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Los inmerecidos y polémicos premios Nobel otorgados a lo largo de la historia

AFP
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Pese a su imagen pacífica y humanista, los premios Nobel también tienen una historia sombría, al haber recompensado a inventores de armas químicas y de la lobotomía, o celebrado la fisión nuclear justo después de Hiroshima.

Las polémicas del Nobel son incontables: galardones a escritores desconocidos, a investigadores por hallazgos pendientes de demostrar, o premios de la Paz que dividieron a las partes en conflicto.

En ciencias, algunos recompensas el paso del tiempo las ha vuelto bochornosas.

Así, el Nobel de la Paz de 2013 a la Organización para la Prohibición de Armas Químicas buscaba reparar de alguna forma el galardón de Química de 1918, otorgado al alemán Fritz Haber.

Fritz Haber

Fritz Haber

Aunque fue recompensado por sus trabajos sobre el amoníaco, revolucionarios para la agronomía, Haber también era conocido como el “químico de la muerte” por haber desarrollado gases tóxicos, cuyo empleo supervisó personalmente durante la batalla de Ypres (Bélgica) en la I Guerra Mundial.

Tras la derrota alemana, Haber “no esperaba recibir un premio. Más bien temía pasar por una corte marcial”, explica a la AFP la química Inger Ingmanson, quien le consagró un libro.

“Algunos lo vieron como un premio germanófilo. Había gente a la que le hubiese gustado que Suecia entrara en guerra junto a Alemania”, afirma.

Otro químico que trabajaba sobre el uso de gases en combate, el francés Victor Grignard, obtuvo el Nobel antes de la Gran Guerra, en 1912.

Un momento inoportuno

Estas polémicas habrían podido hacer recapacitar al jurado de Estocolmo. Pero, en noviembre de 1945, tres meses después de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, éste recompensó la fisión nuclear.

El premiado fue otro alemán, Otto Hahn, cuyo descubrimiento en 1938 fue crucial para desarrollar la bomba atómica.

Otto Hahn

Otto Hahn

Sin embargo, Hahn nunca trabajó en la aplicación militar de su hallazgo. Incluso cuando supo que se había lanzado una bomba atómica, durante su cautiverio en Inglaterra como prisionero de guerra, afirmó: “Me alegro de que nosotros (los alemanes) no lográramos” desarrollarla, dijo.

Este galardón de la Academia Real Sueca de Ciencias es desconcertante, tanto más cuanto que fue anunciado cuando el mundo acababa de descubrir los poderes destructivos de la bomba atómica.

Los archivos del Nobel revelan que la Academia había querido nombrar a Hahn ya en 1940. A partir de 1944, fue considerado por sus colegas como el “nobel secreto”, sólo a la espera de que acabara la guerra para obtener el premio.

Finalmente, a Hahn se le atribuyó el premio de 1944, aunque no le fue concedido hasta 1945.

También blanco de controversia, el portugués Egas Moniz ganó el Nobel de Medicina de 1949 “por su descubrimiento del valor terapéutico de la leucotomía en algunas psicosis”.

Egas Moniz

Egas Moniz

Hoy en día, se habla de lobotomía y este neurólogo es considerado el instigador de las operaciones cerebrales bárbaras. Estas fueron denunciadas en la novela y la película Alguien voló sobre el nido del cuco.

El sitio internet de los premios Nobel admite que esta cirugía fue “controvertida”. Pero Bengt Jansson, psiquiatra y antiguo miembro del comité de selección del premio de Medicina, escribe: “No veo por qué hay que indignarse por lo que se hacía en los años 1940. En esa época, ¡no había otra solución!”. Los tratamientos químicos para las enfermedades mentales llegaron más tarde.

La ira de los ecologistas

También hay laureados repudiados por los ecologistas.

El jurado de Medicina recompensó un año antes que a Moriz a un suizo, Paul Müller, por haber descubierto el poder del DDT, un compuesto de los insecticidas, para luchar contra la malaria. Pero el producto fue prohibido unas décadas más tarde cuando se demostraron sus efectos devastadores para la fauna y el hombre.

Esto no impidió a un adepto de los pesticidas, el agrónomo estadounidense Norman Borlaug, recibir en 1970 el premio Nobel de la Paz por sus trabajos sobre la “revolución verde” destinados a incrementar los ingresos agrícolas de los países en desarrollo.

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