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A través del arte buscan rescatar a niños negros de la violencia delictiva en Washington

MANDEL NGAN / AFP
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Sumergido en sus clases de pintura, el pequeño Jamar se siente seguro, lejos de los tiroteos que escucha a menudo en su barrio Ward 7 de Washington, uno de los más violentos de Estados Unidos y con una población negra mayoritaria.

“Life Pieces es un buen lugar. Siempre estarás seguro” allí, dice el niño de 9 años, quien encontró refugio en esta asociación para jóvenes negros en Ward 7, con unos 70.000 habitantes – 95% afroestadounidenses – y una tasa de desempleo de más del doble que el promedio nacional.

“Yo prefiero hacer mis tareas aquí, no es seguro en la casa de mi abuela”, cuenta Jamar con una voz tímida a la AFP.

Cuando sea grande quiere ser bombero o policía y es uno de los 140 niños o adolescentes negros entre 3 y 17 años que cada día después de la escuela acuden al centro “Life pieces to masterpieces” (LPTM)

Esta organización sin fines de lucro fue creada en 1996 para proveer un santuario a los jóvenes que viven en el este de la capital estadounidense, cuya tasa de homicidios es una de las más elevadas del país y que está plagado de pandillas.

LPTM se dedica al “desarrollo de jóvenes negros a través del arte”, explica el director ejecutivo Selvon Malcolm Waldron.

Aquí “ellos están seguros, en un ambiente amoroso”, que contrasta con su vida en familias monoparentales, en casas en las que se despiertan por las noches por redadas de la policía, con las sirenas de las patrullas o tiroteos en casas vecinas.

“Me da miedo que me maten”

A veces su realidad puede ser más cruda aún: uno de los aprendices de LPTM jugaba con sus compañeros cuando vio cómo unos hombres a bordo de un vehículo mataron a su abuelo y huyeron después, cuenta Waldron.

Pese a su corta edad, Jamar encontró un arma abandonada cerca de su casa. Michael, su compañero de 11 años, se siente más inseguro: “Cuando escucho tiroteos, me da miedo que ellos me maten, que me disparen”, cuenta a la AFP.

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A través de su programa artístico, Life Pieces busca desarrollar cuatro etapas denominadas las 4 C: conectar reflexionando y discutiendo un tema de elección; crear trabajando una pintura; contribuir trabajando sobre ella en conjunto y celebrar lo logrado al exponerlo.

Decenas de sus obras desarrolladas en conjunto son exhibidas e incluso vendidas, especialmente en el barrio Chinatown, lleno de galerías, restaurantes de lujo y jóvenes profesionales. El año pasado LPTM recaudó 22.000 dólares en ventas.

Otros trabajos son prestados a librerías y hospitales infantiles o son alquilados como al banco Capital One.

“Es muy gratificante para ellos ver sus obras expuestas en cualquier lugar”, subraya Waldron.

Estas obras colectivas elaboradas con pintura acrílica son en realidad un mosaico de varias pinturas de los niños y jóvenes, quienes también pueden hacer producciones individuales.

“Nos divertimos en Life Pieces. Comemos, leemos, dibujamos. Hacemos muchas cosas divertidas”, cuenta Jamar, quien asiste al centro hace cuatro años.

“Life Pieces, es como un segundo hogar”, confirma Michael, quien aprecia que desde hace cinco años recibe comida, tiene actividades artísticas y mentores en LPTM.

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“Ciudadanos del mundo”

La asociación también busca mostrar otras realidades a los chicos, con charlas de invitados y excursiones fuera del barrio Ward 7.

“Les ofrecemos un modelo a seguir, un ejemplo. Les damos una estructura, un modelo masculino. Les enseñamos valores, lecciones de vida”, cuenta Maurice Kie, apodado Brother Mo y coordinador del programa desde 2006.

Consciente de que él mismo fue uno de esos niños asegura que el programa “es como una terapia de grupo y les enseñamos a ser caballeros, a ser ciudadanos del mundo”, agrega.

En un barrio donde sólo el 33% de los jóvenes se gradúan de la secundaria, 100% de los aprendices de Life Pieces han logrado graduarse en los últimos cinco años.

Algunos ingresaron a la universidad o a programas de formación profesional. De los 140 alumnos, unos 25 jóvenes de entre 14 y 17 años se preparan para ingresar a la universidad.

La asociación también apoya la formación cada año de 10 a 15 jóvenes adultos para que sean profesores asistentes. Para Waldron se trata de “sacudir esta profesión”, en la que 60% son mujeres blancas y solo 2% hombres negros.

Con 30 empleados y medio centenar de voluntarios, LPTM tiene instalaciones en una escuela primaria y su presupuesto de 1,5 millones de dólares proviene de fundaciones privadas locales.

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