Cultura


Filarmónica de Santiago celebra 60 años con un concierto de gran jerarquía en el Teatro Municipal

Patricio Melo
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La agrupación, dirigida por su titular, el ruso Konstantín Chudovsky, confirmando el buen pie en que se encuentra, como una de las más destacadas y versátiles de nuestro país, ofreció el sexto concierto de la temporada de abono 2015, en el cual realizó una presentación de gran jerarquía, con obras del laureado autor chileno Enrique Soro, y de los grandes maestros Mendelssohn y Tchaikovsky.

Los numerosos espectadores que asistieron al Municipal, fueron recibidos con un simpático saludo de “Cumpleaños Feliz”, de la orquesta en pleno, saludando a sus 60 años de vida, jalonados de éxitos y, en seguida, un recuerdo y un homenaje breve al compositor Enrique Soro (Premio Nacional de Música 1948), con la ejecución de su tan conocida y emblemática “Danza Fantástica”, obra plena de colorido y que la agrupación llevó a cabo con una instrumentación colectiva, de gran coordinación y sonoridad de hermosa melodía.

Vino, en seguida, el Concierto para violín en mi menor de Félix Jacobo Mendelssohn con la participación como solista, de la suiza Kolly d’Alba. una obra definida como “un arrebato de lírica y virtuosismo”, con sus movimientos Allegro molto Apassionatto, Andante y Allegretto non Troppo y Allegro molto vivace. Orquesta y solista lucieron alegres y luminosos en la primera parte, con brillantez de las cuerdas y buen comportamiento de las otras familias instrumentales. En las etapas segunda y tercera del concierto, el frenesí incial se trasformó en un caminar algo más pausado, pero siempre manteniendo el nivel de una textura exquisita.

Raquel Kolly d’Alba, exhibió méritos de una buena afinación y manejo del violín, aunque sin el talento sentimental para tan bella pieza interpretada. El público respetó y premió su ordenado despliegue instrumental, pero sin olbligarla a un “encore”.

La parte central del concierto fue, sin duda, su atracción máxima, con la dirección y ejecución de la Sinfonía número 4 en fa menor, de Piotr Ilich Tchaikovsky, un dechado de perfección clásico romántico, obra de un alma atormentada, factores que confluyeron en la mayor parte de la producción global del gran compositor ruso, sin duda uno de los más grandes de la historia musical de todos los tiempos.

El trazado de sus cuatro movimientos, Andante sostenuto-Moderato con anima; Andantino in modo di canzona; Scherzo. Pizzicato ostinato y Finale:Allegro con fuoco, fue realizado en forma magistral por Chudovsky y sus músicos, todos ovacionados al término de esta tan bien elaborada partitura. En esta ocasión, todo fue bueno: no hubo puntos medios ni bajos, y el balance general de las cuatro familias instrumentales estuvo a gran altura, con un Chudowsky superior. Destacaron desde bronces y percusión hasta las cuerdas, pasando por etapas de sobresalientes interpretaciones de las maderas.

En resumen, una interpretación que dejó un gusto dulce en los sentidos y un buen regalo de cumpleaños de la Filarmónica de Santiago a sus fieles seguidores.

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