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Arauco a 10 años del desastre en Valdivia: Aprendimos, pero siempre puede haber problemas

Víctor Salazar | Agencia UNO
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En 2013 la justicia condenó a Celulosa Arauco por el daño ambiental del Santuario de la Naturaleza del Río Cruces de Valdivia, en 2004.

El fallo determinó que la empresa contaminó las aguas donde vivían diversas especies, entre ellas los cisnes de cuello negro que redujeron notablemente su población.

De esta manera el tribunal explicó que “la Planta Valdivia vertió residuos líquidos industriales en el “Humedal Río Cruces” cuya cantidad, composición y tratamiento no correspondía al autorizado”, hecho que desencadenó el aumento de la temperatura del agua, su acidez, el aumento de la presencia de ácidos, además de metales pesados.

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A más de 10 años de lo ocurrido, el subgerente de Comunicaciones y Asuntos públicos de la empresa, Patricio Eyzaguirre, dictó una charla abierta en la Universidad del Desarrollo en Concepción donde explicó los procesos que se han aplicado durante este tiempo y que aún continúan.

BioBioChile aprovechó la oportunidad para consultar sobre la desconfianza que se generó tras el desastre ecológico por parte de los habitantes de Valdivia hacia la empresa, además de la fuerte oposición que existe a proyectos como el ducto al mar en Mehuín.

Proyectos que generan desconfianza

Celulosa Arauco fue condenada a pagar una indemnización de 5.200 millones de pesos, recursos que se dividirían entre el Estado y para la zona donde se produjo el desastre.

A pesar de las diversas medidas que ha tomado la empresa, como el trabajo con comunidades mapuche y el apoyo a iniciativas locales, aún existe desconfianza.

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El proceso judicial se extendió por cerca de 10 años, en donde los valdivianos se movilizaron para exigir en reiteradas oportunidades que la planta se cerrara. Durante el verano del 2014 otro hecho ocurrió, el que aumentó o reafirmó la resistencia de los opositores.

Los hechos se registraron en el sector de Rucaco, a 7 kilómetros de la comuna de Mariquina, cuando un grupo de personas llegó a bañarse al río Cruces y encontraron una gran cantidad de peces muertos. Pero esto no fue todo, ya que al menos 4 personas resultaron con lesiones en la piel por refrescarse en las aguas.

Frente a esta situación los vecinos comenzaron a sospechar de factores meteorológicos como también de la Planta Valdivia, ubicada a metros del lugar del hallazgo.

Por estos hechos la Fiscalía inició una investigación desformalizada en enero de este año. En el recinto se realizaron muestreos de aguas, diligencia efectuada en presencia de los querellantes, el Consejo de Defensa del Estado y los profesionales de la empresa.

Consultado sobre los procesos de aprendizaje que ha tenido la empresa tras el desastre ecológico, el subgerente de comunicaciones de Arauco, afirmó que “todos hemos aprendido” y que es una manera de mejorar pero no de asegurar que no existirán más errores.

Por otra parte la empresa ha creado el proyecto de ducto al mar, el que se pretende instalar en Mehuín pero que ha tenido fuerte resistencia por parte de la población local.

El año pasado en un oficio firmado por el intendente de Los Ríos, se manifestó la inviabilidad del ducto al mar de Arauco mediante observaciones realizadas a la declaración de impacto ambiental por el proyecto de Pulpa Textil presentado por la empresa.

Eyzaguirre planteó que la iniciativa aún no se ha desarrollado.

Agregó que se exigen parámetros y mitigaciones, además de certificaciones que se requieren para operar.

La confianza de los Valdivianos

Uno de los puntos que se trató durante la charla fue el fallo que acató Arauco, tras cerca de 10 años de ocurrido el desastre, y al cual no se apeló.

Eyzaguirre calificó lo ocurrido en el humedal como “el pecado capital” de la empresa, siendo algo que hasta la actualidad llevan sobre su imagen.

El ejecutivo fue consultado por uno de los asistentes por qué no se reconoció el error cuando todo comenzó, situación que habría evitado el proceso legal.

El subgerente explicó esta situación como un asunto de legitimidad, asegurando que se logró durante la década que transcurrió y que ahora quizás es mucho mayor a lo que se podría haber “logrado en el día uno”.

De esta manera indicó que necesitaron crear un punto de inflexión y confianza, por lo que se determinó acatar el fallo para así poder evolucionar y progresar, además de crear legitimidad.

Aseguró que reconocer su responsabilidad era la única manera que la empresa tenía para poder “trazar una nueva hoja de ruta”.

“Con el caso Valdivia fuimos desbordados y con este desborde ocupamos las herramientas que conocíamos”, afirmó.

Eyzaguirre explicó que el fallo era muy amplio y poco explícito, lo que significó el costo de reputación para la empresa, afirmando que también fue un proceso para desarrollar proyectos con las comunidades de Valdivia y así poder compatibilizar lo económico, social y medio ambiental.

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