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Mensaje a los socialistas: Lealtad sin conformismo

ARCHIVO | Rodrigo Sáenz | Agencia UNO
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La mayoría social y política del país, en las últimas elecciones presidenciales, se pronunció holgadamente a favor de cambios y transformaciones que reduzcan efectivamente la desigualdad que tanto afecta la convivencia nacional.

Ahora bien, la implementación de las reformas estructurales dirigidas a ese objetivo han encontrado mayores dificultades que las inicialmente previstas, así como se han presentado graves casos de malas prácticas políticas y de corrupción que han conducido a un nuevo escenario, hacia una severa crisis de confianza que ha aumentado la envergadura y complejidad de la tarea a realizarse desde el Gobierno, obligando a la propia presidenta a señalar que estas reformas no son simultáneas y a exponer un nuevo criterio para enfocar y desplegar este esfuerzo, lo que ha definido como “realismo sin renuncia”.

Este inevitable cambio en el enfoque reformador trae como consecuencia dudas, suspicacias y sospechas, como que se pretende abandonar las reformas, en un clima ya marcado y, en alta medida, condicionado por la desconfianza y un sistema político afectado por un fuerte descrédito.

Este hecho inesquivable, acentúa todavía más la trascendencia de lo que está en juego. Se trata de una inquietud legítima y enteramente justificada de fuerzas políticas, personas y movimientos sociales que han entregado muchos años de esfuerzo a bregar por mayores grados de igualdad y de justicia social en nuestro suelo. Son muchas las esperanzas que no pueden ni deben ser defraudadas.

Ello vale tanto para evitar el fatalismo de echar por la borda la lucha contra la desigualdad, cancelando las reformas; como también incluye las demandas maximalistas que quieren hacerlo todo de una vez, cuando ello no se puede lograr. 

He mantenido una posición de lealtad sin conformismo, porque advertí en su momento que no eran posibles las reformas simultáneamente; que el carácter de la tarea exigía ir creando, paso a paso, las condiciones que validaran cada reforma, en un ejercicio político y social sostenido, para viabilizar reformas sucesivas. Entonces, fue una mirada diversa al enfoque oficial que se confirmó en los hechos, no por ello me siento mesiánico ni con la verdad absoluta.

Simplemente, fue un ejercicio de lealtad sin conformismo. Era evidente que se recargaba el Estado de Chile a un nivel que no iba a ser capaz de cumplir. Incluso más, hay conductas que toman las demandas al aparato público como una especie de pozo sin fin, en una práctica populista que no hace más que entorpecer la tarea de reponer la fortaleza que necesita el Estado para reducir la desigualdad.

Por mantener este criterio, hay quienes con clara intención de menoscabo, me han ubicado en lo que llaman “partido del orden”.

Entre estos críticos hay insignes articulistas que no movieron un dedo por la formación de la Nueva Mayoría y su victoria electoral y que estuvieron con otras opciones, pero cosa curiosa, se permiten indicar desde una tribuna, se entiende “incontaminada”, lo que deben hacer los que sí tienen un compromiso político, de vida, no sujeto a vaivén ni oportunismo alguno, con la suerte del proceso que estamos viviendo.

Me separa del populismo una visión del rol del Estado que se expresa con mucha intensidad. Para avanzar en la lucha contra la desigualdad el Estado debe ser más fuerte; lo que observo es que muchos díscolos de gran impacto mediático, se mueven en la dirección contraria, lo suyo es debilitar el Estado. Hablan mucho contra el neoliberalismo, pero cada paso que dan desmonta o debilita la fuerza y legitimidad del Estado.

Así ocurre cuando se plantean metas inalcanzables, sin recursos para financiarlas y sostenerlas en el tiempo; también ello ocurre cuando temas decisivos de la estabilidad democrática se abordan con superficialidad y sin responder por ninguno de los conflictos y tensiones, que provocan las medidas que se propician y su impacto en las condiciones de vida de las personas. 

En materia de responsabilidad política es donde está la diferencia, cada opinión es legítima y su derecho a expresión es sagrado, pero no borra la responsabilidad de cada cual sobre lo que dice y propicia; y tampoco exime a quienes están en el debate de los daños y efectos que sus dichos provocan.

Por ello, ahora sin abandonar mis opiniones, en vísperas del cónclave de la Nueva Mayoría, espero que prime la unidad, que nadie divida y se asuma políticamente que no está la situación para darse gustitos; es decir, que la decisión tomada por el Gobierno debe ser respaldada para retomar la Agenda y reponer un proceso que permita encaminar las reformas hacia su éxito y no hacia su fracaso. 

Lo peor que podrían intentar los descontentos es desautorizar al Ejecutivo y tratar de obligarlo a que eche pie atrás. Si así se actúa, significa olvidar que el punto de apoyo principal de las reformas es el propio Gobierno y que debilitarlo tanto como para obligarlo a que se desdiga, sería en el hecho liquidar la perspectiva de las transformaciones que el país requiere.

En particular, en el tema constitucional se requiere respaldar la  propuesta que el Gobierno realice, independientemente de la diversidad de opiniones que sobre la materia existe; como ya hemos dicho, hay una severa crisis de confianza hacia el sistema político, entonces una alternativa cierta es propiciar una reforma de artículo único a la actual Carta Fundamental, que le entregue al Congreso que se elegirá en las próximas elecciones las facultades constituyentes que le permitan entregar a la ciudadanía una propuesta constitucional que, luego de una amplia participación social, sea plebiscitada a fin de resolver la legitimidad de origen que tiene la actual, lo que marca una aguda división en el país.

En un momento crucial hay que “pesarse”, los socialistas tenemos un acuerdo unánime del reciente Pleno del Comité Central del Partido para asumir este nuevo periodo sin vacilaciones y desplegar un gran esfuerzo para que las reformas retomen su camino, sin complejos, gradualmente, orientadas siempre a derrotar y reducir la desigualdad en nuestro país.

Camilo Escalona Medina
Vicepresidente Nacional
Partido Socialista de Chile

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