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¿A qué edad de un niño hay que preocuparse por su peso?

Eyeliam (CC) Flickr
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Cuando de controlar el peso de un niño se trata, mientras antes se intervenga, mejor. Muchos padres de familia creen que un niño gordo simplemente “crecerá” y terminará por perder el exceso de peso, pero en la mayoría de casos, desgraciadamente eso no ocurre.

Muchos niños y adolescentes gordos tienden a permanecer así de adultos, a menos que se hagan los cambios necesarios para permitirles alcanzar y permanecer con un peso sano.

Acá la Dra. Seema Kumar, Endocrinología Pediátrica de Mayo Clinic en Rochester, Minnesota, nos entrega algunos consejos para controlar el peso de los niños.

No existe ninguna edad específica para empezar a preocuparse sobre el peso de un niño, sino que se lo debe seguir constantemente en cada visita médica normal, a partir del nacimiento.

Si en algún momento el peso del niño empieza a subir rápidamente, evaluarle la salud puede permitir identificar qué cambios serían útiles, tanto en la alimentación como en el estilo de vida. Calcular el peso según la estatura, o sea obtener el índice de masa corporal (IMC), generalmente es una parte útil de la evaluación.

Ante una situación como la de su hijo, vale la pena hacer una cita con el proveedor principal de atención médica para evaluar el peso y revisar la alimentación e historial médico. En dicha cita, el médico pesará al niño y realizará el cálculo del IMC para ver en qué rango recae él para su edad.

El IMC es una fórmula que utiliza el peso y la estatura para calcular la grasa corporal, tomando también en cuenta la edad y el sexo. En la mayoría de personas, incluso en los niños, el IMC ofrece un cálculo razonable de la grasa corporal. Un IMC entre los percentiles 85 y 94 normalmente plantea gordura infantil, y un IMC en o por encima del percentil 95 se considera obesidad.

Si su hijo está gordo, entonces el médico posiblemente evalúe los hábitos alimentarios y el nivel de actividad del niño. Converse con el profesional respecto a lo que normalmente ingiere su hijo y al tamaño habitual de las porciones, y revise también cuánto ejercicio y actividad física realiza el niño a diario. Realizar cambios, como sustituir alimentos con baja densidad calórica por otros de alta densidad calórica, generalmente suele ayudar.

Los alimentos con alta densidad calórica son, por ejemplo, las hamburguesas con queso, el helado, las papas fritas, la leche entera, las donas, los frutos secos, las papas chips y las pasas. Entre los ejemplos de alimentos con baja densidad calórica están las frutas, como las uvas, las fresas y las manzanas, así como las hortalizas de hoja verde, la leche descremada, los cereales para desayuno sin azúcar, el pollo a la parrilla y las palomitas de maíz reventadas con aire.

Si su hijo ingiere alimentos con menor densidad calórica, entonces puede comer porciones mayores, pues simultáneamente consume menos calorías. Eso significa que usted no tiene que negar comida al niño cuando está hambriento, sino que puede ofrecerle alimentos con menos contenido calórico que son mejores para él y le ayudan a controlar el peso.

Además, observe la rutina de alimentación de la familia porque ésta influye mucho sobre la forma en que un niño come. Procure ofrecer comidas sanas, bien balanceadas y a horas constantes todos los días. Consiga que, por lo menos, una vez al día todos los miembros de la familia se sienten juntos sin distracciones y apague el televisor, los teléfonos y demás aparatos electrónicos durante esa hora de comida familiar porque eso promueve que la comida sea un acto más consciente y reduce la posibilidad de comer en exceso.

La evaluación que el proveedor principal de atención médica realiza incluye toda la información necesaria para que muchos niños gordos puedan encaminarse por una senda más sana hacia un peso controlado. En algunos casos, el proveedor de atención médica puede recomendar una consulta con un especialista en dietética, lo que puede ser particularmente útil con los niños que sufren otras enfermedades o problemas de salud que les dificulta ingerir una alimentación saludable. En el caso de los niños obesos, podría también ser útil remitirlos a un médico especializado en obesidad infantil.

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