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Crítica de Teatro: “Groenlandia”

Rodrigo Hernández
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La película “Salvajes inocentes” (1960) cuenta que los esquimales de Alaska dejan a la intemperie, a merced de los animales nocturnos, a los ancianos que ya no son capaces de valerse por sí mismos.

La sobreviviencia explicaría esta conducta, atribuida a los habitantes originarios de un ambiente inhóspito extremo.

Por eso resulta de gran impacto la propuesta de la francesa Paulina Sales cuando utiliza “Groenlandia” -en el norte europeo- el lugar donde la protagonista quiere abandonar a su hija de 5 años, para enfrentar su crisis vital.

De este modo, la dramaturga abre de par en par la entrada a un viaje que tiene algo de real e imaginario, por los altibajos del complejo universo femenino.

Una propuesta que dirige Angela Cabezas (“La caída del ángel rebelde”) y protagoniza Javiera Osorio (“Tres marías y una rosa”, “Macbeth”).

Calidez y frialdad

Las ansias de encontrar el espacio que le corresponde para vivir como individuo mueve a esta mujer de 30 años que quiere poner distancia con su hija de cinco.

Se siente disfuncional y enclaustrada en un entorno que la fagocita y la hace sentir ajena a sí misma.

Rodrigo Hernández

Rodrigo Hernández

Instalada en una zona de límites y fronteras, la autora la obliga a vivir en función de otros y en contradicción con un mundo escaso en amor.

Eligió y quiere renunciar: quiso ser madre y ahora sabe lo que significa; optó por ser esposa e introdujo en su vida algo extraño.

Bajo el manto de desear o recuperar su libertad, de alguna manera, vive ese temor existencial a la libertad de todo ser humano, que implica siempre elegir uno mismo.

Son indicios, huellas y senderos que la llevan a buscar respuestas desde la perspectiva de la mujer y lo femenino, en medio de oleajes que no le ayuda a generar certezas.

Pero lo que podría ser una elucubración mental se da al interior de una realidad concreta que no puede cambiar a voluntad -tiene una hija- por lo que el unipersonal se desplaza a través de un diálogo constante entre la madre y la niña.

Para generar este ambiente humano y cercano, la directora diseñó una casita de muñecas y varias muy pequeñas que la protagonista mueve y ubica ordenadamente sobre el escenario.

Rodrigo Hernández

Rodrigo Hernández

También una silla de niños, recursos que ponen gotas de cuento infantil a la obra e instalan a la hija como la gran protagonista en un relato que también contiene humor cotidiano, ese que surge en medio del dolor, de situaciones imprevistas y de la relación íntima madre-hija, adulto-niña.

Opciones cálidas que contrastan con la dura decisión de abandono, lo remoto y helado del lugar donde se dejaría a la niña y la belleza y cierta frialdad que proyecta la actriz en su buen desempeño escénico.

Leopoldo Pulgar

Leopoldo Pulgar

La ironía y un tono acusatorio también se presentan en algunas ocasiones, cuando la protagonista alerta al espectador, detiene el relato que ha avanzado a saltos en el tiempo, hace encender las luces de la sala e interpela al público.

En conjunto, son decisiones que permiten que una historia profunda y humana, terrible y extraña, sea contada con delicadeza y fuerza.

Leopoldo Pulgar Ibarra
Periodista

Teatro de la Palabra. Crucero Exéter 0250. Barrio Bellavista. Fono 2732 7212. Jueves, viernes y sábado, 20:30 horas. $6.000, entrada general; $4.000, estudiantes y tercera edad. reservas@teatrodelapalabra.cl. Hasta el 26 de Septiembre.

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