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Sinfónica de Chile ofrece lucido caleidoscopio musical con autores de Francia y Bélgica

François López-Ferrer, CEAC (c)
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El Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad de Chile continuó su Festival de Verano 2016 en el Teatro del CEAC, con un atractivo concierto de la Orquesta Sinfónica de Chile, que con el nombre de “Caleidoscopio”, ofreció una cuidadosa y bien lograda selección en música francesa, o mejor dicho francófona, que según el director, el talentoso músico hispano-estadounidense François López-Ferrer, “lo veo como un caleidoscopio o viaje emocional a través del esteticismo de la vida parisina, la ciudad donde todos los compositores de nuestro programa se formaron y vivieron”.

La presentación reunió obras de tres compositores franceses y un belga, principalmente de la segunda mitad del siglo diecinueve, con el siguiente programa: “El Aprendiz de hechicero”, de Paul Dukas; “Juego de Niños”, de George Bizet; “Pavana para una infanta difunta”,de Maurice Ravel y Sinfonía en Re menor de César Franck.

Una vez más, la Sinfónica de Chile lució sus mejores galas, muy bien guiada por un director sobrio y aplicado, decidido a obtener lo mejor de sus pupilos. Particularmente, la velada tuvo sus puntos altos en las versiones primero de “El Aprendiz de Hechicero”, de Paul Dukas 1865-1935), la cual logró gran popularidad mundial en 1940, al formar parte de la película “Fantasía” de Walt Disney, con un corto respaldando un “cartoon” del Ratón Mickey, musicalmente un scherzo de gran ritmo y melodía pegajosa. Aquí la Sinfónica lució en pleno, con brillo en las maderas y gran sonoridad en bronces y apoyo en percusión.

La otra obra sobresaliente del concierto fue la Sinfonía en Re Menor del belga César Franck (1822-1890), compositor, maestro y gran organista, quien desarrolló su carera tanto en su país de origen como en Francia. Talentosísimo músico, que transitó con altos y bajos en su vida, pero que hacia el final de su vida (68 años) logró su plena consagración.

Esta sinfonía, de una estructura de gran solidez musical, permite el pleno lucimiento de todas las familias instrumentales. al comienzo y al final, cuerdas y bronces dominan el escenario. En los otros dos movimientos, se imponen las maderas con su melodía pausada a alegre, conn la mezcla de Alegretto y Scherzo.

En “Juego de Niños” de George Bizet (1838-1875), la orquesta abarcó con sutileza y con el “feeling” tradicional del autor de “Carmen”, una suite con el grupo de piezas (Marche, Berceuse, Impromptu, Duo y Peon Galop), en que sobresalieron -una vez más las maderas- y también las cuerdas y el apoyo, en algunos pasajes, de bronces (trompeta) y percusión.

Mencionemos, por último, la “Pavana para una infanta difunta”, popular obra breve, muy inspirada y romántica, de Maurice Ravel (1875-1935), el genial compositor del emblemático “Bolero”, una pieza para todos los gustos, como que se han esparcido muchas de su versiones por todo el mundo, de creadores también de gran prestigio y popularidad. Aquí, la orquesta se ajustó a la partitura y brindó breves seis minutos de gran corrección y en que sobresalió en el tema principal, que se repite constantemente pese a lo corto de su desarrollo.

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