Desde hace varios meses he venido detectando en mis conversaciones de Coaching con diversos seres humanos como usted y yo, personas que viven de su trabajo y que han estado sintiendo ya hace algún tiempo, un fuerte desánimo general sin lograr identificar qué es exactamente lo que les ocurre. Labor de un coach que se precie de tal, es indagar en el alma humana para ayudar a divisar aquello que entristece, aquello que frena, aquello que desesperanza.

En la mayor parte de los casos aparecen signos de una tremenda frustración, mezclada con rabia e impotencia por tanta incongruencia que nos desconcierta o mejor dicho, que hoy vemos con claridad que nos apabulla y que no sabemos como lidiar con ello.

Una sensación de orfandad literal cuando de mirar líderes se trata. No sabemos quien nos puede guiar en un país a la deriva, pues desconfiamos de todos y de todo. Miramos con asombro una clase política transversalmente desprestigiada que actúa con una extraña patología rayando en la locura, pensando que todo sigue igual, que la población los sigue percibiendo como referentes de seriedad y honestidad.

Eso se acabó y por lo tanto como ya no está, nos genera una fuerte sensación de incertidumbre. Un nivel de delincuencia sin precedentes, un sistema judicial que no cesa de sorprender con sus desaciertos. Una mujer de mediana edad en una de las sesiones me decía “siento que este país se va a pique y no se qué hacer, no se por quien votar, a quien creer…”.

En efecto miramos a un socialismo que enarbola la bandera de la igualdad y la promesa de un mundo mejor, con mensajes tan incongruentes como el del caso Caval o las pensiones inauditas de personajes que proclaman la justicia social como postulados intransables.

Por otro lado, una derecha insaciable que ha sido testigo y cómplice de cuanto abuso posible por parte de un indolente empresariado que se colude, que miran al cliente no como su desafío y quien les permite vivir sino como una masa amorfa de seres humanos a los cuales hay que literalmente estrujar. Créanme que estos juicios los emito desde el dolor que significa creer en el emprendimiento y ver como este se ensucia cuando los valores esenciales se pierden.

Somos testigos de un sistema de pensiones que no soporta más, pensiones miserables de la mayor parte de nuestros abuelos -que, de no hacer nada, es el futuro que espera a gran parte de los que compartimos este artículo-, corrupción transversal en todos los recovecos de nuestra sociedad, el fútbol que de no ser por las alegrías que nos regalan nuestros muchachos nos mostraría una cara deprimente, enriquecimiento a cualquier precio de la élite a vista y paciencia de todos… en fin la lista es larga y pareciera esparcirse por cuanto rincón de la sociedad humana existe.

A todo lo anterior sumémosle la incertidumbre que genera el sentir la crisis en carne propia, ver cercana la posibilidad cierta de quedar sin empleo, no ser capaz de sostener a la familia, no poder cumplir los compromisos asumidos y caer en la temida pobreza.

El sufrimiento es palpable y la angustia es creciente. “¿Qué país estamos legando a nuestros hijos?”, me preguntaba una mujer que asistía a una de mis sesiones.  “¿Que será de mi vejez si no veo a nadie que realmente este tomando cartas en estos asuntos?. ¿Hacia dónde vamos…?”.

El desafío que cada uno de nosotros pareciera tener, es como sacudirse de este verdadero “sometimiento social” en donde no nos hacemos escuchar, en donde nuestra voz pareciera valer nada y nuestra única forma de liberar nuestra indignación es a través de la furia en las redes sociales. Esto claramente no basta y pienso que cada uno tiene el deber moral de restituir nuestra sociedad hacia lo que todos merecemos.

Tenemos el alma cansada, es cierto, pero debemos de ese cansancio colectivo sacar lecciones que nos muevan a la acción. Quizás la opción sea articular una gran asamblea ciudadana que nos haga poner foco realmente en nuestro bienestar como sociedad.

No tengo la solución a este entrampamiento colectivo. Sólo puedo, desde lo que yo hago, levantar la energía y el ánimo para elevar la moral y deslizar la poderosa idea de que seremos todos nosotros finalmente los responsables de la sociedad que construyamos.

Oscar Cáceres
Coach y speaker interncional
@ocaceresp
www.oscarcaceres.com