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“Otello” en el Met impresiona por su dramatismo y su perfección lírica

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La ópera “Otello” de Giuseppe Verdi, segunda de la temporada 2015/2016 de transmisiones en directo, vía satélite, desde el Metropolitan Opera House de Nueva York, que llega a 2 mil salas de cines de 70 países, fue exhibida en el Teatro Nescafé de las Artes, con una versión que satisfizo plenamente al público asistente, impresión que compartimos totalmente.

La magistral adaptación de la obra del británico William Shakespeare realizada por Verdi se muestra ahora en una nueva producción a cargo del norteamericano Bartlett Sher, modernizada en varios siglos y con un Otello de figura impresionante, pero de tez blanca y sin barba.

La característica principal de esta versión es su dramática teatralidad y las poderosas voces de los cantantes acompañados por la calidad incomparable de una orquesta, la cual muy bien conducida por el director franco canadiense Yannick Nézet‑Séguin, nos entrega un torrente de sonido, que armoniza a la perfección con los cantantes, todos muy bien en sus roles, con sobresaliente participación del barítono serbio Zeljko Lucic como el villano Iago (muy bueno su “Credo”), envidioso factor de odio y promotor absoluto del intenso y dramático desarrollo de la obra y de la caída del celoso Otello encarnado por el tenor letonés Aleksandrs Antonenko, quien impresionó por su voz, con un rol de ingenuo hombre poderoso,que se deja engañar facilmente por uno de sus ayudantes. Lució en gran medida, en las arias “Esultate” del comienzo y “Niun me tema”, tras el crimen de Desdémona.

La nueva soprano estrella, la búlgara Sonya Yoncheva como su inocente esposa y víctima, es otra de las grandes revelaciones de esta versión, destacando en todos los aspectos y protagonista principal de los hermosos duos con Antonenko y con brillantes interpretaciones de las arias del “Sauce” y el “Ave María”, considerada por comentaristas avezados, como superior a otras grandes sopranos de épocas recientes y pasadas.

Los demás artistas, el también impresionante coro y los desplazamientos de una escenografía, racional, incluso claustrofóbica, completan este panorama positivo que da el balance final para esta ópera, de una nueva temporada lírica del Met, que comienza a a avanzar sin tropiezos.

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