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Crítica de Teatro: “Poder absoluto” , enemigos públicos a la vista

Poder absoluto | TNCH
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Se trata nuevamente de un montaje argentino sobre un relato del español Roger Peña que llega a Chile en busca del éxito que tuvo en Buenos Aires y Madrid.

“Poder absoluto” es una típica obra de texto, donde reina la palabra hablada, a través del diálogo, además de incursionar en el mundo interior y sicológico de sus personajes.

Con la dirección de Oscar Barney, y las actuaciones de Paulo Brunetti y Carlos Kaspar, en un espacio escénico mixto, entre realista y metafórico, la obra tiene como soporte un fenómeno mundial: la corrupción de la política como consecuencia de la conducta anti ética de los protagonistas.

No es un tema novedoso. Sin embargo, es posible encontrar un punto de vista cuando el autor confronta a hombres de generaciones distintas en una actividad común.

Un joven político con grandes proyecciones, tentado por un líder que ha sabido mantener oculto el lado corrupto de su larga trayectoria.

La moneda de intercambio es el poder. Al mayor, que ambiciona la más alta magistratura, le conviene compartirlo, para lo cual todo vale: traiciones, deslealtades y renuncia ideológica.

Realidad transversal

Para demostrar que la corrupción no tiene nacionalidad y que las disputas entre las maquinarias políticas sólo se desatan por territorios y cuotas de poder, el autor sitúa esta obra en Viena.

Así, la recepción para el encuentro entre ambos políticos se da en la casa del líder, en un ambiente civilizado, cultural y aséptico bien hipócrita, con música clásica, lindas flores y buenos tragos.

Como el mayor sabe lo que quiere, de alguna manera juega con la incertidumbre y, por supuesto, las expectativas del más joven.

Sobre todo, cuando le propone-exige como condición para optar a un cargo importante -si llega a presidir el gobierno- que liquide a un personaje que le conoce un secreto que, si se destapa, echa por tierra sus pretensiones.

Una telaraña que construye con palabras de buena crianza, declaraciones morales, análisis serios y mecanismos de seducción intelectual, que pasan a cierta violencia verbal, sarcasmos, cinismo y pragmatismo cuando no recibe la respuesta que busca.

Así, el diálogo ingresa a un carrusel que, en momentos, se hace monótono al girar de manera plana, tal vez no por las ideas que se proyectan, sino debido a cierto déficit de vitalidad en la opción actoral, que busca retratar a gente civilizada en conflicto.

Los protagonistas de esta obra son de derecha, pero se sabe que la influencia de quienes ejercen el poder desde las sombras, a través del dinero que corrompe las actividades públicas, ya no es patrimonio sólo de este sector político.

Teatro Mori Vitacura. Avda, Bicentenario 3800. Fono 2 2240 3222. Viernes y sábado, 20.30; domingo 19.30 horas. Hasta el 31 de Julio.

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