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Crítica de Teatro: “Un minuto feliz” Bellezas que reflexionan

Foto: Jorge Sánchez
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Cualquiera hubiesepensado que una obra que tiene como referencia los “café con piernas” sólo se limitaría a desplegar ampliamente en escena la anatomía femenina.

No es así. En realidad, el texto del dramaturgo argentino Santiago Loza (“La mujer puerca”), equivale a un extenso monólogo, a través de tres mujeres-voces, que se desarrolla con gran intensidad reflexiva.

Sin embargo, esta cualidad es, al mismo tiempo, un problema ya que, en líneas generales, la introspección dificulta la posibilidad de manifestación de otros aspectos de este micromundo.

Se podría decir que existe un desequilibrio entre lo que piensan y sienten estas tres mujeres y el caudal de sensualidad y funcionalidad que buscan asentar en el trabajo, en su relación con los clientes del café, arista a la que se alude verbalmente.

Entonces, esta reflexión que “retrata el alma de mujeres solas” se mueve en un ambiente neutro, sin contacto real con el mundo exterior, asociado a esta realidad, que incluye masculinidad, voyerismo, desencanto y otras soledades.

Una propuesta textual que aleja al espectador de la posibilidad de aproximarse al fenómeno social que constituyen en Chile los “café con piernas” y el “minuto feliz” de desnudez que estos locales ofrecen u ofrecían como gran destape.

Hilo conductor

En todo caso, la obra se sigue con interés, aunque siempre a la espera de un giro sorpresivo y/o variantes en el soporte textual.

El montaje se apoya en el manejo firme de la directora Aliocha de la Sotta (“Hilda Peña”) para que los personajes acentúen perfiles personales bien diferenciados, junto con agregar ciertas fricciones.

En este esquema, el elenco responde exhibiendo un buen desempeño, en especial Paula Zúñiga, en su rol de La Otra, que hace recordar el monólogo de su extraordinaria “Hilda Peña”.

A su vez, la experimentada Coca Guazzini (La Mayor) delinea a una mujer que parece ser la más realista, mientras que Caro Quito interpreta a La Menor, una joven primeriza que filtra grados de ingenuidad y todavía mira el mundo con ojos bien abiertos.

En realidad, la obra se centra en el tema de las mujeres solas, una condición común entre personas jóvenes y adultas de las más diversas actividades laborales

-supermercados, dueñas de casa, temporeras, trabajadoras sexuales, entre otras- y deja pendiente profundizar qué significan los “café con piernas”, un genuino invento chileno, según se dice.

Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM). Alameda 227. Miércoles a sábado, 21.00 horas. Entrada general $ 6.000; estudiantes y tercera edad $ 3.000. Hasta el 4 de Junio.

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