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Magdalena y Damian: Dos jóvenes transgéneros chilenos que lograron cambiar su vida

Magda y Damian
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No existe una vocal que realmente les acomode para definirse ni un límite para su libertad de expresión. Hoy las personas transgénero se han apoderado de los pedestales y las críticas, moldeando y destruyendo conceptos que antes los discriminaban y excluían, con un mensaje amplio que no margina ni hiere a quien se le integre.

Es por lo anterior que existen organizaciones enfocadas en liberar y proteger a quienes son aislados, se encuentran confundidos y desinformados o tan sólo quieren generar un espacio de conocimiento y debate para quienes no poseen una identidad que responda a los géneros binarios (hombre / mujer) o que no se definan como heterosexuales.

Fue en este contexto en el que Damian y Magdalena se conocieron. De una conversación casual por Skype hasta convertirse en grandes compañeros y amigos, actualmente ambos son partícipes de la Asociación OTD – Organizando Trans Diversidades en Chile, la que agrupa a personas transgénero y cisgénero con objeto de instruirlos en materias de educación, política y salud; entre otras áreas.

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“Nos queremos mucho, pasamos el tiempo soñando con proyectos políticos que nos gustaría algún día ejecutar”, señala Magda, activista en la Asociación OTD Chile, sobre Damian, Coordinador del área Artivismo de la organización. “Nos cuidamos mutuamente y compartimos experiencias de vida de forma amplia aprendiendo de nuestras propias construcciones”, agrega.

Tránsito de género

Lo que se conoce erróneamente como “cambio de sexo” (término que resulta ofensivo para las personas trans), en realidad es el proceso de tránsito de género o reasignación de género al que un individuo se somete para adecuarlo a su identidad.

Un proceso que Damian San Martín Guerra inició formalmente cuando tenía 19 años y por primera vez tenía acceso a información sobre realidades transgénero. “Descubrí la existencia de las identidades trans, las posibilidades corporales y discursivas que ello implicaba”, señala y asegura que antes de esa edad pensaba que no era posible reasignar su género. “Creía que mi deseo era casi un delirio”, confiesa.

Damian D'mon

Damian D'mon

Pese a su determinación, la decisión de Damian D’mon no le agradó a su familia. “Al principio la reacción de mi familia fue bastante negativa. No tuve apoyo y huí de casa dos veces”, cuenta sobre el entorno religioso y conservador que reinaba en su hogar.

No obstante, a medida que el joven se informaba y se apoderaba de su derecho de libertad, ellos cambiaron su noción de la realidad. “Entendieron que su apoyo era fundamental para mi bienestar psico-emocional”, dice el tatuador y escritor.

El deseo del artista comenzó a materializarse cuando en 2012 postuló al programa de CHV, Quiero un Cambio y pudo realizarse una mastectomía. “Como no tenía dinero postulé a un programa de televisión donde logré realizarme de forma gratuita dicha intervención”, relata.

“Una vez operado estaba muy contento, poder percibir mi cuerpo a mi antojo era una satisfacción única”, opina sobre la extirpación de sus glándulas mamarias. Si bien admite que lamenta no “haber disfrutado sus mamas como otras personas trans” se siente muy orgulloso de su apariencia. “Amo mis actuales cicatrices y mi pecho”, añade.

La mastectomía fue la única parte completamente “gratuita” de su reasignación. Con tarifas que varían desde lo accesible a lo extremadamente costoso, Damián fue sometido a distintos exámenes, empezando por conseguir un certificado psiquiátrico de disforia de género (como se le denomina en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Salud Mental de la American Psychiatric Association).

“Como no hay una Ley de Identidad de Género que respete la autodeterminación y libertad sobre el propio cuerpo, se exige este certificado, el cual un psiquiatra puede entregarte tanto en una como en más sesiones según sea su deseo o prejuicio”, explica Damian quien asegura que aquello puede facilitar o atrasar el proceso.

Damian D'mon

Damian D'mon

“Hay que pagar además cada sesión si es por vía privada o vía pública dependiendo del tramo de Fonasa”, cuenta. Respecto a este punto, en Asociación OTD Chile cuentan un equipo de psicólogos y psiquiatras capacitados para facilitar el acceso al trámite a un costo hasta cinco veces menor.

