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Crítica de “Margot Loyola: yo no me quiero morir”: fuerza escénica y justo homenaje

Teatrocinema
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Cuando una obra se basa en biografías opta entre hacer un legítimo teatro-documental o responder a la ficción, más o menos convencional o innovadora en su desarrollo.

Sin embargo, esta disyuntiva parece no existir en “Margot Loyola: yo no me quiero morir”, dramaturgia de Cecilia Astorga y Constanza Thümler, también directora (Sonata para un cuervo, dos cuentos y un poema de Edgar Allan Poe).

De manera entretenida integra fragmentos capturados de la cronología íntima y pública de Margot, con el trabajo actoral y la interpretación musical, canto y baile, la materia prima de su trabajo creativo.

En realidad, esta obra busca conectar y evocar, a través del uso de diversos lenguajes, el mundo artístico y humano que le tocó vivir a la gran folclorista chilena, con su legado artístico: la creación profunda y anónima de nuestro país.

Admirativa evocación

Sin duda que en el montaje se filtra la admiración que la directora de 28 años siente por Margot Loyola. No es raro, entonces, que subraye una idea de chilenidad pre dictadura, asociada a ella.

Ésta incluye una crítica a la labor deficitaria respecto de la música tradicional del nivel intelectual-institucional, que contrasta con lo que Loyola recopiló en su infatigable caminar por el país.

“A la academia le falta tierra” es una frase de la folclorista que Constanza Thümler recuerda en el montaje.

Así, a través de evocar la palabra dicha, escrita o cantada de la artista popular, la obra va construyendo una idea de lo chileno que valora paisajes y personas que va conociendo.

Una fisonomía del país ligada al descubrimiento de Chile que se complementa con cartas y frases de Margot, la arista privada a la que la directora tuvo un privilegiado acceso.

La música, utilizada sin saturar e interpretada en vivo con gran calidad, tiene una función muy relevante en el montaje.

Se puede decir que estimula el diálogo de la voz –como palabra con sensibilidad-sensualidad y sentido-, con la expresividad corporal.

De este modo, el relato escénico abarca momentos de la vida de Margot -infancia, inicios en el dúo Las hermanitas Loyola, trabajo solista- y aspectos del universo físico y humano que recopiló en su cerebro y corazón: una mirada integradora, íntima y colectiva, sobre el oficio artístico y su entorno.

Un aspecto especial del montaje es el trabajo actoral de Rodrigo Pérez junto a Patricia Díaz Vilches, Marcela Millie y los músicos Marco Palma (guitarra) y Mauricio Vega (arpa).

Pérez y Díaz no representan a Margot Loyola, sino que buscan evocar su espíritu y voz, como reflejo del canto de muchas mujeres y el ámbito cultural.

La ductilidad del experimentado Pérez es fundamental. Sin necesidad de travestirse acerca a una Margot trascendente y cercana en una obra en que también resalta Vega bailando cueca mientras maneja el tañador.

Teatrocinema. Ernesto Pinto Lagarrigue 179. Fono 2 2735 0861.

Sábado y domingo, 20.00 horas. Entrada general $ 6.000; estudiantes $ 3.000. Hasta el 10 de Julio.

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