ángulo interesante si la propuesta busca reflexionar sobre el egoísmo, al que considera como un rasgo consustancial de todo ser humano.

De este modo, Eliodoro, el nombre con que la autora bautiza al gigante en esta propuesta, se convierte en una persona rica y poderosa con graves problemas cardíacos… pese a lo cual su corazón puede hablar y decide contar a su manera el cuento clásico del gigante egoísta.

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Esta construcción de Manuela Infante, se hace más compleja al abordar temas en el contexto que la autora teje alrededor del gigante, un afuera que es posible deducir del relato original.

Qué es y por qué existe el egoísmo, la felicidad, la circularidad y/o relatividad del tiempo, la vida y la muerte, la rutina de la desigualdad, sugeridos como trasfondo conceptual.

Sin embargo, este montaje que se promueve para niños mayores de 6 años tiene algunas escenas donde los espectadores más pequeños tienen respuestas muy expresivas.

Por ejemplo, durante el despertar del gigante, su corazón late al compás sincrónico de un pulso musical, o el momento en que se sienta de espalda al público y se proyectan pájaros; y algunas expresiones del personaje de Amparo Noguera, un corazón que tartamudea al latir.

En este ambiente multitudinario también aparecen personajes conocidos como los minions y se recurre a coreografías, animaciones, teatro negro…

Al final, es posible destacar la música del compositor Daniel Marabolí, gran estimuladora y fundamental para entregar un soporte y dinámica al conjunto.

Además, es vital para ayudar al público de cualquier edad a conectarse con un relato en escena que, por su naturaleza, puede o debiera aprehenderse sólo por la vía sensorial, no racional.

Gam. Alameda 227. Jueves y viernes, 19.30; sábado 17.00 y 19.30, domingo 17.00. Entrada general $ 6.000; estudiantes $ 4.000; tercera edad $ 3.000. Hasta el 30 de julio.

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