Con el certificado en las manos, el paciente debe ir donde un endocrinólogo para iniciar un proceso hormonal o al cirujano si desea adquirir una intervención quirúrgica. “El valor del médico también puede variar de la gratuidad hasta llegar a millones de pesos”, señala.

“Por ejemplo, el precio de una hormona Testosterona Nebido oscila entre los 55.000 pesos hasta los 90.000 pesos, pudiendo adquirirla de forma gratuita en algunos hospitales. En tanto, una mastectomía puede oscilar desde la gratuidad hasta los 4 millones de pesos aproximadamente”, ejemplifica.

En Chile este tipo de cirugías son realizadas por Fonasa en el Hospital Carlos Van Buren en Valparaíso y en el Hospital Las Higueras de Talcahuano (Región del Bío Bío); no obstante, este último es el único a nivel nacional que tiene un programa funcionando para personas trans.

Una vez cumplidos los procesos anteriores, a Damian sólo le restaba cambiar su nombre de mujer por uno que se adecuara a su identidad. “Después de un tortuoso proceso de dos años logré tener un nuevo nombre en mi cédula de identidad”, señala el joven de 26 años.

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Damian destaca los beneficios y la felicidad que le ha traído su decisión. Respecto a su vida íntima asegura que el tránsito de género ha significado una liberación sexual. “Entenderme y vivir desde esta vereda disidente ha hecho que analice y ahonde en mi deseo, prácticas y emociones”, comenta y destaca que no hay “ataduras” sociales ni morales innatas de ser trans que “te hagan odiar tu cuerpo”. “En mi cama no hay Estado, religión, obligación, ni represión”, confiesa.

“Tengo ahora la posibilidad de andar de torso desnudo y no ser acusado de antimoral”, agrega.

“La misma, pero más feliz”

A diferencia de Damian, Magdalena Fabbri Lizarrague aún está esperando que se refleje su identidad en el carnet. La estudiante de psicología comenzó a vivir su tránsito de género cuando tenía 23 años. “Ya no podía seguir viviendo con la incomodidad de un cuerpo masculinizado, que me encerraba en roles de género que no me agradaban”, señala la joven que se sometió al tratamiento.

Cuando Magda habló sobre su identidad de género a su familia y los planes que tenía para materializarla, recibió un enorme apoyo de sus seres queridos. Sin embargo, este aliento fue disminuyendo durante el tiempo.

“A mi mamá le preocupaba que me mataran en la calle, que saliera caro y que mi vida se volviera más complicada de lo que ya era. Ahora vivimos juntas muy cómplices, nos cuidamos y queremos, ella está feliz de tener una hija que vive a full”, cuenta y agrega “Mis amigos lo tomaron muy bien, todos sabían o intuían que yo no compatibilizaba en la categoría de hombre”.

“Mi papá me apoyó al principio y después le dio vergüenza, así que dejamos de hablarnos hasta el día de hoy“, confiesa.

Magdalena Fabbri Lizarrague

Magdalena Fabbri Lizarrague

Luego de algunos meses de tratamiento hormonal, Magdalena finalmente pudo someterse a una cirugía de reasignación de sexo. “Me gusta tener el poder de decidir sobre mi cuerpo de forma soberana, disfrutando cada cambio y haciendo las cosas que realmente me nacen desde adentro”, cuenta.

“Tras la intervención me sentía más tranquila usando la ropa que me gustaba. Me sentía un poco más cómoda mirándome al espejo”, relata y destaca: “seguía siendo la misma persona que antes, sólo que más feliz”. “Lo único que extraño de mis prendas masculinas, es que todas ellas solían tener bolsillos”, ríe.

Pese a que Magdalena es una joven transfemenina, no se considera una mujer como tal: “Ante todo, soy trans”. “Es un tema que va más allá de ser mujer, es un tema de autocuidado y fidelidad a la propia existencia y proyecto de vida”, dice la joven de 24 años.

