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La verdadera razón de por qué llamamos "gringos" a los estadounidenses (y "yanquis")

Huffington Post
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En 2013, la “gringa loca” se convirtió en toda una sensación de internet. Cecily Hall, esta profesora estadounidense que por amor se quedó viviendo en nuestro país, cautivó a miles de internautas no sólo por su simpatía, sino también por cómo destacaba nuestras… ehmm… digamos, particularidades como chilenos.

Pero, ¿por qué llamamos ‘gringos‘ a los estadounidenses, al punto que ellos mismos se reconocen como tales?

Y no es sólo cosa nuestra. En prácticamente toda América Latina se ocupa el vocablo gringo para referirse a los ciudadanos del país del norte (al que consecuentemente apodamos ‘gringolandia‘). En muchos casos el asunto va más allá y le decimos también gringos a cualquier hablante del inglés, o incluso a cualquier extranjero que no tenga un origen latino o asiático.

De hecho, la Real Academia Española (RAE) define ‘gringo‘ como un “extranjero, especialmente de habla inglesa, y en general hablante de una lengua que no sea la española”, aunque también se puede extender a una “persona de cabellera rubia y tez blanca” o que use cualquier idioma que nos parezca “ininteligible”, metiendo en el saco también a los rusos (sí: Lenin, revuélcate en tu tumba).

Cecily Hall y su amor, Marcelo Landeros | Califragilísticos
Cecily Hall y su amor, Marcelo Landeros | Califragilísticos

Ahora, existe multitud de explicaciones relacionadas al origen de la palabra ‘gringo’.

Probablemente la más popular se remonta al tiempo de la guerra que sostuvieron Estados Unidos y México entre 1846 y 1848, donde los descendientes aztecas perdieron más de la mitad de su territorio y lamentaron casi 30 mil muertos. Con semejante resultado, no era de extrañar el rencor que los mexicanos albergaran por sus vecinos, a quienes echaban al grito de “green go!” al verlos pasar con sus uniformes militares verdes.

Soldados estadounidenses durante la guerra con México
Soldados estadounidenses durante la guerra con México

Dos variaciones de esta teoría es que, motivados por su fe católica en común, un batallón de irlandeses y alemanes desertaron para unirse a las tropas mexicanas. Siendo devotos de San Patricio, hicieron verde su uniforme en honor al santo… que para ser francos no cuidó muy bien de sus fieles pues acabaron todos muertos en batalla o fusilados por traición. Como sea, se supone que los mexicanos los reconocían diciendo “green go!”, para advertir que ahí venía uno de “sus” gringos.

Finalmente, la misma guerra relata que los batallones estadounidenses se dividían por colores, existiendo los cuerpos “red”, “blue” o “green” (sí, como los Pokémon). Entonces, cuando su general les daba orden de movilizarse gritando “green go!“, los mexicanos -que son malitos para el leseo- se burlaban de ellos remedándoles “¡gringou!“.

Divertidas, pero todas falsas. Lo único cierto en estas historias, es que a partir de la invasión de Estados Unidos a México -que los primeros prefieren llamar ‘intervención’- el término “gringo” se extendió al resto de Latinoamérica, casi siempre con un tonito peyorativo que la RAE eliminó no hace mucho de su diccionario (es probable que el que Estados Unidos le quitara por la fuerza Cuba, Filipinas y Puerto Rico a España a incios del siglo XX no contribuyera a agilizar el trámite).

¿Cómo sabemos que son falsas? Porque la primera mención documentada del término ‘gringo’ aparece en 1765 en el diccionario de Esteban de Terreros… 11 años antes de que existieran los gringos (la fundación de Estados Unidos fue en 1776).

El verdadero origen del término gringo

Aunque suene increíble, los ‘gringos’ vienen desde la Edad Media, y eran en realidad… los griegos.

Según relata el filólogo (no, eso no es nada ilegal) uruguayo Ricardo Soca, autor del sitio ElCastellano.org, durante el tiempo en que la Iglesia Católica y sus monasterios eran los guardianes del conocimiento, era común acompañar las frases en latín de los libros por su equivalente en griego.

En cierto momento perdido en la historia, la Iglesia decidió que esto ya no era necesario, por lo que la comprensión del griego empezó a decaer rápidamente, al punto que se hizo común la expresión græcum est, non potest legi (si está en griego, no se puede leer), que posteriormente se convirtió en un refrán para cualquier lengua imposible de entender, así como hoy decimos “esto parece chino”.

¿Tu cachai griego, loco?... tss, con suerte hablo latín.
¿Tu cachai griego, loco?… tss, con suerte hablo latín.

