Artes y Cultura


Sinfónica Nacional ofrece imponente Novena Sinfonía de Beethoven dirigida por Reichel

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Como número central de su Temporada de Extensión 2017, la Orquesta Sinfónica Nacional ofreció una imponente versión de la Novena Sinfonía, Coral en Re menor, “Coral” de Beethoven, en la que el Coro de la Universidad de Chile, que conduce Juan Pablo Villarroel brindó una actuación sobresaliente, enmarcada en instantes sublimes, con un cuarteto de integrantes solistas en que brillaron las damas, la soprano Claudia Pereira y la mezzosoprano Ana Navarro y en que los varones, el tenor Felipe Catalán y el barítono Ramiro Maturana, cumplieron en forma satisfactoria

Obra musical trascendental de todos los tiempo, escrita por el compositor alemán Ludwig van Beethoven entre 1818 y 1824, la partitura original de casi 200 páginas, se encuentra en la Biblioteca Nacional de Berlín. La partitura original de esta obra fue escrita entre 1818 y 1824, aunque desde antes Beethoven había pensado en la composición de la misma. El 7 de mayo de 1824, diez años después de la Octava Sinfonía, el compositor da a conocer al mundo la Novena Sinfonía, en re menor, posteriormente conocida como Sinfonía Coral.

La presentación tuvo lugar en el Teatro de la Corte Imperial de Viena, Austria abarrotado de celebridades, aristócratas, nobleza y sangre real. Esta sería la última aparición pública del genio alemán, el que murió tres años más tarde.A los 54 años de edad había creado la obra más grandiosa y eterna.

La obra es de género instrumental y sinfónico, aunque se le nombra coral por la presencia del coro en la sinfonía. Es música programática porque tiene como hilo conductor un programa literario basado en la “Oda a la alegría” de Friedrich Schiller, admirada por Beethoven y a la que pensó poner música desde 1793.Se inicia con un tema principal que transcurre en escalas y variaciones trepidantes, con incisos más adelante para los momentos líricos, nuevamente interrumpidos por la intensidad titánica de la composición. El volumen de la sinfonía es brutal para la época.

El segundo movimiento es calificado como un gran incendio, la contundencia y velocidad, suavizado majestuosamente en la recapitulación. El tercer movimiento, aunque suave, conduce firmemente a lo que será unb instante que contiene una melodía fácilmente reconocible y mundialmente famosa. El movimiento comienza con breves recapitulaciones de los movimientos anteriores. Finalmente, el bajo irrumpe con un llamada Amigos no en esos tonos… tras lo cual la melodía del “Himno a la Alegría” es tocado, primero por la orquesta, y luego por el coro.

Los cellos, las flautas y los oboes crean el clima y las voces masculinas y femeninas se alternan declamando la “Oda a la Alegría” de Schiller, de ahí lo de coral, envueltas por el todo orquestal.

La sinfonía avanza y se eleva sobre sí misma, mientas los coros llegan a niveles atronadores. Una doble fuga da el contrapunto pausado que lleva al veloz y prolongado cántico final, un desenlace de sinfonía único. Beethoven quería impresionar a los oyentes y subrayar los propósitos de fraternidad universal, y lo logró con este movimiento, que es más bien un ejercicio operístico.

La partitura original de casi 200 páginas, se encuentra en la Biblioteca Nacional de Berlín. Después de la muerte del compositor en 1827, el original de la partitura pasó a manos del biógrafo personal, Anton Schindler. El 12 de enero del 2003, esta sinfonía ingresa en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

En una ceremonia oficial en Berlín y enmarcada por un concierto en el que la Filarmónica de las Naciones, dirigida por Justus Frantz, dirigió la Novena Sinfonía, se concretó la inscripción. Esta obra es escuchada en Juegos Olímpicos, en actos oficiales, como en el de la reunificación alemana en 1989 y otros.

La versión ofrecida por la Sinfónica Nacional el pasado fin de semana en el Teatro Universidad de Chile, se caracterizó por el ritmo intenso, preciso y estricto que le impuso a sus músicos el director Reichel durante toda la obra y la concentrada y precisa labor de las cuatro familias musicales, con figuras destacadas en varios solistas y las espectaculares intervenciones del percusionista Gerardo Salazar.

De principio a fin, el conductor nacional, destacó por su entrega y seguridad de conducción y la orquesta en pleno respondió con una disciplina orquestal admirable.

El próximo concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile en su Temporada de Extensión junto al Coro Sinfónico de la Universidad de Chile, en el Teatro del CEAC , será para Semana Santa, en que bajo la dirección del maestro invitado, Juan Pablo Izquierdo, rendirá un homenaje a los 120 años del fallecimiento del gran compositor alemán Johannes Brahms, con la interpretación de su Requiem Alemán, opus 45, los días viernes 7, martes 11, miércoles 12 y jueves 13, a las 19.40 horas, con la presencia como solistas, de las figuras líricas la soprano Claudia Pereira y el barítono Patricio Sabaté

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