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El crudo testimonio de un hombre que fue usado como escudo humano por el Estado Islámico

ARCHIVO | Ignacio Saavedra | @nachosaavedrave
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Abu Israa fue el alias que ocupó un hombre iraquí para contar su experiencia sobre cómo era vivir en una ciudad controlada por el Estado Islámico, presenciar las ejecuciones masivas que llevaban a cabo, ser sometidos a castigos brutales y ser usados como escudos humanos durante conflictos armados.

En una entrevista a CNN, Israa contó como la vida en Mosul se transformó en un infierno luego de que arribara el Estado Islámico.

El hombre expresó que las mujeres eran obligadas a usar el niqab negro de forma que las tapara completamente y a los hombres los obligaban a dejarse barba.

Si la barba no era la adecuada -según los miembros del EI- recibían una multa cercana a los 40 dólares.

El hombre señala que trabajaba en un hospital en el centro de la ciudad (él vivía en una localidad cercana) y que luego de las rebajas salariales que impuso el EI, no le alcanzan los recursos por trasladarse desde su hogar, por lo que intentó renunciar, algo a lo que los extremistas se negaron.

Israa en la entrevista a CNN, que amenazaron con cortarle la cabeza si se negaba a trabajar. “Dejaré tu cabeza en la puerta del hospital para que todos los que vengan pregunten por qué esta persona fue asesinada”, señaló.

Ejecuciones públicas

Otro punto que recalca el testimonio del hombre es que el EI los obligaba a presenciar ejecuciones -generalmente múltiples- en plena vía pública.

“Los mataron como ovejas. Para cualquier persona que se atreviera a hablar en contra de ellos, este era su destino”, explica Israa.

El hombre cuenta que un día, cuando caminaba a comprar, observó como en un poste colgaban varios cadáveres. Según Israa los hombres realizaron este acto para ejemplificar lo que sucedía con los que trataban de huir.

Escudo humano y liberación

Cuando el Ejército de Irak empezó a retomar localidades, el Estado Islámico empezó a utilizar a niños de 10 años como guardias o vigilantes y a familias completas -que no pertenecía a la organización- como escudos humanos.

“Ellos (los menores) simplemente los dejaban allí como blancos de los ataques aéreos. Pero ni siquiera podías hablarles, porque a pesar de que solo eran niños, podían reportarte y multarte con 16 dólares”, cuenta el relato del hombre a CNN.

Del mismo modo, Israa narra que a familias completas las dejaban reunidas en el centro de la ciudad (como escudos humanos), mientras los combates se extendían por decenas de días.

Un día, mientras estaban en una casa, la hija menor de Israa intentó abrir una cortina para observar lo que estaba ocurriendo, pero alcanzó a ser detenido por un tío, quien recibió un disparo.

La familia logró huir hasta un campamento del ejército iraquí, donde fueron detenidos por su aspecto, pues parecían miembros del Estado Islámico, pese a que después de eso fueron liberados, el hermano de Israa no logró sobrevivir.

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