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Disculpe, me violaron

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Pablo Ovalle | Agencia UNO

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La siguiente columna fue escrita por la periodista Camila Díaz y publicada originalmente en una nota de Facebook ayer 30 de marzo.

Triste es darse cuenta de que, al menos en Sudamérica, la mujer sigue siendo un cacho. Un problema más inserto en un sistema creado por y para los hombres. Fui violada durante mis vacaciones y aún ningún médico me ha revisado. Llevo 5 años residiendo en Chile y nunca me he quejado de la diferencia de sueldo con mis pares, entiendo que desde el folleto de los diferentes gobiernos es un tema que “se está trabajando”, pero sufrir una agresión sexual y que nadie sea capaz de orientarme o ayudarme es francamente indignante, por no decir humillante. Quiero contarles mi historia:

Me fui de vacaciones a Salvador de Bahía, Brasil. Y para los que se preguntan fui sola junto a una amiga, buscando el peligro dirán varios. Pasábamos nuestro último día en la Isla de Morro y salí temprano del Hostal para pasear por las playas y sacar fotos de los hermosos paisajes. Estaba en eso, cuando un tipo comenzó a seguirme, caminé rápido, intenté perderlo pero logró alcanzarme y botarme a la arena donde me atacó, me amenazó, me ahorcó y me violó. Contar los detalles de lo que sucedió es francamente innecesario, pero sí ahondaré en las diferentes situaciones que viví luego de que logré escapar.

Pasó por la playa otro tipo corriendo y no me prestó ayuda, excusándose luego de que es normal ver a las parejas en esa situación (claro, ahorcándose, a golpes y gritos, OK). Como el violador estaba completamente drogado logré zafarme y arrancar, no olvidaré sus pupilas completamente dilatadas y su aliento inundado en alcohol. Corrí hasta que encontré gente que al verme con la ropa rasgada, golpeada y al borde del desmayo me prestaron ayuda y llamaron a la ambulancia. A mi compañera la fueron a buscar al hostal, nos trasladamos a Valencia donde me llevaron al hospital, francamente de película de terror.

Luego de varias horas el doctor apareció, pero como el idioma tampoco nos acompañaba el hombre con una displicencia digna de aplaudir, sólo me recetó medicamentos, haciendo caso omiso a mi historia. Amarrada desperté en una camilla, sola. La pesadilla seguía, logré desatarme y pedirle ayuda a una enfermera que logró hacer entrar a mi amiga. En el mismo pasillo, me cambió el paño con sangre de entre mis piernas por un calzón. Unas asistentes sociales nos escucharon, luego de varias horas alguien nos prestaba oídos. Ellas siguieron el protocolo, me inyectaron contra la hepatitis, me dieron la pastilla del día después, otra inyección para no quedar embarazada, ignorando que hace más de 8 años no menstrúo.

Nos dieron las 2 de la tarde, la hora de almuerzo en que obviamente el personal médico desapareció, me enviaron a un alberge mientras esperaba que me tomaran los exámenes de sangre. Llegó la policía, comenzó a mostrarme fotos de sospechosos, ninguno coincidió con la imagen de él. Los exámenes salieron bien, lamentablemente para saber si me contagié de VIH, tengo que esperar 3 meses. El ir y venir de un centro a otro, significó transporte y alguien que nos ayudara con el idioma, por suerte el nochero del hostal y un procurador que andaba de visita en el centro de acogida nos prestaron ayuda. Casi como testigo, el nochero debía repetir una y mil veces que yo no me había buscado la violación (como si eso fuera posible), que él es testigo de verme salir sobria, lúcida y temprano del hostal con la intención de pasear y tomar fotos. Una enfermera me preguntó si había usado preservativo…OK.

Katherine Evans | Free Images

Katherine Evans | Free Images

Hasta el momento nadie me ha revisado ginecológicamente, sólo unas enfermeras brasileñas en su desesperación e ignorancia, me lavaron, dejando fuera todo rastro de semen del agresor. Sólo quería volver a Chile y lo logré, “allá me haré la profilaxis (siutequería de nombre para decirle al tratamiento o pastillas que debo tomar para prevenir ETS), tengo isapre y la atención será mejor”. “Por mí y por todas las mujeres”, así se llama un programa del Sernam, pero al parecer sólo ellos saben de la enorme red de apoyo, porque en ninguna de las dos clínicas a las que acudí me revisaron, derivándome al Servicio Médico Legal.

Nuevamente con la historia a mi espalda, la cara rasguñada, el cuello con marcas de los dedos de mi agresor, fui al SML. El día del joven combatiente y el partido de Chile claramente eran más importante que una simple violación. Una carabinera me atendió, una vez más se sometí a las miradas dudosas aclarando que yo no me lo había buscado, sólo salí a caminar para tomar buenas fotos.

La asistente médico de turno, por teléfono ya que no se dignó siquiera a verme, sugirió que me hiciera la profilaxis lo antes posible, ya que estaba en la fecha límite. ¿Cómo hacerlo si llevo 3 centros médicos y ninguno es capaz de atenderme? ¿Cambio la historia y borro la palabra violación?

Son las 22:00 hrs. llevo más de 15 horas sin comer, buscando desesperadamente atención médica. Me resigno, pido una hora a un médico particular a las 16:30 hrs. para el miércoles 30. ¿Me atenderá o nuevamente me dirán que nada pueden hacer, derivándome al SML y así completar el círculo? Mientras sigo cargando este enorme peso, estoy sentada en mi puesto de trabajo, porque no puedo permitirme perder un día de trabajo, un día de sueldo, pensando en lo que puede venir.

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