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"El Ciudadano Ilustre": No soy yo, son ustedes

El Ciudadano Ilustre
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El jueves 2 de febrero se estrenó en Chile la nueva comedia negra de los argentinos Mariano Cohn y Gastón Duprat, quienes ya nos trajeron El Hombre de al Lado, una lucha de clases en una casa de Le Corbusier. Ahora, la historia se sitúa en un lugar ligeramente menos sofisticado.

Comencemos por el principio (cof, cof). Daniel Mantovani (Óscar Martínez) es un escritor argentino, ganador del Premio Nobel de Literatura, que vive en Barcelona y que no vuelve a su país natal hace 40 años. Al tiempo, luego de las miles de invitaciones que le llegan de todos lados, arriba una carta que lo invita a unas a Salas, su pueblo de origen, al sur de la Provincia de Buenos Aires, para nombrarlo Ciudadano Ilustre de la comunidad. Luego de pensarlo un poco, decide cancelar sus actividades y partir.

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Mantovani es alguien que ha basado su obra en escribir sobre su pueblo. Cual Macondo, este escritor toma a Salas y construye un universo del que los habitantes son parte, a pesar de la ficción. Salas es un lugar extrañísimo, partiendo por el taxista que lo va a buscar al aeropuerto y donde todo comienza a irse un poco al cuerno. Ya en la localidad, veremos que varios se toman con gusto su visita, pero no todos. En ese proceso reflexivo entre el autor y sus raíces, y la confrontación con su pasado, se reencontrará con una vieja novia de adolescencia, quien ahora está casada (y cuyo marido se encargará de recordarlo a cada momento).

Durante su estadía en Salas, Mantovani vivirá una serie de eventos, algunos más desafortunados que otros, casi todos bizarros -como el viaje en el carro de bomberos de las dos estrellas de Salas: el escritor ganador del Nobel, y la Reina de Belleza del pueblo-. Estas situaciones, recurrentes a lo largo del film, mantienen la comedia de la película a un nivel que recuerda el humor negro de Todd Solondz en Storytelling (2001). Funciona bien, aunque suele caer en algunas convenciones predecibles (la joven estudiante de literatura que se acuesta con el viejo, por ejemplo).

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Para el análisis, interesante es el contraste construido entre la evolución de Mantovani y un Salas que quedó pegado en el tiempo, reflejo no poco común del artista atrapado en un mundo simple -por no decir provinciano, para que nadie se ofenda-, ávido de trasladarse a la metrópoli. Este estancamiento lo experimentará con casi la totalidad de los variopintos personajes, excepto con el único con el que logra una conexión, superficial y nimia en forma, pero intelectualmente profunda: el chico de la recepción del hotel, quien aspira también a ser escritor, y donde Mantovani se verá reflejado.

Raya para la suma, resulta una cinta recomendable. Claro que si ya vieron El Hombre de al Lado, El Ciudadano Ilustre parecerá un poco más floja, especialmente hacia el final: -casi SPOILER- Si están atentos, podrán deducirlo muy al principio de la película.

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