De hecho, cuando Miguel de Cervantes publicó su primera versión de El Quijote en 1605, ya ponía en ella:

…esto para los labradores era hablarles en griego o en gerigonça…

En la centuria siguiente, el diccionario de Esteban de Terreros tomaba el tema explicando que “gringos llaman en Málaga a los extranjeros, que tienen cierta especie de acento, que los priva de una locución fácil y natural castellana, y en Madrid dan el mismo nombre con particularidad a los irlandeses”.

¿Y cómo fuimos de “griegos” a “gringos”? Simple evolución del lenguaje. El etimólogo (que tampoco es algo ilegal) español Joan Corominas, determinó que el término ‘griego‘ se acortó a ‘grigo‘, esquema común en nuestro lenguaje, para saltar posteriormente a ‘gringo‘.

¿Y los yanquis?

Los “yanquis” -o en su expresión original, yankees– es aún más interesante, ya que su origen es intrínsecamente gringo (ya vamos como Inception) y se relaciona con la forma en que los propios estadounidenses se denominan entre ellos, incluso, despectivamente.

Contrario a gringo, nadie tiene muy claro el origen de la palabra. El primer registro del término data de 1758, cuando el general británico James Wolfe se refirió así específicamente a los soldados nacidos en lo que era Nueva Inglaterra, al noreste de lo que pronto sería Estados Unidos. “Les aseguro que estas dos compañías de yanquis son mejores para montar guardia o explorar, que para trabajar o patrullar”, indicaba.

No. No los apreciaba mucho.

https://en.wikipedia.org/wiki/Yankee_Doodle
Panfleto británico ridiculizando a los yanquis durante la guerra de Independencia

El término siguió siendo usado incluso en caricaturas para referirse burlonamente a los habitantes de esta zona como flojos, tontos o incultos, sobre todo a quienes se integraban a la milicia. Hasta ellos mismos denominaron como la “Guerra Yanqui-Penamita” (ambos términos ofensivos) a una serie de escaramuzas bélicas que los enfrentaron con sus vecinos de Pensilvania por lo que hoy es el estado de Connecticut.

"Barney es un dinosaurio que vive en nuestra mente..."
“Barney es un dinosaurio que vive en nuestra mente…”

Con el paso del tiempo, el término yanqui se extendió a otros integrantes de la unión. Si a comienzos del siglo XVIII era propio de los descendientes británicos nacidos en Nueva Inglaterra, para sus fines, los británicos lo habían ampliado a cualquiera de sus descendientes que hubiera nacido en tierras americanas, similar a nuestros ‘criollos’.

La consagración del término vino, por supuesto, en la guerra de independencia, cuando los estadounidenses reconocieron en este término usado con malicia por los británicos, un motivo de orgullo. El conocido tema Yankee-Doodle, actual himno oficial de Connecticut, se convirtió en una de las canciones más entonadas por los patriotas para darse ánimos en batalla.

(Y no, entiendan: la canción NO es de Barney).

Sin embargo, el término volvió a sufrir un cambio radical con el estallido de la guerra civil entre el Norte y el Sur de la unión en 1861. Aquí, los soldados confederados (sureños), comenzaron a llamar despectivamente yanquis a los unionistas del norte. Incluso el término “maldito yanqui” fue acuñado por ellos mismos, al punto que un antiguo chiste de la época decía: “me tomó 20 años darme cuenta de que ‘maldito’ y ‘yanqui’ eran dos palabras separadas”.

Actualmente, “yanqui” tiene distintos significados dependiendo de qué parte del mundo provengas: para los habitantes del norte de Estados Unidos, un yanqui es un residente de Nueva Inglaterra; para los estadounidenses sureños, un yanqui es un norteño; mientras que para el resto del mundo, simplemente todo estadounidense es un yanqui.

A excepción de Daddy Yankee.

Él es el máximo líder.

¿Pero y de dónde venía el término yanqui?

Ya se los dije, nadie lo sabe. Existen teorías de que provendría de expresiones indígenas americanas, pero todas han sido desacreditadas. La más probable -y sólo en esos términos, probable- es que tenga un parentezco con el neerlandés hablado en Holanda, ya que la colonia inglesa de Nueva Inglaterra tenía mucha interacción con inmigrantes de los Países Bajos en aquella época.

Nuevamente, el origen de la palabra sería peyorativo (vaya que le gusta hacerse bullying a estos gringos), ya que los propios habitantes de Nueva Inglaterra lo habrían usado para referirse a los descendientes holandeses de la zona.

Aquí hay dos versiones: una del lingüista Jan de Vries quien documentó la existencia de un pirata holandés del siglo XVII conocido como “Yanky el Holandés“; y la de los etimólogos ingleses Michael Quinion y Patrick Hanks, quienes la atribuyen a la transformación inglesa de los nombres diminutivos Janke (hombre) y Janneke (mujer), muy comunes en la época.

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