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Microgestos: los secretos y mentiras que esconde nuestro lenguaje no verbal

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La reciente avalancha de sucesos que nos han remecido como opinión pública, en relación a múltiples casos de corrupción y falsedades en distintas esferas del quehacer nacional, han despertado en mí una vieja pasión, la de darme cuenta de la incongruencia entre lo que una persona dice y las emociones que la embargan, y la forma en que éstas se reflejan de manera involuntaria en el cuerpo y especialmente en el rostro.

En efecto, los seres humanos somos un verdadero “libro abierto” cuando de transmitir nuestras ideas y emociones se trata. El punto es que la mayor parte de la gente no está entrenada para captar las sutilezas del cuerpo, de la voz y del rostro de nuestros interlocutores y que develan una verdad mas allá de lo que las palabras dicen.

Y es que estamos acostumbrados a poner nuestra atención en las palabras, en lo que la gente dice y no en cómo lo dice. Las investigaciones que datan ya de varios años, indican que el impacto de nuestra comunicación no verbal es cercano al 90%, y por lo tanto nuestra voz, nuestros movimientos corporales y fundamentalmente nuestros microgestos, nos delatan.

Hay una parte de nuestra comunicación no verbal que se puede controlar y que se puede aprender para utilizarla deliberadamente. En esta categoría caen los movimientos de las manos (particularmente las tocadas en el rostro), la postura del cuerpo y la forma en que brazos y piernas se disponen cuando estamos frente a alguien.

Es por esto que se puede entrenar con bastante destreza a un político, a un gerente que debe hablar y convencer a su gente o sencillamente a un orador que tenga la responsabilidad de asegurarse de que su mensaje llegue de manera certera, cercana, convincente y persuasiva.

Sin embargo, existe otro tipo de movimientos que están dentro de lo incontrolable pues responden a las emociones que, quien comunica experimenta y que por lo tanto, son imperceptibles tanto para el emisor como para el que recibe el mensaje.

Se trata de los microgestos. Expresiones del rostro que ocurren de manera inconsciente en un lapso aproximado de un cuarto de segundo, y que revelan con nitidez la congruencia del comunicador en relación a lo que dice y a las emociones que le acompañan.

Existe una gran cantidad de músculos en el rostro que se asocian a las respuestas emocionales de los que comunican. La mezcla es exquisita y por supuesto ha dado lugar a investigaciones y reportes científicos, particularmente del psicólogo inglés Paul Ekman, que nos permiten hoy declarar que es posible descubrir cuando una persona esta siendo congruente entre lo que dice y lo que siente.

Evidentemente desde esta perspectiva, podemos afirmar que es posible descubrir una emoción de culpa que se esconde detrás de una mentira, o una emoción de envidia cuando te felicitan o sencillamente, una emoción de tristeza detrás de una falsa sonrisa.

Estamos acá mis amigos, frente a una tecnología sorprendente. Faltan aún pruebas científicas más concluyentes para poder armar un cuerpo de conocimientos más confiable, pero lo que hay hasta ahora, es sin duda un avance significativo para poder internarse en el arte del descubrimiento de los secretos y mentiras que los seres humanos nos contamos. Y tal como lo expresa el mismo Ekman, los mentirosos deben ser descubiertos cuanto antes y por lo tanto, no podemos esperar.

Por ahora yo me deleito viendo y escuchando a cuanto político y personaje público que con desparpajo miente y probablemente no sospecha que hoy, ya existimos personas que nos hemos iniciado en el aparentemente mágico mundo de la lectura del rostro y que por lo tanto, nos damos cuenta de sus incongruencias, de sus mentiras y secretos.

Oscar Cáceres

Coach y speaker interncional
@ocaceresp
www.oscarcaceres.com

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