Artes y Cultura
Crítica de Cine: "El gran showman", un lugar en el mundo
Publicado por: Emilio Contreras
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Ambientado en un simbólico Nueva York propio de la segunda mitad del siglo XIX, el largometraje de ficción dirigido por Michael Gracey, y candidato a tres premios Globos de Oro 2018, reproduce la estética fílmica de un musical de época, que pese a tener bastantes atributos dramáticos y actorales, termina siendo deficiente en el total de su producción, debido a sus concesiones al melodrama y a cierto afán moralizador desplegado por su pretencioso libreto.

Por Enrique Morales Lastra

‚ÄúLa gente desea el amor conyugal, porque les aporta bienestar, cierta paz. Es un amor previsible porque lo esperan, lo esperan por razones concretas. Un poco aburrido, como todo lo que es previsible. En cambio, la pasi√≥n amorosa est√° ligada al surgimiento. Altera el orden, sorprende. Existe una tercera categor√≠a. No tan conocida y que yo llamar√≠a‚Ķ el encuentro inevitable. Alcanza una intensidad extrema, y habr√≠a podido no producirse. En la mayor√≠a de las vidas no sucede. No es buscado, ni tampoco surge. Aparece. Cuando est√° ah√≠ te impacta su evidencia‚ÄĚ.

Christine Angot, en “Un amor imposible”.

Por momentos parece una novela de Charles Dickens, el narrador victoriano por excelencia: ‚ÄúEl gran showman‚ÄĚ (‚ÄúThe Greatest Showman‚ÄĚ, 2017) se explaya a trav√©s de los c√≥digos audiovisuales de una obra cuya tem√°tica articuladora resulta de una suerte de aprendizaje √©tico, afectivo y existencial, donde se observa al protagonista (el personaje ver√≠dico de P.T. Barnum), pasar desde una pobreza asfixiante -en la cual se enamora perdidamente de una muchacha de familia adinerada-, hasta llegar a la cima prodigada por la riqueza, y por el √©xito humano y generoso de los negocios, en una sociedad liberal para los empr√©stitos y puritana para la moral.

El tel√≥n de fondo es la pujante ciudad de Nueva York de la segunda mitad del siglo XIX: trenes a vapor, grandes coches tirados por caballos, mansiones elegantes que se erigen sobre la isla todav√≠a verde de Manhattan, la ambici√≥n de una urbe que aguarda y entrev√© cercana la modernidad de los altos edificios y de las transacciones burs√°tiles, a√ļn envidiosa de la vieja y derrotada Inglaterra.

"El gran showman"
“El gran showman”

A trav√©s de la ret√≥rica audiovisual de un musical (los protagonistas cantan y bailan con frecuencia atl√©ticos y dif√≠ciles movimientos coreogr√°ficos), la c√°mara de Michael Gracey (su √≥pera prima es ‚ÄúEl gran showman‚ÄĚ), configura la realidad de un circo de ‚Äúfen√≥menos‚ÄĚ que encuentran su lugar en el mundo, bajo el alero protector de ese empresario decimon√≥nico del circuito masivo de la entretenci√≥n, llamado, seg√ļn se anot√≥, P.T. Barnum (aqu√≠ interpretado en su vida de adulto por el actor australiano Hugh Jackman).

El largometraje destaca por la variedad de recursos tecnol√≥gicos y de utiler√≠a a los cuales echa mano su equipo de producci√≥n para concebir una cinta de √©poca que adem√°s de representar a ese Nueva York de grandes esperanzas, que anunciaba a la capital y metr√≥polis en la cual se transformar√≠a la urbe, encuadra y refleja en su lente las aspiraciones afectivas, filiales y de comuni√≥n, abrigadas por un grupo de personas llamativamente visibles a causa de alguna malformaci√≥n f√≠sica, por rasgos exteriores que les han confinado a pertenecer al gen√©rico grupo de los llamados ‚Äúanormales‚ÄĚ.

As√≠, y en esa escena que simboliza a los Estados Unidos que miraba con cierto complejo de inferioridad ‚Äďinsistimos- a Inglaterra (la aparici√≥n en la trama de la Reina Victoria no es casual), el estudio que sirve de placenta a esa ciudad inventada, guarda semejanzas, por ejemplo, con la Gran Manzana esbozada cinematogr√°ficamente por Martin Scorsese en ‚ÄúLa edad de la inocencia‚ÄĚ (1993) y en ‚ÄúPandillas de Nueva York‚ÄĚ (2002): atardeceres que iluminan pasiones ocultas, v√≠nculos transgresores socialmente (la relaci√≥n personificada por la pareja de Zac Efron y Zendaya), y las chimeneas que no se cansan de lanzar al vientos sus chismes y sus secretos.

"El gran showman"
“El gran showman”

P.T. Barnum se debate gracias a su fulgurante √©xito, entre su esposa, su familia, y la traici√≥n que significa la irrupci√≥n, en el argumento del relato, de la cantante Jenny Lind (encarnada por la actriz sueca Rebecca Ferguson): entonces, la calidad y la estructura del gui√≥n decaen para ense√Īar f√≥rmulas de fidelidad un tanto inocuas, cuando no derechamente f√°ciles en su resoluci√≥n por parte de la mente creativa a cargo. De hecho, dentro de la complejidad que guardaba la estructura del libreto hasta ese momento, luego se desgranan secuencias confusas y descritas demasiado r√°pido, con la urgencia propia del tiempo dieg√©tico mal pensado y peormente utilizado.

Michelle Williams aborda un correcto rol en nombre de Charity Barnum, esa esposa fiel, compa√Īera leal de un hombre nacido desde la pobreza, y la cual fue conquistada mediante la exquisita comunicaci√≥n de cartas en el uso de la palabra escrita, un detalle Dickensiano, pero que tambi√©n habla de las influencias bebidas desde un Henry James y de las p√°ginas de una Edith Wharton, por parte de la escritora del gui√≥n, la antes provocadora Jenny Bicks (recordemos que es la autora de la serie para televisi√≥n ‚ÄúSex and the City‚ÄĚ).

‚ÄúEl gran showman‚ÄĚ no es ‚ÄúLa La Land‚ÄĚ, la cual tampoco es una pel√≠cula inolvidable, aunque defina de alguna forma la categor√≠a cinematogr√°fica que deber√≠a caracterizar a un musical rom√°ntico durante esta √©poca. La √≥pera prima del australiano Michael Gracey, sin embargo, se las arregla a fin de entretener a su p√ļblico, de emocionar a su audiencia, y de dejar pensando a sus an√≥nimos espectadores en un par de siempre deseables ideas fuertes (ya trilladas y clich√©s, no obstante): en la fidelidad y en la esperanza.

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