Magdalena Fabbri Lizarrague

Magdalena Fabbri Lizarrague

Sexismo: Agresiones y acoso

Damian D’mon destaca una realidad preocupante de su vida antes de la transición de género y ahora. “Ya no me agreden con piropos sexuales en la calle, ni he vuelto a ser perseguido por algún intento de acoso sexual: los hombres no suelen acercarse a mí con intereses de acoso y he logrado ser escuchado mucho más que antes”, afirma y opina: “Sí, repulsivo”.

Por su parte, Magda extraña los días que podía caminar por la calle sin sentirse acosada. A esto suma que algunas personas asocian sus comportamientos a su imagen femenina. “Por ejemplo, si lloro me dicen ‘ay, que eres mujer’ o se tiende a subestimar las capacidades que puedo tener para realizar cualquier tarea”, manifiesta.

En esta línea, la estudiante destaca que también ha recibido discriminación por ser trans. “Existe mucha transfobia y a veces se hacen comentarios incómodos, pero no creo que la intención sea pasarme a llevar”, cuenta.

“A nivel institucional, principalmente realizando trámites de cualquier tipo, la gente comete el error de utilizar el nombre legal, independientemente les resalte mi nombre social, o me han tratado en masculino o preguntado si ese es mi nombre real mientras se ríen”, comenta Magdalena.

Otra discriminación que vive siendo trans, se relaciona con su incapacidad de tener hijos biológicos. “Algunas personas tienden a asociar mi esterilidad como una frustración en mi vida, cuando en el fondo existen muchas personas que no piensan en la maternidad como una opción”, comenta.

¿Eliminar el pasado?

Transitar de género es un cambio drástico. Sea a paso lento o apresurado, es una metamorfosis que permite al individuo poder lucir acorde a una identidad que siempre llevó dentro de sí. “La gente no sabe los costos sociales ni económicos que significa realizar un tránsito de género”, agrega Magda. Sin embargo, ¿qué ocurre con el pasado de las personas trans?

“Borrar esas historias es esconder 23 años de vida en los cuales también me reí y lloré, años en los que no dejé de vivir a pesar de no haberlo hecho a full. Muchas personas trans creen que el pasado se borra al empezar a ‘pasar piola’. Yo, como activista, creo que a esos 23 años les debo en gran parte todo lo que soy ahora, y todo el placer que me produce decidir sobre mi identidad”, comenta la estudiante de psicología.

Magda y Damian

Magda y Damian

Por su parte, Damian asegura que es la transición la que le permite recolectar aprendizajes y critica a quienes la esconden. “En lo personal me causa mucha tristeza escuchar a personas trans que quieren eliminar su pasado, o peor aún, que inventan historias que nunca fueron”, cuenta y asegura que el poder evidenciar en carne propia las diferencias sociales del género binario es una experiencia única.

“Logras entender lo aberrante que es el sexismo, los roles de género y las imposiciones sociales sobre el cuerpo”, subraya. “Lo que tengamos entremedio de las piernas no hace al género. Es mejor que cada quien elija ser y definirse como quiera”, declara.

Finalmente, ambos se manifiestan felices con su decisión y dispuestos a promover el afecto el respecto y la libertad del género. “Amo ser trans, no cambiaría mi historia por nada”, señala D’mon y agrega: “todo lo que la sociedad te intente hacer creer que es negativo es una basura inventada para que sintamos que no somos libres de hacer con nuestro cuerpo, deseo y vida lo que queramos”.

En tanto, Magda invita a quienes aún no toman la decisión de transitar de género o no se atreven a confrontarlo que comience a vivir fiel a su sentir. “Cada proceso se vive a su propio tiempo, con esto no me refiero a ir haciendo las cosas con calma, más bien siendo fiel a la propia intuición y escuchando a la consciencia cuando pudiesen llegar a sentir mucha frustración”, dice.

“Todas las personas trans vivimos un tránsito distinto, en diversas condiciones sociales, corporales, emocionales; por tanto, no existe una experiencia colectiva entorno a la vivencia; es por esto que es importante respetarse, amarse y por sobre todo luchar por nuestros ideales cuando consideremos que es el tiempo adecuado para empezar a vivir mejor”, finaliza.

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